Filósofos ha habido muchos a lo largo de la historia. Lo que ya no resulta tan habitual es encontrarse con uno que ejerciese además como una de las figuras más poderosas de su tiempo. Esa doble dimensión se dio hace casi 2.000 años en el que probablemente sea uno de los pensadores clásicos más populares y citados hoy en día: Marco Aurelio Antonino (121-180 d.C.). Si su condición de emperador erudito no fuesa suficiente para destacarlo, Marco es además uno de los grandes nombres del estoicismo, una escuela que disfruta de una renovada juventud.
Entre sus muchas reflexiones recogidas en 'Meditaciones' hay una que destaca, tanto por su fuerza expresiva como por captar gran parte de la ética estoica: "Recibir sin orgullo los bienes de fortuna, perderlos sin lamentaciones".
Releyendo al emperador. Si Marco Aurelio es un filósofo peculiar, sus 'Meditaciones' no lo son menos. Como recuerda el filólogo Carlos García Gual en la edición publicada en los 70 por Gredos, la obra está compuesta básicamente por "apuntes personales", notas que el rey filósofo fue elaborando durante sus últimos años de vida. A lo largo de los 12 volúmenes en los que se fragmenta la obra hay reflexiones profusas. Y las hay breves, como la que aquí nos ocupa.
Más allá de sus forma, todas tienen algo en común: son un reflejo del propio Marco Aurelio "despojado de artificios retóricos, conciso y austero". "Nos habría gustado a los modernos saber a qué se refieren este o aquel párrafo de disgusto o de admiración, y en qué momento de la noche o ante qué frío paraje danubiano se había escrito tal o cual meditación. Pero, en su desprecio por lo mundano y lo corporal, Marco Aurelio solo anota lo esencial: el razonamiento desnudo de lo accesorio y la incitación moral", continúa García Gual en su ensayo.
Un bestseller de casi 20 siglos. 'Meditaciones' tiene probablemente otro mérito. Pocas obras filosóficas son tan citadas hoy en día, tanto en medios como en redes sociales y antologías. Tiene bastante sentido. Primero por la popularidad de Marco Aurelio. Segundo por su formato, breve, expositivo. Y tercero porque el estoicismo vive en un auténtico renacer, reflotado por una ola que se remonta a las últimas décadas del siglo pasado y ha ido creciendo de la mano de un amplio espectro de voces que incluye desde gurús y criptobrós a autores solventes.
¿A qué se debe ese interés? En gran medida a su dimensión práctica y su atractivo a ojos contemporáneos. Lo que nos ofrecen Marco Aurelio, Séneca (tutor de otro emperador, por cierto) o cualquiera otro e los muchos seguidores de la antigua escuela de Zenón de Citio es una guía de vida para disfrutar de una buena vida, la eudaimonia. Dicho de otro modo, una fórmula para transformar las pasiones y los apetitos en una plácida corriente de calma interior.
Libro VIII. 33. Lo decíamos antes. Las 'Meditaciones' están llenas de reflexiones profundas, pero hay una en concreta que resulta especialmente sugerente. La encontramos en el punto 33º del Libro VIII y en ella el rey filósofo nos exhorta a lo siguiente: "Recibir sin orgullo los bienes de fortuna, perderlos sin lamentaciones". Otras versiones lo traducen de forma algo distinta:
"Recibir sin orgullo, desprenderse sin apego"
¿Por qué destaca precisamente esa frase, más allá de su forma y tono? Porque condensa muchos de los mimbres de la ética estoica. En seis palabras el autor nos invita a practicar el desapego, la serenidad y asumir que hay circunstancias que se escapan a nuestro control, pero siempre podemos decidir cómo afrontarlas.
¿Qué quiere decir exactamente? Para analizar la frase hay que dividirla en dos partes. En la primera ("Recibir sin orgullo los bienes de fortuna") el filósofo nos anima a huir de la soberbia y buscar la calma, un estado de equilibrio mental (ataraxia) alejado de pasiones y deseos que despeja el camino a la felicidad.
"Habite en ti la serenidad, la ausencia de necesidad de ayuda externa y de la tranquilidad que procuran otros. Conviene mantenerse recto, no enderezado", aconseja el filósofo en otro pasaje de 'Meditaciones'. Su invitación conecta con otro concepto fundamental del estoicismo, la apathéia, la liberación de las pasiones que nos permite alcanzar ese estado de sosiego y paz interior.
En Xataka
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¿Y la segunda mitad? La segunda parte de la reflexión ("Perder [los bienes de la fortuna] sin lamentaciones") enlaza con otra idea igual de crucial: el desapego y la dicotomía entre aquello que podemos controlar y lo que se escapa de nuestro alcance. Uno de los pilares del pensamiento estoico, que se remonta a sus raíces más básicas, consiste de hecho en distinguir claramente entre ambas realidades.
"De lo existente, unas cosas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros", aclara el filósofo Epicteto en su obra 'Enquiridion'. "Si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre y lo ajeno propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás reproches a y los dioses y a los hombres".
Con letra pequeña. A lo que nos invita Marco Aurelio es a practicar el desapego, aceptar el cambio y asumir que no todo depende de nosotros. Como explica el filósofo Jonny Thomson ese planteamiento vital (que no es ni mucho menos exclusivo del estoicismo) es poderoso, pero debe manejarse también con cierta cautela. ¿El motivo? Evitar distorsiones que adulterarían su mensaje.
En un artículo publicado en Big Think Thompson se hace una pregunta: ¿Es siempre correcto practicar el desapego y controlar el orgullo? Imaginemos que sufrimos una pérdida muy dolorosa (nos fallece un familiar), ¿no es normal que nos cueste aceptarlo? Es más, ¿en cierto modo no resultaría perjudicial actuar como si nada? La respuesta está en los matices y en no errar el enfoque.
"Evasión espiritual". Thomson recuerda que los estoicos (también los budistas) creen que si nos aferramos a lo transitorio estaremos despejar un camino que, antes o después, nos llevará a la desdicha. Ahora, recuerda, no hay que confundir el "desapego saludable y filosóficamente maduro" con lo que John Welwood denominaba la "evasión espiritual", que consiste en usar los recursos que nos da la filosofía para enmascarar e ignorar emociones pendientes.
La clave no está en huir de las emociones, sino afrontarlas, reconocer los sentimientos, sean o no dolorosos. El trasfondo es similar en la frase de Marco Aurelio: no se trata de ocultar sino de abrazar un desapego consciente.
Imágenes | Wikipedia 1 y 2
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La noticia
Qué quería decir el filósofo Marco Aurelio cuando escribió: "Recibe sin orgullo, despréndete sin lamentaciones"
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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Qué quería decir el filósofo Marco Aurelio cuando escribió: "Recibe sin orgullo, despréndete sin lamentaciones"
Hace casi 2.000 años el emperador filósofo nos dejó una lección que sigue siendo válida hoy en día
Filósofos ha habido muchos a lo largo de la historia. Lo que ya no resulta tan habitual es encontrarse con uno que ejerciese además como una de las figuras más poderosas de su tiempo. Esa doble dimensión se dio hace casi 2.000 años en el que probablemente sea uno de los pensadores clásicos más populares y citados hoy en día: Marco Aurelio Antonino (121-180 d.C.). Si su condición de emperador erudito no fuesa suficiente para destacarlo, Marco es además uno de los grandes nombres del estoicismo, una escuela que disfruta de una renovada juventud.
Entre sus muchas reflexiones recogidas en 'Meditaciones' hay una que destaca, tanto por su fuerza expresiva como por captar gran parte de la ética estoica: "Recibir sin orgullo los bienes de fortuna, perderlos sin lamentaciones".
Releyendo al emperador. Si Marco Aurelio es un filósofo peculiar, sus 'Meditaciones' no lo son menos. Como recuerda el filólogo Carlos García Gual en la edición publicada en los 70 por Gredos, la obra está compuesta básicamente por "apuntes personales", notas que el rey filósofo fue elaborando durante sus últimos años de vida. A lo largo de los 12 volúmenes en los que se fragmenta la obra hay reflexiones profusas. Y las hay breves, como la que aquí nos ocupa.
Más allá de sus forma, todas tienen algo en común: son un reflejo del propio Marco Aurelio "despojado de artificios retóricos, conciso y austero". "Nos habría gustado a los modernos saber a qué se refieren este o aquel párrafo de disgusto o de admiración, y en qué momento de la noche o ante qué frío paraje danubiano se había escrito tal o cual meditación. Pero, en su desprecio por lo mundano y lo corporal, Marco Aurelio solo anota lo esencial: el razonamiento desnudo de lo accesorio y la incitación moral", continúa García Gual en su ensayo.
Un bestseller de casi 20 siglos. 'Meditaciones' tiene probablemente otro mérito. Pocas obras filosóficas son tan citadas hoy en día, tanto en medios como en redes sociales y antologías. Tiene bastante sentido. Primero por la popularidad de Marco Aurelio. Segundo por su formato, breve, expositivo. Y tercero porque el estoicismo vive en un auténtico renacer, reflotado por una ola que se remonta a las últimas décadas del siglo pasado y ha ido creciendo de la mano de un amplio espectro de voces que incluye desde gurús y criptobrós a autores solventes.
¿A qué se debe ese interés? En gran medida a su dimensión práctica y su atractivo a ojos contemporáneos. Lo que nos ofrecen Marco Aurelio, Séneca (tutor de otro emperador, por cierto) o cualquiera otro e los muchos seguidores de la antigua escuela de Zenón de Citio es una guía de vida para disfrutar de una buena vida, la eudaimonia. Dicho de otro modo, una fórmula para transformar las pasiones y los apetitos en una plácida corriente de calma interior.
Libro VIII. 33. Lo decíamos antes. Las 'Meditaciones' están llenas de reflexiones profundas, pero hay una en concreta que resulta especialmente sugerente. La encontramos en el punto 33º del Libro VIII y en ella el rey filósofo nos exhorta a lo siguiente: "Recibir sin orgullo los bienes de fortuna, perderlos sin lamentaciones". Otras versiones lo traducen de forma algo distinta:
"Recibir sin orgullo, desprenderse sin apego"
¿Por qué destaca precisamente esa frase, más allá de su forma y tono? Porque condensa muchos de los mimbres de la ética estoica. En seis palabras el autor nos invita a practicar el desapego, la serenidad y asumir que hay circunstancias que se escapan a nuestro control, pero siempre podemos decidir cómo afrontarlas.
¿Qué quiere decir exactamente? Para analizar la frase hay que dividirla en dos partes. En la primera ("Recibir sin orgullo los bienes de fortuna") el filósofo nos anima a huir de la soberbia y buscar la calma, un estado de equilibrio mental (ataraxia) alejado de pasiones y deseos que despeja el camino a la felicidad.
"Habite en ti la serenidad, la ausencia de necesidad de ayuda externa y de la tranquilidad que procuran otros. Conviene mantenerse recto, no enderezado", aconseja el filósofo en otro pasaje de 'Meditaciones'. Su invitación conecta con otro concepto fundamental del estoicismo, la apathéia, la liberación de las pasiones que nos permite alcanzar ese estado de sosiego y paz interior.
¿Y la segunda mitad? La segunda parte de la reflexión ("Perder [los bienes de la fortuna] sin lamentaciones") enlaza con otra idea igual de crucial: el desapego y la dicotomía entre aquello que podemos controlar y lo que se escapa de nuestro alcance. Uno de los pilares del pensamiento estoico, que se remonta a sus raíces más básicas, consiste de hecho en distinguir claramente entre ambas realidades.
"De lo existente, unas cosas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros", aclara el filósofo Epicteto en su obra 'Enquiridion'. "Si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre y lo ajeno propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás reproches a y los dioses y a los hombres".
Con letra pequeña. A lo que nos invita Marco Aurelio es a practicar el desapego, aceptar el cambio y asumir que no todo depende de nosotros. Como explica el filósofo Jonny Thomson ese planteamiento vital (que no es ni mucho menos exclusivo del estoicismo) es poderoso, pero debe manejarse también con cierta cautela. ¿El motivo? Evitar distorsiones que adulterarían su mensaje.
En un artículo publicado en Big Think Thompson se hace una pregunta: ¿Es siempre correcto practicar el desapego y controlar el orgullo? Imaginemos que sufrimos una pérdida muy dolorosa (nos fallece un familiar), ¿no es normal que nos cueste aceptarlo? Es más, ¿en cierto modo no resultaría perjudicial actuar como si nada? La respuesta está en los matices y en no errar el enfoque.
"Evasión espiritual". Thomson recuerda que los estoicos (también los budistas) creen que si nos aferramos a lo transitorio estaremos despejar un camino que, antes o después, nos llevará a la desdicha. Ahora, recuerda, no hay que confundir el "desapego saludable y filosóficamente maduro" con lo que John Welwood denominaba la "evasión espiritual", que consiste en usar los recursos que nos da la filosofía para enmascarar e ignorar emociones pendientes.
La clave no está en huir de las emociones, sino afrontarlas, reconocer los sentimientos, sean o no dolorosos. El trasfondo es similar en la frase de Marco Aurelio: no se trata de ocultar sino de abrazar un desapego consciente.