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Quim Salarich, decimonoveno en el slalom de la apoteosis de Suiza

Quim Salarich, decimonoveno en el slalom de la apoteosis de Suiza
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El español paga una trabada primera manga y Loic Meillard se aprovecha de un error del noruego McGrath para dar el cuarto oro a su país en el alpino masculino
Juegos Olímpicos/Esquí AlpinoQuim Salarich, decimonoveno en el slalom de la apoteosis de Suiza

El español paga una trabada primera manga y Loic Meillard se aprovecha de un error del noruego McGrath para dar el cuarto oro a su país en el alpino masculino

Quim Salarich (32) en la segunda manga del slalom
  • GERARDO RIQUELME
Actualizado 16/02/2026 - 15:18CETMostrar comentarios9

Suiza, el país que presumía de tener al esquiador referencia de los últimos tiempos,  Marco Odermatt, saldrá por la puerta grande en el sector masculino del esquí alpino de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, a pesar de que la megaestrella, con dos platas y un bronce haya rendido por debajo de sus expectativas. 

Han ganado cuatro oros, los dos individuales de Franjo von Allmen en las pruebas de velocidad, el título por equipos de la combinada y el slalom con Loic Meillard, que contó con la ayuda de Atle McGrath, el noruego que tras marcar el mejor tiempo en la primera manga se saltó la puerta 12 cuando le quedaban 400 metros para ganar el título y se agarró un rebote de libro.

Elogiable el español Quim Salarich, que fue prudente en la tormenta de nieve que condicionó la primera manga y, luego, en la segunda, apretó para sacarse la espina de su pasado olímpico. Terminó décimonoveno.

El día amaneció en Bormio como si el cielo hubiese abierto las compuertas del infierno. Durante más de cuatro horas, nevó con saña, aunque nadie se planteó el aplazamiento. Salarich corrió la cortina y pensó "a ver si mi padre y mi perrita Nala empujan desde el cielo, pero nada", contó emocionado luego. La imagen del fallecido animal presidía su casco.

Salarich reacciona en la línea de meta

 Arriba, donde el portillón de salida, no se veía a 100 metros, pero los Juegos no se sirven en bandeja de plata.  El brasileño Lucas Pinheiro, el campeón de gigante, fue el segundo de los favoritos en salirse. La pista estaba difícil. A la mala visibilidad se unía que no era un piso estable. "Hay zonas con hielo", lamentó el brasileño. La cascada de resbalones o salidas de trazada eran continuas. McGrath que había salido el primero abrió una zanja (56.14). Más de medio segundo (0.59) con Meillard, que fue el segundo en bajar. Nadie se asomó dentro de ese perímetro nunca.

Cuando le tocó el turno a Salarich ya habían sido eliminados trece, entre ellos los tres que le precedían, lo que encendió las alarmas. "El piso estaba resbaladizo y las tablas bailaban. Entonces en una puerta, los esquíes se adelantaron un poco y tuve que frenar. Inconscientemente opté por la prudencia y eso condicionó el tiempo", reconoció. 

Se fue por encima del minuto (1.00:32), demasiado para las ilusiones que había almacenado en su cabeza cuando vio que esta pista, superadas las primeras 15 puertas, de 72, tenía una parte muy plana "donde está entre los mejores del mundo", contaba un especialista. Y que la víspera había batido en los entrenamientos al noruego Henrik Kristoffersen, que se colgó la medalla de bronce. "Claro, que la carrera es otra cosa", había avisado.

Loic Meillard, en la primera manga

Se fue la tormenta, salió el sol y Salarich afrontó la segunda bajada con más determinación. La criba había sido formidable. De los 95 participantes, apenas quedaban 45. Era tan brutal la escabechina, que el haitiano Richardson Viano, con el dorsal 64, se coló entre los 30 primeros, los que en orden inverso se iban a jugar las medallas. El español volvió a sufrir arriba, pero en el plano fue un bólido. Insuficiente para llegar al top 15. Se conformó con el decimonoveno. "Sin ser mi mejor carrera, ni la que había imaginado, por fin he terminado una prueba olímpica. Yo voy día a día y a ver si llego a 2030", afirmó.

Las medallas estaban en juego. Meillard y el austriaco Gstrein, bronce al final, bajaron rapidísimo (56.88), lo que exigía a McGrath. Iba en tiempos de campeón, pero la puerta 12 la tomó por dentro y quedó eliminado. Se enrabietó. Lanzó con frustración los bastones hacia la parte izquierda del recorrido y se marchó caminando fuera de pistas por la derecha a digerir el error en solitario. 

El hijo de Felix, un estadounidense que se enamoró de una fondista noruega y que llegó a competir en Copa del Mundo contra Tomba, maldijo su imprecisión. Mientras, los suizos en la grada festejaban un oro que no habían vuelto a ganar desde que empezaron los Juegos en 1948 en Saint Moritz con Edy Reinalter, un esquiador que se quitaría luego la vida a los 41 años accidentalmente al dispararse el arma que estaba limpiando.

McGrath lanza los bastones con rabia tras saltarse una puerta

El rictus de Meillard, por su parte, era el de la emoción. A finales de 2024 lloraba de dolor por la rotura de la vaina del disco intervertebral entre las vértebras L5 y S1. Estuvo dos meses parado. El lunes, en Bormio, con el sol molestando en la cara lo hacía de felicidad. Un bronce en gigante y un oro en slalom, además de la plata por equipos en la combinada. La consagración.

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Fuente original: Leer en Marca
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