LA TRIBUNA
Quien a buen árbol se arrima (...)Para disfrutar de un buen momento a veces basta con la sombra de una higuera
Regala esta noticia Añádenos en GoogleMÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
29/09/2026 a las 02:00h.(...) buena sombra le cobija. En este artículo voy a hablar, literalmente, de una higuera, aunque haya comenzado, como adelanto, con este conocido refrán. Pero ... antes, un poco de contexto. Mi casa tiene dos patios. Las plantas y los árboles del patio del Norte llevan siempre un mes de retraso respecto a las plantas y los árboles del patio del Sur, lo que me permite, solo cambiando de patio, jugar con el tiempo. Cuando se construyó la casa se respetó una higuera asilvestrada de los montes de Málaga. Ahí sigue. Tendrá unos 100 años y ocupa buena parte del patio del Sur. Muchos días desayuno a su sombra.
Y, ahora, pasado el verano, a esperar y disfrutar del deseado invierno de Málaga, jugando con el tiempo entre dos patios o entre higos y brevas, que son medidas del tiempo hechas a la medida de los viejos, más humanas, en lugar de estas clepsidras modernas (tic, tac, tic, tac) que, impasibles, miden el tiempo en segundos, minutos y horas. Miro hacia arriba y una nube de hojas y de higos me protege del sol que a estas horas ya promete. Cierro los ojos y echo una cabezada, recostado en un sillón de anea. Un mirlo me despierta, me levanto y cojo el primer higo de esta temporada. El calor aprieta, pero el higo está fresco y húmedo. Y a mí me sabe al rocío de la mañana. La higuera vive muchos años, produce abundantes frutos, brota con fuerza incluso en condiciones difíciles y ha acompañado a las civilizaciones mediterráneas desde hace miles de años.
Con este historial no es difícil entender el carácter mítico de la higuera. Hay otra razón más sofisticada que la hace fascinante. Pertenece a la familia Moraceae (las moreras, por ejemplo) y dentro de ella al género Ficus (como los ficus del Parque), siendo la higuera común (Ficus carica) la más numerosa de la familia. Pero lo más sorprendente es que el 'fruto' de la higuera no es un fruto verdadero, sino una estructura muy singular que alberga las flores en su interior y cuya polinización depende de una diminuta avispa conocida, no por casualidad, como avispa del higo (Blastophaga psenes).
La avispa hembra entra en el falso fruto a través de una pequeña abertura depositando el polen que transporta desde otra higuera, sobre las flores femeninas. A esto los biólogos le llaman mutualismo. Las cosas son más complejas según las diferentes especies y no es este el sitio ni yo la persona más adecuada para marear la perdiz. Con este articulo solo quiero trasladar al lector que para disfrutar de un buen momento a veces basta con la sombra de una higuera. Sobre todo, si cuando levantas la vista, además de los mirlos que comen los higos, eres capaz de imaginar que allí donde nada se ve se está a produciendo uno de los encuentros 'mágicos', ese vínculo entre una planta y su polinizador que ha evolucionado durante millones de años.
Un verdadero milagro, pero un milagro natural que muestra cómo, en contra de esa interpretación agónica y reduccionista de algunos sociobiólogos sobre la teoría de la evolución el evolucionismo ha incorporado tantos casos de mutualismo, simbiosis, saprofitismo, protocooperacion, etc., que lo que antes era excepcional ahora se ha convertido en la regla y en a mejor explicación de cómo hemos llegado hasta aquí. Como es el caso de mi higuera y su avispa.
No, esto no es un sueño de esa breve siesta vespertina. Pero si lo hubiera sido y estuviera poseído de ese velo de la ignorancia que John Rawls reclamaba para los juicios imparciales, ese sueño de la co-evolución entre la avispa y la higuera, hubiere sido como una revelación que me obligaría a replantearme muchos de mis prejuicios morales. Como realmente así ha ocurrido. No, no ha sido un sueño. Ha sido la ciencia. Porque el conocimiento de la filogenia y de otras disciplinas me han proporcionado buenas herramientas para la justificación moral, pero sobre todo para disfrutar más con las cosas del mundo. En este caso porque mientras descansaba a la sombra de la higuera y comía de ese higo que sabía a rocío, también lo estaba haciendo de todos los misterios de la naturaleza que la ciencia poco a poco va desvelando. Lo dejó dicho Savater lapidariamente cuando le preguntaron para qué sirve la cultura. Para pasarlo bien gastando poco, contestó.
Así que, cuando la próxima vez paseen por el campo y se encuentran con una higuera, sobre todo si es realenga, aminoren el paso y a su altura descúbranse si van cubiertos y den gracias a Dios si son creyentes o a la naturaleza si no lo son, pues bajo su densa sombra podrán imaginar cómo, allí arriba, se está produciendo un verdadero milagro.
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