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Que la confianza no dé asco: manual para tratarse bien... ¡en casa!

Que la confianza no dé asco: manual para tratarse bien... ¡en casa!
Artículo Completo 966 palabras
«Hay que tener un comportamiento de hotel cinco estrellas». Una 'coach' familiar nos explica cómo hacerlo incluso con adolescentes de por medio
Que la confianza no dé asco: manual para tratarse bien... ¡en casa!

«Hay que tener un comportamiento de hotel cinco estrellas». Una 'coach' familiar nos explica cómo hacerlo incluso con adolescentes de por medio

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Ixone Díaz Landaluce

10/07/2026 Actualizado a las 19:31h.

Es una de esas expresiones comodín que sirve para casi todo. A veces, para denotar una familiaridad en el límite de lo socialmente aceptable, pero ... que implica una intimidad saludable. Es el caso del amigo que llega a casa sin avisar ni llamar antes, pero al que te alegras de ver a pesar de todo; el que te hace un comentario inapropiado, pero sin malicia y con la intención de hacerte reír; la hermana (o la hija) que te roba un vestido, una camiseta o un bolso sin decírtelo, pero siempre lo devuelve. Hasta ahí, efectivamente, tiene un pase. Pero a menudo, ‘la confianza da asco’ se utiliza también para justificar lo injustificable. Por ejemplo, un ambiente tóxico en muchas casas y familias y un trato, en general, muy mejorable. Una situación particularmente habitual en los hogares con adolescentes.

Curiosamente, en el trabajo, o en otro tipo de situaciones sociales, somos capaces de mantener el tipo y hacer primar la cordialidad. Pero en casa, esa exigencia se relaja. «En el trabajo, no le gritas a nadie. Te callas, respiras, te vas al baño. Llegas a casa saturado, no te has vaciado de la tensión de ese día, y explotas. Pero el hecho de estar cansado, desgastado, frustrado o nervioso no da derecho a tratar mal a los demás. Si son las personas más importantes de tu vida, ¿por qué dejamos que esas dinámicas y actitud que no permitimos fuera entren en casa?», se pregunta la especialista.

«Hemos normalizado que el trato en las casas sea muy mediocre», sostiene la experta

Detectar el deterioro de la convivencia y el trato es lo primero. No hablamos de insultos ni, por supuesto, de violencia, sino de dinámicas y dialécticas cada vez menos constructivas y respetuosas. «Todo lo que sea un juicio, una crítica o culpar a la otra persona ya es un motivo de alarma», señala la ‘coach’. También las típicas frases hechas que, a menudo, tienen un destinatario fijo. Por ejemplo, un clásico entre los clásicos: ‘¡Qué pesada eres!’. «Como son el lugar seguro de sus hijos, como tienen tanta confianza con ellas, las madres suelen recibir la peor parte. Pero hay otra manera de tratarse y siempre empieza por el adulto», avanza la experta sobre la necesidad de enseñar con el ejemplo.

Benamunt defiende, de hecho, que en casa el trato tiene que ser de «hotel de cinco estrellas, exquisito». Aunque eso, efectivamente, es más difícil llevarlo a la práctica que decirlo. ¿Por dónde podemos empezar?

Primer paso: mentalidad positiva

Lo primero, explica la experta en dinámicas familiares, empieza por tener una mentalidad positiva. «Si me estoy relacionando con un pensamiento intrusivo y negativo sobre mi hijo, por ejemplo, esto me va a hacer sentir mal. Y una persona que se siente mal, actúa mal. Solo puedes dar un trato exquisito a tu familia si te sientes bien. Y solo te sientes bien si piensas bien», resume.

Segundo: practica el refuerzo

Otro truco es lo que, en crecimiento personal, se conoce como impresión de incremento. «Es dejar que la otra persona, tu hijo por ejemplo, busque qué valores y qué cosas hace bien y le gustan, y realzarlas. No es adulación barata, es transformarte en alguien que busca las pepitas de oro de las personas de su familia. Es un estado emocional elevado», señala Benamunt sobre un hábito que ayuda a destensar las dinámicas familiares.

Tercer paso: busca el momento adecuado

Otro aspecto fundamental es escoger bien el momento para afrontar las conversaciones más difíciles. Particularmente, con los adolescentes. Como mejor se entiende esto es con un caso práctico. Vamos allá: un chaval llega visiblemente cabreado del colegio. La madre, que se da cuenta, le pregunta si le pasa algo. Él reacciona a la defensiva. La situación escala y hay un cruce de palabras mientras el tono sube. Finalmente, un insulto. «¿Eres retrasada?». Evidentemente, no se puede dejar pasar. Ni aplicar ‘la confianza da asco’ para pasar página normalizando la situación. Pero es esencial encontrar el mejor ‘timing’ para abordar el conflicto.

«Hay que encontrar el momento adecuado en el que esté emocionalmente disponible. A menudo, las familias quieren redirigir la situación cuando el estrés es muy elevado. Pero es imposible enseñarle a nadar a alguien que se está ahogando. En ese momento, hay que ayudarle a salir y ya en otro momento, le enseñarás a nadar. Los tiempos son superimportantes», explica Benamunt, que aboga por retomar la conversación ese mismo día, pero un poco más tarde cuando los ánimos se hayan calmado. Eso sí, con una firmeza absoluta.

Cuarto paso: si todo se desmadra, recondúcelo así

La experta aporta, incluso, un pequeño guion para redirigir la conversación con eficacia. «Que sea la última vez que me hablas así. No voy a tolerar ese trato, ni de ti ni de nadie por algún motivo. Cuando tú seas mayor, si alguien te trata así, tienes que saber lo que tienes que hacer, que es poner un límite como el que te estoy poniendo yo ahora. ¿Queda claro? Bien. Y ahora, ¿qué quieres cenar? ¿Tortilla de patata o de calabacín?».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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