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Quequé, detenido en Salamanca: hijo de catedrático y cantautor, camarero y DJ antes de triunfar con Broncano

Quequé, detenido en Salamanca: hijo de catedrático y cantautor, camarero y DJ antes de triunfar con Broncano
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Héctor de Miguel, con un amplio historial de polémicas a sus espaldas, fue detenido en Salamanca aunque puesto en libertad horas después. Más información: Quequé, en libertad tras ser detenido en Salamanca por un delito de desobediencia

Quequé y Broncano durante un derbi madrileño entre Estudiantes y Real Madrid. Estudiantes

Salamanca Quequé, detenido en Salamanca: hijo de catedrático y cantautor, camarero y DJ antes de triunfar con Broncano

Héctor de Miguel, con un amplio historial de polémicas a sus espaldas, fue detenido en Salamanca aunque puesto en libertad horas después.

Más información: Quequé, en libertad tras ser detenido en Salamanca por un delito de desobediencia

Publicada 17 julio 2026 02:44h

En las calles empedradas de Salamanca, donde la Universidad exhala siglos de saber y la Plaza Mayor palpita con tertulias eternas, Héctor de Miguel, más conocido como Quequé, forjó su mirada irónica y su lengua afilada.

Nacido el 6 de enero de 1977, hijo del catedrático de Literatura Española Emilio de Miguel Martínez, creció en un hogar donde los libros no eran mera decoración, sino el aire que se respiraba.

Su padre, hombre de Reinosa afincado en la ciudad charra, le transmitió el placer de la palabra precisa y el arte de la ironía cotidiana. "En mi familia la ironía se practicaba siempre bastante", recordaría después.

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Camarero, cantautor y DJ

De niño, Héctor era observador más que protagonista: veía los concursos de televisión y soñaba con ser notario de mayor porque aparecían en pantalla y, aparentemente, "no madrugaban".

Tímido, sobrio y muy castellano, almacenaba absurdos del mundo para convertirlos más tarde en munición cómica.

Estudió Sociología en la Universidad de Salamanca mientras trabajaba de camarero y pinchadiscos. La música era su primera gran pasión: aspiraba a cantautor, pero pronto se autoconvenció de que le faltaba talento o seriedad para dedicarse a ello de forma profesional.

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Así nació Quequé, el apodo que le puso su hermana pequeña cuando aún no sabía pronunciar 'Héctor'. Lo adoptó como escudo protector de su familia. "Para evitarles la vergüenza y el deshonor", bromeaba.

A finales de los 90, con solo tres canciones paródicas, como 'Arancha me la pone ancha', se presentó al concurso Imaginarock de Cadena 100. Ganó la fase local en 1998, subió por primera vez a un escenario y descubrió el poder adictivo de la risa ajena.

El salto a los medios

Ese mismo año organizó dos bolos en su ciudad: un concierto en un bar diminuto que no llenó y, dos meses después, el espectáculo Directamente en el Café Principal, donde presentó dos horas de parodia cantautoril. Le siguieron 'El humor de mi vida' y 'The Floor en Floor'.

Paralelamente, se fogueó en medios locales: colaborador en 'A media tarde', en Cadena 100 Salamanca, presentador y director de 'Puerto Latino' en Cadena Dial, y participante en el programa de televisión local En Escena.

Era el chico sin padrinos que, entre los libros de su padre y las noches salmantinas, convertía la frustración creativa en sátira culta y sin complejos.

Organizó más tarde el ciclo 'Humor a la española' en su tierra natal, regresando siempre al origen como quien rinde cuentas al lugar que lo vio nacer.

Salamanca, con sus torres doradas, sus debates universitarios y su ironía castiza, le proporcionó el poso cultural y la distancia crítica que luego llevaría a los platós nacionales.

Una carrera meteórica en Madrid

Ya en Madrid ganó el segundo Certamen de Monólogos de El Club de la Comedia en 2003, dio el salto a la televisión y construyó una carrera meteórica. En pocos años se convirtió en uno de los nombres más solicitados de la escena del humor español, alternando escenarios, radio y televisión con una presencia constante.

Secciones legendarias como 'La guerra de los medios'en Noche Hache, donde se consolidó como uno de los comentaristas más temidos y divertidos de la radio, o su paso por La Vida Moderna junto a David Broncano e Ignatius Farray, donde brilló con una química especial y monólogos que se viralizaban.

Y, finalmente, su propio programa 'Hora Veintipico' en la Cadena SER, un magazín diario que mezclaba actualidad, sátira y tertulia con su sello inconfundible.

Además, participó en programas como 'El Hormiguero', 'Late Motiv', 'La Resistencia'y diversos especiales de monólogos, consolidándose como uno de los pocos humoristas capaces de llenar teatros con un estilo propio: culto, corrosivo y sin miedo a tocar temas intocables.

Detenido en Salamanca

Este miércoles, ese círculo vital se cerró de forma amarga y profundamente 'quequiana'. La Policía Nacional lo detuvo en Salamanca por una reclamación judicial en vigor procedente de un juzgado de Madrid.

Tras permanecer detenido desde la noche del miércoles en dependencias de la Policía Nacional, el magistrado de la Plaza 1 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Salamanca acordó este jueves a mediodía su puesta en libertad provisional.

En su comparecencia ante el juez, Quequé se ha acogido a su derecho a no declarar, pero ha facilitado un domicilio para futuras notificaciones.

El humoristaqueda a disposición del juez de Madrid que dictó la orden de busca y captura en el marco de las diligencias por desobediencia que instruye por desoír los requerimientos para que cumpliera la pena que le fue impuesta en una sentencia condenatoria.

Un historial de polémicas

La sátira afilada de Quequé ha dejado un rastro de fuego. En 2024 fue condenado a indemnizar con 41.800 euros al periodista Alfonso Rojo por insultos vertidos en antena.

Meses después, en pleno 'Hora Veintipico', bromeó con dinamitar la cruz del Valle de los Caídos, hoy Cuelgamuros, y usar sus restos para apedrear a curas pederastas. Abogados Cristianos lo querelló por delito de odio; un juez lo procesó. Quequé respondió en directo con más sarcasmo, sin recular.

Aunque aquella causa madrileña acabó archivada en apelación, el conflicto con Abogados Cristianos continuó: en Valladolid se abrió juicio oral por presunto acoso y coacciones a su presidenta, Polonia Castellanos, tras animar a sus oyentes a increparla. La Fiscalía pide dos años de cárcel; la acusación particular eleva la petición.

La salida de la SER

El capítulo más mediático y dañino llegó en enero de este año. Tras una parodia demoledora del periodista Nacho Abad y la cobertura sensacionalista de tragedias como el accidente ferroviario de Adamuz, donde se le acusó de burlarse de las víctimas, la tormenta fue brutal.

Quequé anunció su salida de la Cadena SER con un comunicado que mezclaba agotamiento físico y mental, disculpas a medias y una defensa cerrada de su estilo. "Ni tengo madera de héroe ni me apetece ser un mártir. nos centramos en hacer comedia con lo que había alrededor de la desgracia", argumentó.

Para sus críticos, era la consecuencia lógica de un humor que cruza líneas rojas con demasiada frecuencia, confundiendo provocación con valentía y generando más división, ofensas y demandas que auténticas carcajadas liberadoras.

Para sus defensores, una víctima más de una época hipersensible donde la sátira molesta a quien simplemente no quiere reír.

El escándalo permanente

Ahora, Quequé cierra un círculo cargado de ironía amarga. Sus raíces charras, esa ciudad de debates profundos y silencios reflexivos, contrastan cada vez más con un estilo que elige el ruido, el exceso y la frontera del escándalo permanente.

Sus críticos lo describen como un provocador serial que nunca aprendió a medir las consecuencias de sus palabras; él, como un superviviente que sigue riendo donde otros callan por miedo.

El polémico humorista acumula otro episodio que alimentará sus monólogos futuros… o sus próximos problemas legales. Polémico por vocación, salmantino hasta la médula y, este miércoles, literalmente detenido por el eco de sus propias bromas.

La detención es un recordatorio crudo: el humor duele cuando pincha donde más molesta.

Quequé sigue siendo el mismo irreverente de siempre. La pregunta que flota en el aire es si España, y sus tribunales, siguen dispuestos a reír con él o si, finalmente, sus chistes han cruzado un límite del que ya no hay vuelta atrás.

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Fuente original: Leer en El Español
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