- BRUNO LOBO
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No es habitual encontrar un lugar así, con setecientos años de historia y escenario de una de las historias más extraordinarias de Portugal. Hoy es un small luxury hotel que merece ser descubierto, ya sea como base para conocer la ciudad de Coimbra o como destino para una escapada romántica.
Situado en Coimbra, en un antiguo palacio del siglo XVIII, la Quinta das Lágrimas es un hotel cargado de encanto clásico, con una entrada monumental, un spa contemporáneo, campo de golf y 12 hectáreas de jardines centenarios que fueron escenario, hace muchos siglos, de uno de los episodios más célebres y trágicos - pero también más románticos - de la historia de Portugal.
Abierto como hotel hace 30 años, se ha consolidado como una referencia del lujo en el centro del país y, más recientemente, como un ejemplo de sostenibilidad. Miembro de Small Luxury Hotels, celebra su 30.º aniversario con una serie de iniciativas artísticas y programas pensados para el romance.
Pero antes de saber exactamente cuáles, permítanme contar la historia de Pedro e Inés, fundamental para entender este lugar. Se trata de una historia de amor a la altura de Romeo y Julieta, solo que real - y con un final digno de una película de terror.
La Fonte dos Amores, escenario de los encuentros amorosos de Pedro e Inés, se convirtió en un lugar de peregrinación para los enamoradosPedro era infante de Portugal y heredero del trono. Inés de Castro, noble gallega, formaba parte del séquito de doña Constanza Manuel de Villena, llegada desde Castilla para casarse con el príncipe. Pedro se enamoró perdidamente, pero no de su esposa, sino de Inés. La muerte prematura de Constanza no hizo sino agravar la situación: las crónicas de la época la atribuyeron a un disgusto amoroso, aunque lo más probable es que se debiera a complicaciones posparto, ya que falleció pocos días después de dar a luz al heredero.
El rey Afonso IV de Portugal, inquieto por la creciente influencia de la familia Castro sobre su hijo y temeroso de que Pedro e Inés pudieran casarse en secreto, decidió cortar el problema de raíz. O, mejor dicho, de cabeza. Y ordenó asesinar a Inés.
Pedro nunca perdonó a su padre. Ya coronado como Pedro I de Portugal, ejecutó él mismo a los asesinos de Inés y ordenó que les arrancaran el corazón, diciendo que así era como se sentía desde la muerte de su amada.. Consumada la venganza, coronó a Inés reina de Portugal a título póstumo, alegando que ambos se habían casado en secreto, y dispuso que fueran enterrados en el monasterio de Alcobaça, en sepulcros enfrentados, para que el día del Juicio Final pudieran volver a mirarse.
La experiencia Pedro & Inés, creada para celebrar los 30 años de la Quinta das Lágrimas, incluye noche de alojamiento con desayuno en la habitación, cena privada, serenata de Fado de Coimbra y una sesión fotográfica para inmortalizar el momento.La Quinta das Lágrimas fue el escenario privilegiado de los primeros encuentros de Pedro e Inés, especialmente junto a una fuente que ya se llamaba Fuente de los Amores y que, desde entonces, se convirtió en lugar de peregrinación para los enamorados. Si París tiene el Puente de los Amantes, Coimbra tiene esta fuente.
Muy cerca de allí, a apenas unos metros, aparece otra parada esencial en esta historia, hoy conocida como Fuente de las Lágrimas. Fue Luís Vaz de Camões quien le dio nombre al cantar los amores de Pedro e Inés en los Lusíadas. La fuente presenta una tonalidad ocre, casi rojiza, y la imaginación del mayor poeta portugués no resistió la tentación de situar allí mismo el asesinato de Inés, explicando que ese color era su sangre, para siempre incrustada en la roca.
Hoy, los historiadores creen que ocurrió en el cercano convento de Santa Clara, pero la versión camoniana quedó fijada en el imaginario colectivo y la finca, hasta entonces conocida como Quinta do Pombal, pasó a llamarse definitivamente Quinta das Lágrimas.
La Higuera de los Amores es uno de los árboles más imponentes del jardín y está situada junto a la fuente homónima. Obtuvo el segundo lugar en el concurso europeo Tree of the Year 2025.La propiedad celebra también setecientos años, documentados desde 1326, cuando la reina Santa Isabel, abuela de Pedro (y también de Afonso XI de Castilla), solicitó la construcción de un canal para llevar el agua de ambas fuentes hasta el convento que acababa de mandar edificar. Era precisamente a través de ese canal como Pedro enviaba mensajes a Inés, llamándola para encontrarse con él.
Hoy, el jardín y el parque conservan buena parte de su carácter medieval, aunque a lo largo de los siglos fueron incorporando nuevas formas y especies, incluidas algunas exóticas traídas por la diáspora portuguesa.
Otra celebración importante: la propiedad lleva cerca de trescientos años en manos de la misma familia, que fue quien decidió transformarla en hotel hace tres décadas, con una apuesta muy clara por la gastronomía. El restaurante Arcadas ha acogido a chefs de gran prestigio- llegó incluso a tener una estrella Michelin - y, en año de aniversario, revisita algunos de sus platos más emblemáticos, como el C. L. P., con camarón, bogavante y rodaballo (pregado en portugués), combinados con una suave mousse de calabaza. El plato de carne recupera un clásico regional: rabo de toro estofado a baja temperatura hasta deshacerse en la boca, acompañado de un salteado de setas y espinacas.
El tradicional leite creme se acompaña de un helado de tomillo y un crujiente de amapola y sésamo, que aportan ligereza y frescura. Es uno de los postres más pedidos del restaurante Arcadas.El postre es otro de los ex libris de la casa desde su época como residencia familiar: un tradicional leite creme, al que el actual chef, Vítor Dias, añade helado de tomillo y un crujiente de amapola y sésamo, aportando ligereza y frescura.
En 2026, el hotel y la Fundación Inés de Castro - creada por la misma familia - promoverán un amplio programa cultural con festivales de jazz, música clásica, literatura y artes escénicas, además de experiencias románticas como cenas privadas, serenatas de Fado de Coimbra (muy distinto del de Lisboa) y sesiones fotográficas para inmortalizar el momento.
Vista aérea del hotel, con sus 55 habitaciones, spa, piscinas, campo de golf y jardines históricos.No todo es perfecto, Ojo. Algunas habitaciones y zonas comunes agradecerían una actualización, aunque también hay quien defiende que esa pátina del tiempo forma parte de su autenticidad y de su encanto.
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