En 1991 la mayoría de la gente ni conocía los teléfonos móviles ni les importaban. Fue entonces cuando nació la tecnología 2G, que sentó las bases de una evolución frenética. En 2004 aparecerían las redes 3G, y aunque ambas lograron acabar por conquistarnos a todos y a todo, se quedaron obsoletas. Hoy en día ocupan un espectro de frecuencias que podría reutilizarse para mejorar la cobertura en redes 4G y 5G, pero hay un problema. O más bien, millones de ellos.
Los ascensores son un buen ejemplo. Muchos ascensores incluyen comunicadores que utilizan redes 2G o 3G para que una persona atrapada pueda contactar con el servicio de emergencia al pulsar el botón del ascensor. Esta opción ha funcionado durante años sin que nos diésemos cuenta de lo que la hacía funcionar: un pequeño módem móvil instalado en el ascensor. El apagado de las redes 2G y 3G obliga ahora a que comunidades y empresas de mantenimiento comprueben estos equipos y, en caso necesario, los arreglen reemplazando esos módems por otros compatibles con 4G.
En Xataka
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Pero con los coches la cosa es peor. Desde abril de 2018 la Unión Europea exige que los nuevos tipos de turismos y furgonetas incorporen el sistema eCall, que es capaz de llamar automáticamente al 112 cuando detecta un accidente grave. También se puede accionar manualmente mediante el botón SOS que integran algunos coches, y gracias a ello además podemos enviar la posición del vehículo.
Difícil saber qué vehículos están afectados. El problema es que ese sistema se diseñó sobre la base de lo que eran las redes móviles disponibles en aquel momento: 2G y 3G. Así pues, aunque nuestro coche sea reciente, el sistema de soporte podría acabar desconectado sin más. Fabricantes como Seat, Volkswagen, Peugeot o Skoda ya disponen de comunicados oficiales en los que tratan de aclarar la situación a los consumidores explicando qué sistemas y modelos están o no afectados.
La UE reacciona. Un estudio encargado por la Comisión Europea y publicado en mayo de 2026 revela que hay 64 millones de vehículos expuestos, y la situación es tan preocupante que la UE ha decidido retrasar ese "apagón" de las redes 2G y 3G.
Problemón. Un módem 2G/3G no puede convertirse en uno 4G con una sencilla actualización de software. Aunque algunos fabricantes pueden ofrecer alguna alternativa, en muchísimos vehículos (y ascensores) la única alternativa será cambiar el hardware. En la Comisión Europea no esperan soluciones claras por parte de los fabricantes hasta 2030, así que desatascar esta situación parece especialmente complicado.
España ya está metida de lleno en esta transición. Hace años que Vodafone comenzó el apagado progresivo de las redes 3G, y Movistar también ha dado pasos hacia la retirada de esa cobertura. Otras operadoras manejan calendarios diferentes, pero el objetivo es común: liberar bandas de frecuencia que se puedan reaprovechar.
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Una cara muy visible del problema (o mejor dicho, dos). Tanto los coches como los ascensores son los ejemplos más fuertes de la dicotomía a la que se enfrenta hoy en día el Gobierno de España. Durante años aprovechamos esa conectividad para conectar alarmas, terminales de pago, sistemas de teleasistencia, máquinas industriales, contadores, puertas o sistemas de seguimiento, además de todo tipo de dispositivos IoT. Muchos debían estar teóricamente preparados para durar años y años funcionando, pero este apagón compromete esa longevidad.
Morir de éxito. Llevamos despidiéndonos una década de las redes 2G, y aunque dicha tecnología pertenece más bien a una época pretérita, su enorme éxito hizo que la integráramos por todos lados. Ahora que queremos recuperar esas bandas de frecuencias, tenemos una dicotomía compleja entre manos: hay que actualizar millones de coches, ascensores y dispositvos IoT conectados para evitar males mayores. Hacerlo podría retrarar esa reasignación de bandas de frecuencias, y no está claro si al final lograremos mitigar este problema completamente.
Imagen | Richard Burlton
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La noticia
Queremos apagar el 2G y el 3G porque están obsoletos. El problema es que millones de coches y ascensores todavía no se han enterado
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Pastor
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Queremos apagar el 2G y el 3G porque están obsoletos. El problema es que millones de coches y ascensores todavía no se han enterado
Europa quiere liberar las frecuencias de sus redes móviles más antiguas para dedicarlas al 4G y 5G
El problema es que esas redes 2G y 3G siguen usándose en millones de máquinas, y apagarlas es ahora un problema importante
En 1991 la mayoría de la gente ni conocía los teléfonos móviles ni les importaban. Fue entonces cuando nació la tecnología 2G, que sentó las bases de una evolución frenética. En 2004 aparecerían las redes 3G, y aunque ambas lograron acabar por conquistarnos a todos y a todo, se quedaron obsoletas. Hoy en día ocupan un espectro de frecuencias que podría reutilizarse para mejorar la cobertura en redes 4G y 5G, pero hay un problema. O más bien, millones de ellos.
Los ascensores son un buen ejemplo. Muchos ascensores incluyen comunicadores que utilizan redes 2G o 3G para que una persona atrapada pueda contactar con el servicio de emergencia al pulsar el botón del ascensor. Esta opción ha funcionado durante años sin que nos diésemos cuenta de lo que la hacía funcionar: un pequeño módem móvil instalado en el ascensor. El apagado de las redes 2G y 3G obliga ahora a que comunidades y empresas de mantenimiento comprueben estos equipos y, en caso necesario, los arreglen reemplazando esos módems por otros compatibles con 4G.
Pero con los coches la cosa es peor. Desde abril de 2018 la Unión Europea exige que los nuevos tipos de turismos y furgonetas incorporen el sistema eCall, que es capaz de llamar automáticamente al 112 cuando detecta un accidente grave. También se puede accionar manualmente mediante el botón SOS que integran algunos coches, y gracias a ello además podemos enviar la posición del vehículo.
Difícil saber qué vehículos están afectados. El problema es que ese sistema se diseñó sobre la base de lo que eran las redes móviles disponibles en aquel momento: 2G y 3G. Así pues, aunque nuestro coche sea reciente, el sistema de soporte podría acabar desconectado sin más. Fabricantes como Seat, Volkswagen, Peugeot o Skoda ya disponen de comunicados oficiales en los que tratan de aclarar la situación a los consumidores explicando qué sistemas y modelos están o no afectados.
La UE reacciona. Un estudio encargado por la Comisión Europea y publicado en mayo de 2026 revela que hay 64 millones de vehículos expuestos, y la situación es tan preocupante que la UE ha decidido retrasar ese "apagón" de las redes 2G y 3G.
Problemón. Un módem 2G/3G no puede convertirse en uno 4G con una sencilla actualización de software. Aunque algunos fabricantes pueden ofrecer alguna alternativa, en muchísimos vehículos (y ascensores) la única alternativa será cambiar el hardware. En la Comisión Europea no esperan soluciones claras por parte de los fabricantes hasta 2030, así que desatascar esta situación parece especialmente complicado.
España ya está metida de lleno en esta transición. Hace años que Vodafone comenzó el apagado progresivo de las redes 3G, y Movistar también ha dado pasos hacia la retirada de esa cobertura. Otras operadoras manejan calendarios diferentes, pero el objetivo es común: liberar bandas de frecuencia que se puedan reaprovechar.
Una cara muy visible del problema (o mejor dicho, dos). Tanto los coches como los ascensores son los ejemplos más fuertes de la dicotomía a la que se enfrenta hoy en día el Gobierno de España. Durante años aprovechamos esa conectividad para conectar alarmas, terminales de pago, sistemas de teleasistencia, máquinas industriales, contadores, puertas o sistemas de seguimiento, además de todo tipo de dispositivos IoT. Muchos debían estar teóricamente preparados para durar años y años funcionando, pero este apagón compromete esa longevidad.
Morir de éxito. Llevamos despidiéndonos una década de las redes 2G, y aunque dicha tecnología pertenece más bien a una época pretérita, su enorme éxito hizo que la integráramos por todos lados. Ahora que queremos recuperar esas bandas de frecuencias, tenemos una dicotomía compleja entre manos: hay que actualizar millones de coches, ascensores y dispositvos IoT conectados para evitar males mayores. Hacerlo podría retrarar esa reasignación de bandas de frecuencias, y no está claro si al final lograremos mitigar este problema completamente.