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¿Quién ganará la guerra de los neomercantilistas?

¿Quién ganará la guerra de los neomercantilistas?
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El alto grado de autosuficiencia de China también reduce su vulnerabilidad a la coerción externa. Leer
Financial Times¿Quién ganará la guerra de los neomercantilistas?
  • MARTIN WOLF
Actualizado 22 JUL. 2026 - 17:06Puerto comercial de Hong Kong, China.DREAMSTIMEEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El alto grado de autosuficiencia de China también reduce su vulnerabilidad a la coerción externa.

Vivimos en una era mercantilista. Con esto me refiero a una en la que las preocupaciones de los responsables políticos giran en torno tanto a la seguridad como a la prosperidad. Esto, como comenté en "El peligroso triunfo del neomercantilismo", amenaza tanto la estabilidad de la economía mundial como las relaciones entre las grandes potencias. China, además, está mejor preparada para el mercantilismo que Estados Unidos y la UE.

Los mercantilistas buscan poder y seguridad o, dicho de otro modo, la capacidad de intimidar a otros y resistir la intimidación de éstos a su vez. ¿Cómo se pueden medir estas capacidades? El enfoque obvio es evaluar el tamaño económico, la autosuficiencia y el poder de monopolio. Sin embargo, como argumentó sabiamente el difunto Henry Kissinger, "ninguna nación puede alcanzar la seguridad absoluta. La seguridad absoluta para una nación significa la inseguridad absoluta para todas". Cuanto más temible te vuelvas, más se unirán otras en tu contra.

Consideremos China. Su economía es aproximadamente del mismo tamaño que la de Estados Unidos. Actualmente se encuentra a la vanguardia, o muy cerca de ella, en las tecnologías más importantes, incluyendo, como parece cada vez más, la inteligencia artificial. Su progreso en este sentido es asombroso. Estados Unidos es más autosuficiente en energía. Sin embargo, China cuenta con una fuerza laboral mucho mayor y un ahorro disponible para invertir infinitamente superior: en 2025, su ahorro nacional bruto fue del 43% del PIB, frente a sólo el 17% en Estados Unidos. China también posee un sector manufacturero mucho más grande: en 2024, el valor añadido de la manufactura china fue casi tan grande como el de Estados Unidos y la eurozona juntos. Su destreza en energías renovables y vehículos eléctricos se ha vuelto notable.

Como señaló en octubre de 2025 Bridgewater Associates, el conocido hedge fund, Estados Unidos es autosuficiente en energía gracias a su abundante suministro nacional de petróleo y gas, pero enfrenta limitaciones en su capacidad para expandir su suministro de electricidad. China es autosuficiente en electricidad gracias a su carbón y energías renovables. Sin embargo, presenta vulnerabilidades en el suministro de petróleo y gas. La guerra con Irán ha puesto de manifiesto esta debilidad.

Aun así, China ha logrado poderosos monopolios en las cadenas de suministro globales. Entre estos sectores se encuentran la energía solar fotovoltaica, las baterías de iones de litio, las tierras raras y los imanes, el galio y el germanio, y la construcción naval. Algunos de estos sectores crean cuellos de botella efectivos, como demostró China con tanta eficacia en su guerra arancelaria con Estados Unidos.

La capacidad de suministrar tantos bienes que otros no pueden es una fuente de poder coercitivo. El alto grado de autosuficiencia de China también reduce su vulnerabilidad a la coerción externa, mientras que su tamaño la convierte en un mercado importante para muchos países. Considerándolo todo, la capacidad de China para ejercer poder económico es enorme.

Como señaló Brad Setser, del Consejo de Relaciones Exteriores, en una reciente conversación con Markus Brunnermeier, de Princeton, ahora se habla de un "segundo shock chino". Estos son algunos de los puntos principales, además de los mencionados anteriormente.

En primer lugar, la macroeconomía china es muy diferente de la que existía antes de la crisis financiera mundial y, más aún, del final de su boom inmobiliario. Las exportaciones se están disparando, pero la demanda interna se ha estancado. En segundo lugar, su superávit de exportación en el sector manufacturero ronda ahora el 2% del PIB mundial, lo que representa "aproximadamente el doble del mayor superávit que Japón registró jamás". En tercer lugar, y lo más importante, China presenta un inexplicable saldo neto negativo de unos 125.000 millones de dólares (110.000 millones de euros) en sus inversiones extranjeras netas. Sin embargo, partiendo de supuestos razonables sobre los ingresos que obtiene de sus 4 billones de dólares en activos extranjeros netos, debería tener un superávit de unos 100.000 millones de dólares. En consecuencia, argumenta Setser, el yuan está infravalorado en un 30%.

En otras palabras, China sigue exhibiendo una característica típica del mercantilismo: superávit comerciales y por cuenta corriente persistentes.

Como resultado, las políticas chinas resultan inevitablemente amenazantes para gran parte del mundo.Si un socio comercial importante registra superávit comerciales y por cuenta corriente enormes y persistentes, todos los demás se ven obligados a incurrir en déficit compensatorios. Esto deriva en la contracción de los sectores especializados en la producción de bienes y servicios comercializables, así como en enormes déficits financieros internos. Éstos, a su vez, generan presiones proteccionistas como las que hemos visto en Estados Unidos y, cada vez más, en la UE. Sin embargo, los países de altos ingresos no son las únicas víctimas del impulso chino por dominar la industria manufacturera. Entre ellas, argumentan Shoumitro Chatterjee y Arvind Subramanian, también se encuentran los países pobres cuyo desarrollo China obstaculiza.

Una característica notable del desarrollo chino ha sido la disminución de su tasa de crecimiento económico de más del 10% hace dos décadas a un mínimo del 4,3% en el año hasta el segundo trimestre de 2026. Incluso esta última cifra casi con certeza exagera el crecimiento de la oferta impulsada por el mercado. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, la economía no genera suficientes oportunidades de inversión para absorber sus colosales ahorros. Pero, como señala el veterano analista de China Stephen Roach, el tan necesario reequilibrio hacia el consumo sigue sin materializarse. Bajo el mandato de Xi Jinping, la prioridad de un mayor consumo, al parecer, nunca se reconocerá.

Sin embargo, China es una potencia mercantilista efectiva, aunque ni siquiera ella puede evitar las deficiencias de este enfoque. Estados Unidos también es ahora mercantilista, aunque de una manera mucho menos coherente. La UE se está viendo forzada igualmente a avanzar en una dirección similar.

Brunnermeier argumenta que en este contexto es necesario calcular una "cuenta de resiliencia" junto con la cuenta corriente, que "desglosaría nuestra dependencia geopolítica: la facilidad con la que los bienes de la cuenta corriente pueden obtenerse de otros países". Esta idea es ingeniosa. Pero, ¿quién sale ganando entonces?

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Fuente original: Leer en Expansión
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