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Rafa Porras, bombero desplazado a Venezuela: «Había edificios convertidos en auténticos cementerios»

Rafa Porras, bombero desplazado a Venezuela: «Había edificios convertidos en auténticos cementerios»
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El vecino de Cártama relata los seis días de búsqueda entre los escombros tras los terremotos junto a Maya, su perra especializada en localizar personas sepultadas
Rafa Porras, bombero desplazado a Venezuela: «Había edificios convertidos en auténticos cementerios»

El vecino de Cártama relata los seis días de búsqueda entre los escombros tras los terremotos junto a Maya, su perra especializada en localizar personas sepultadas

Regala esta noticia Añádenos en Google Rafa Porras atiende una herida en la pata de Maya durante las labores de búsqueda entre los escombros tras los terremotos de Venezuela. (SUR)

Julio J. Portabales

18/07/2026 a las 00:22h.

Una llamada mientras compraba unos bañadores cambió en segundos los planes de Rafael Porras, miembro del Consorcio Provincial de Bomberos. Al otro lado del teléfono ... le preguntaron si él y Maya, su pastor belga malinois, estaban disponibles para viajar a Venezuela tras los terremotos. Respondió que sí antes incluso de comprobar el pasaporte, que llevaba tres meses caducado. Después llegaron el documento de urgencia, un viaje accidentado y seis días entre edificios derrumbados, jornadas de más de veinte horas y familias aferradas a una mínima esperanza.

-Recibí una llamada del responsable poco después del terremoto. Mientras sonaba el teléfono ya sabía prácticamente lo que iba a contestar. Me preguntó si Maya estaba operativa y si podíamos viajar. Le dije que sí. Al llegar a casa comprobé que tenía el pasaporte caducado desde hacía tres meses. Cogí la moto, me puse una camisa de bombero y fui a la comisaría. Expliqué la situación y me tramitaron un pasaporte de urgencia. Todo ocurrió muy rápido.

-¿Cuándo empezó a ser consciente de la magnitud de la tragedia?

-Llegamos de noche al campamento base y prácticamente nos pusimos a trabajar de inmediato. Los militares nos trasladaron a Playa Grande, una de las zonas más afectadas. Solo veíamos edificios derrumbados, uno detrás de otro, pero por la noche no percibíamos toda la dimensión. El verdadero golpe llegó a la mañana siguiente. Con la luz se veía perfectamente la extensión de la destrucción. Entrábamos en zonas con varios bloques completamente colapsados y el olor a descomposición ya estaba presente.

-Pese a todo lo que estaban viviendo, ¿cómo les recibió el pueblo venezolano?

-Fue un pueblo muy entero. Después de todo lo que les había caído encima, todavía estaban dispuestos a ayudarnos. Nos ofrecían agua, bebidas energéticas y todo lo que tenían a su alcance. También vimos que reclamaban una mayor implicación de las fuerzas desplegadas allí. Nosotros salíamos del campamento base en camiones militares y siempre íbamos escoltados por un capitán, un teniente y varios soldados. Nos recogían, nos llevaban hasta las ubicaciones y permanecían allí mientras trabajábamos.

-¿Cómo definiría lo que vivió durante esos días?

-La palabra que mejor lo define es «catastrófico». Era un caos, con edificios derrumbados, muchísima gente desplazándose y familias pidiendo ayuda. El paisaje me recordaba en algunos puntos a la antigua carretera de la costa de Málaga, pero con construcciones más precarias y una destrucción enorme.

«El paisaje me recordaba en algunos puntos a la antigua carretera de la costa de Málaga»

-¿Qué ritmo de trabajo llevaban allí?

-En el puesto de mando estaban Naciones Unidas y los militares. Nosotros llegábamos, comunicábamos que estábamos disponibles y desde allí nos asignaban los lugares en los que teníamos que intervenir. Hubo jornadas de más de veinte horas. A veces regresábamos al campamento y apenas podíamos dormir una hora o una hora y media antes de volver a activarnos con la salida del sol. Descansábamos como podíamos sobre el césped de un campo deportivo.

-¿Cómo trabaja Maya cuando llega a un edificio derrumbado?

-Yo situaba a Maya sobre el escombro y le daba la orden de buscar. El olor humano puede ascender por los huecos del edificio como si se produjera un efecto chimenea. Cuando detecta una fuente de olor, Maya empieza a ladrar y marca el punto del que procede. Después hay que comprobar esa localización con el resto de los medios. El problema es que en algunos edificios había cuatro o cinco plantas aplastadas unas sobre otras, por lo que el punto marcado podía encontrarse a mucha profundidad.

-Regresasteis sin localizar supervivientes. ¿Cómo se gestiona esa frustración?

-Era muy duro. Las familias nos llevaban hasta un edificio porque creían haber escuchado algo o porque tenían la esperanza de que alguien siguiera vivo. Nosotros comprobábamos cada punto con Maya, los geófonos y el dron, pero no encontrábamos señales.

Era un edificio con resultado negativo, otro edificio negativo y después otro. Así estuvimos durante jornadas enteras. Los familiares querían conservar esa mínima esperanza y nosotros intentábamos darles una respuesta. La frustración era muy grande, aunque al observar cómo habían colapsado los edificios comprendías que apenas habían quedado huecos de vida.

Intervenciones de Rafa Porras y Maya.. (SUR)

-Maya sufrió una herida durante la búsqueda.

-Se cortó una almohadilla de una pata mientras registraba un edificio. Le hice una cura de urgencia y, al bajar, encontramos una carpa de paramédicos donde le dieron varios puntos de sutura. A partir de ese momento dejé de utilizarla para registros completos. Solo entraba cuando los otros medios habían localizado un punto concreto en el que podía haber alguien. No quería que asociara el trabajo sobre los escombros con el dolor ni que la lesión empeorara.

-¿Hay alguna persona o imagen de Venezuela que todavía le cueste olvidar?

-Poco después de que atendieran la herida de Maya, una mujer se acercó con mucha humildad para pedirme una fotografía con ella. Mientras nos hacíamos la foto me señaló un edificio y me dijo que allí había perdido a su marido, a su hijo y a su nuera. Quería fotografiarse con Maya porque para ella representaba la única esperanza que todavía tenía.

«Una mujer quería fotografiarse con Maya porque para ella representaba la única esperanza que todavía tenía»

El olor también resulta difícil de olvidar. Había edificios convertidos en auténticos cementerios. Cerca del campamento se habían acumulado numerosos cadáveres y, con el paso de los días, vimos cómo se instalaron lonas, carpas y féretros para organizar aquella situación.

-¿Cómo está siendo la vuelta a casa a nivel psicológico para usted y para Maya?

-Regresamos un viernes y me fui a una pequeña parcela que tengo cerca de casa, en una barriada próxima a Cártama. Allí tengo mis gallinas y mis cosas y pude desconectar un poco. Después volví al trabajo. Maya todavía necesitaba cuidados porque algunos puntos se habían abierto, pero el veterinario confirmó que la herida evolucionaba bien. Le estoy haciendo tres curas diarias y ya la tiene prácticamente cerrada.

-¿Qué ha aprendido de esta misión que pueda servirle en futuras emergencias?

-Principalmente, que puedes llegar a otro país y encontrarte completamente incomunicado. Llevábamos teléfonos para tomar fotografías, pero después no podíamos llamar ni utilizar internet. Es algo que tendremos que tener en cuenta en futuras intervenciones. Aunque me quedo con la energía del pueblo venezolano, con sus ganas de seguir luchando y de encontrar a sus familiares. Cuando vuelves a España y ves las cosas por las que nos preocupamos, aquello te da un tortazo de realidad y te recuerda dónde están los verdaderos problemas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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