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Raphael: «'Maricón' nos lo llaman a todos en este país en algún momento»

Raphael: «'Maricón' nos lo llaman a todos en este país en algún momento»
Artículo Completo 3,358 palabras
Partiendo de una infancia en la pobreza, buscó siempre el éxito a su manera. Raphael era diferente y a muchos les costó aceptarlo. En la serie 'Aquel' cuenta ahora su vida, descarnada: muestra debilidades, tropiezos, triunfos y, sobre todo, fuerza. Nos recibe en su casa. Y sí, sigue siendo aquel.
Raphael: «'Maricón' nos lo llaman a todos en este país en algún momento»

Partiendo de una infancia en la pobreza, buscó siempre el éxito a su manera. Raphael era diferente y a muchos les costó aceptarlo. En la serie 'Aquel' cuenta ahora su vida, descarnada: muestra debilidades, tropiezos, triunfos y, sobre todo, fuerza. Nos recibe en su casa. Y sí, sigue siendo aquel.

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Fátima Uribarri Foto: | Matías Uris / Netflix

25/09/2026 a las 14:06h.

Silencio. Y luz. Eso destila la casa de Raphael, un chalet en una urbanización cerca de Madrid. El interior es impoluto, de un blanco reluciente. ... Hablamos en uno de sus inmensos salones. Nos rodean magníficos muebles antiguos, una impresionante colección de iconos rusos, un piano –claro– con fotos del cantante con Liza Minnelli, Plácido Domingo, Anthony Quinn, Felipe González...

Raphael. Me lo habían ofrecido varias veces, pero ahora lo consideré prudente porque a estas alturas de mi carrera todo está más o menos demostrado, no tengo que luchar por un puesto en esta profesión.

En 1965, con 22 años, se empeñó en dar un concierto en solitario, algo entonces inusual. Antonio el Bailarín le cedió el Teatro de la Zarzuela. «Canté, extendí el brazo y se armó la de Cristo. Dicen que se encendió un foco donde no debía y el teatro se puso en pie. Yo no me lo creía. Lo gordo vino después», cuenta.

XL. Arranca con un duro episodio de su infancia.

R. Es un recuerdo que continúa en mi vida. Fue en el Mercado Maravillas de Madrid, donde vendíamos pan. Bueno, vendía mi madre, yo era un crío. Ella me dio todas las pesetas para que las cambiara por un billete y perdí el dinero. Había que contar estas cosas que son muy íntimas.

XL. ¿Cómo fue su infancia?

R. El ambiente era de pobreza, igual que les pasaba a millones de españoles. Pero fue muy bonita. No tengo ningún mal recuerdo. Lo importante es cuando entro en la iglesia de San Antonio y empiezo a cantar. Yo no sabía que cantaba tan bien. Me admitieron en el coro. No sé qué había pasado con el solista. Mi hermano Juan les dijo a los frailes: «Yo tengo un hermanito que canta muy bien». «Es que es muy chico, tiene 4 años», le dicen. Pero él me llevó, canté y me quedé, forever, para siempre.

XL. Una suerte.

R. Y tanto. Yo no era buen estudiante, era la desesperación de los profesores, pero el fraile que nos enseñaba música decía: «Póngalo el último, pero despedirlo no puede ser. Este niño se queda». Y de eso me aprovechaba yo.

XL. ¿Le hubiera gustado haber estudiado más?

R. Estaría más ilustrado. Pero a lo mejor hubiera perdido esa nota de frescura, de cosas que salen en mi trabajo, que no son estudiadas. Eso sale porque sale.

Raphael, de niño.

XL. Trabajó de aprendiz en una sastrería...

R. Sí. Había cerca de casa una sastrería y mi sueño era ser sastre. Porque tenía su dinerito, su coche... y, claro, yo quería ser ese. En el taller, todos se portaron muy bien conmigo. Y fueron los primeros en ir a los teatros a verme.

XL. ¿Aprendió corte y confección?

R. No, yo quería, pero al final no sé por qué nunca llegó. Yo entregaba los trajes, daba mi opinión sobre todo y era muy querido. ¡Me invitaban al teatro y a tortitas con nata! Yo no tenía dinero para ir al teatro.

XL. ¿Qué años tenía entonces?

R. 11, 12, 13... más o menos. Yo les hacía mucha gracia. Ya me oían cantar y parece que descubrían no sé qué. Y vi por primera vez una obra entera, La vida es sueño, y quería ser Segismundo. Ahí es cuando empecé a enfrentarme en casa con el problema de que yo salía a diario hasta tarde. Y el día que mi madre me arreó una bofetada muy bien arreada dije: «Yo no voy a parar».

«Cuando conocí a Natalia, a ella le gustaba más Serrat. Creo que lo dijo por joder, ja, ja»

XL. Su madre aparece como una mujer luchadora y fuerte.

R. Era maravillosa. Trabajadora... Nos sacó adelante porque papá estaba siempre muy enfermito y esas cosas. Sí, ella era una andaluza con dos narices. De nombre, Rafaela.

XL. ¿Sus padres lo apoyaron en su vocación artística?

R. Al principio, no. Pero una vez que yo entré, sí. Y se pusieron a trabajar para mí, que quiere decir a dejarme trabajar. Nunca más hubo una bofetada ni meterse en lo que no entendían: se me deja confianza total.

XL. Costó que la gente entendiera sus ademanes, su manera de moverse.

R. ¿Y? Es lo que había. Pero la gente estaba encantada de la vida. Porque era una cosa totalmente diferente, no tenía nada que ver ni con Antonio Molina ni con gente importantísima de aquel tiempo. Yo no tenía nada que ver. Yo era yo. Y al que le gustaba le gustaba, y al que no pues no. Pero la gente estaba encantada, desde el primer día que salí a escena.

Raphael con su madre.

XL. Mucha gente ha creído que era homosexual. Y alguna vez le han gritado «¡maricón!».

R. Bueno, eso nos lo llaman a todos en este país en algún momento. Pero no es el público en general, es el gracioso de turno. Hay gente poco habituada a ver a artistas que se salen de lo normal. Pero eso fue una vez y nada más. Tengo recuerdo de un concierto que di en Tarragona. No se volvió a repetir... A lo mejor me lo han dicho dos veces.

XL. En la mili también lo pensaron.

R. En la mili había muchachos que se meten con todo, pero yo me lo pasé muy bien y tenía mucho favoritismo de todos los chicos. Ya conocían canciones mías y estando en la mili hice el concierto del Teatro de la Zarzuela. Ahí es cuando empecé.

«Mi madre era una andaluza con dos narices que nos sacó adelante porque papá estaba siempre enfermito. Un día me arreó una bofetada por ir al teatro y llegar tarde. Al principio no me apoyaron, pero luego estuvieron conmigo» 

XL. ¿Cómo fue?

R. Antonio el Bailarín me dejó el teatro en su día de descanso. Y se armó la que se armó, que es de estudiar, pero yo soy incapaz de explicarlo. Pasó que empecé a cantar, extendí la mano y se armó la de Cristo. Hasta aquí puedo leer. ¿Qué pensaba esa gente? No lo sé. Dicen que fue un error de los de la luz, una cosa que yo hacía con la mano, que hacía así [la sube], y se encendió un foco en donde no tenía que encenderse, y a la gente parece que le hubieran dado muelle, todo el mundo se puso de pie.

Raphael, en la mili.

XL. Una noche mágica.

R. También hay malas noches. Yo, afortunadamente, en las grandes noches he dado la cara bien y he sabido torear ese toro tan importante.

XL. La serie muestra que lo ha pasado mal.

R. Siempre por haber estado malo. Yo he tenido muchas cosas. Soy trasplantado [de hígado], tengo un largo historial. Afortunadamente, no he tenido que mostrar al público mis momentos malos. He sabido darles un capotazo.

XL. También hay mucha soledad en la vida del artista.

R. Es dura, es difícil. Sobre todo cuando debes tomar decisiones y decir: «Esto por aquí; por allí no». Y convencer... No sé cuántos «no, yo eso no lo hago» he dicho. Es muy cansado. Pero he hecho lo que he querido y la culpa de todo es mía: de lo bueno y de lo malo.

Paco Gordillo fue su mánager desde el principio: «Es el inventor de mi carrera», dice Raphael. Se conocieron siendo los dos muy jóvenes.

XL. ¿Ha tenido buenos amigos entre sus colegas?

R. Sí, sí. La mayoría. Rocío, por ejemplo. En realidad, todos: Antonio Molina, Serrat, Sabina, Dúrcal y Marisol, de toda la vida... todos. Yo no tengo un enemigo... bueno, alguno. Pero no merece la pena nombrarlos. Me siento muy querido por mis compañeros y compañeras.

XL. Alguien que estuvo desde el principio es Paco Gordillo.

R. Es el inventor de mi carrera. Fue el primer y único mánager que he tenido. Trabajamos juntos... ¡puf!, años y años. La amistad llegó hasta el final. Porque hace 15 años que Paco ya no está. Ha sido un mánager como no existen. Ese espíritu de sacrificio por tu artista; eso es muy muy difícil.

«Los contratiempos en un artista se notan más porque hay que suspender y se arma el escándalo. La prensa lo engorda: '¡Suspendió! ¡Cojeaba!'. Pues, hijo, soy humano y me duelen los pies, como a todo el mundo»  

XL. Un episodio muy interesante es cuando fue a la URSS en 1971...

R. Fue maravilloso. He ido muchas veces. He estado en ocho giras. Giras, ¿eh? No ir un día y volverme. Los rusos son gente con el corazón muy latino. Hay muchísima gente aprendiendo español. Por eso yo pegué, porque me entendían. Había academias –y sigue habiendo– que empiezan por entender mis canciones.

XL. Es raro: la URSS estaba cerrada.

R. No te voy a decir que no. Yo no lo noté tanto, porque conmigo estaban supervolcados. Los jefes de seguridad que me ponían eran rafaelistas. Eran tan fantásticos. Y los fans ya ni te cuento. El espíritu de sacrificio que tienen… Siguen viniendo de Rusia a mis conciertos con aviones fletados. Los que pueden.

Hoy, con 83 años, sigue haciendo giras.

XL. Natalia tarda en salir en la serie.

R. Es que hay mucha vida antes de Natalia, yo empecé mucho antes.

XL. Cuando la conoció, a ella le gustaba más Serrat.

R. Sí, sí, eso es auténtico. Pero yo creo que eso me lo dijo por joder [se ríe].

XL. ¿Ha tenido muchas novias?

R. Natalia tampoco fue novia. Pasamos de la niñez a los asuntos, como dice una canción mía. Natalia y yo no hemos sido novios. Salíamos al cine y a restaurantes y tal, pero es que eso de novia y el anillo, eso no lo hemos hecho. Fui a hablar con su padre para que me dejara casarme con ella, porque la niña –o sea, mi mujer– temía mucho su reacción. Me presenté en su casa y le conté: «Estamos saliendo y yo lo que quiero es casarme. Su hija lo adora y no va a hacer nada que a usted no le guste». Mandó poner otro plato en la mesa y comí el primer día ya en la casa. Mi suegro era maravilloso.

Rafael Martos llegó a Madrid con 9 meses de edad. A Linares (Jaén), donde nació, no regresó hasta los 14 años: «Y fui ya a cantar», cuenta. Su padre era albañil y su madre, ama de casa. Era el tercero de cuatro hermanos, todos varones

XL. ¿Lo aceptó así de rápido? Se creía que el rechazo fue importante.

R. Al primer minuto. Lo que yo viví es esto. Muchos días le decía a Natalia: «Déjame hablar con tu padre». Y ella decía: «Todavía no». A lo mejor alguien comentaría algo, no sé, pero a mí no me consta.

XL. ¿Qué le gustó de Natalia?

R. ¿Qué no me gustó? Natalia es una mujer tremendamente personal y única e irrepetible. Ella es ella, tiene mucha fuerza, no es una niñata, es una mujer importante.

XL. ¿Cuál es el secreto de tantos años juntos?

R. No hay secreto. Si de otra persona te gusta todo, todo, todo... Es todo, en ella, todo. La prueba es que llevamos casados 54 años. Y nunca ha habido nada de separaciones ni cosas de esas.

XL. Alguna vez habrán discutido.

R. Sí, claro. Menos pegarnos... porque eso en esta casa no se lleva. Pero discutir, muchas veces. Por cosas que no estamos de acuerdo, y seguimos sin estarlo. Lo normal. Y hay hijos míos que son muy diferentes a mí, y otros que son un calco.

De los actores de 'Aquel' (que se estrena en Netflix el 9 de octubre) dice Raphael: «Los que hacen de mí están que se salen. Y 'Natalia' y 'Paco' ¡son iguales!, con los mismos gestos. ¿Cómo es posible?».

XL. ¿Le habría gustado que fueran cantantes o artistas?

R. Adoro a mis hijos como son. ¿Que les da por cantar? Que canten. Conmigo son maravillosos.

XL. Los tres están divorciados.

R. Eso lo hablo yo mucho con mi mujer. ¿Pero tú te crees? Es que hoy en día la gente no aguanta nada. ¡Nada! Se casan y a las primeras de cambio, ¡divorcio! Joder. Así no hay hogares que duren. Un hogar es una cosa que hay que cultivar y hay que luchar por ello. No estoy hablando de mis hijos. Hablo de todos y todas en general.

«Con Julio Iglesias tuve una época de rivalidad. Nos decían: 'Ha dicho esto de ti'. Te agarrabas un cabreo y decías: 'Pues yo digo esto otro'. Sí, hubo un momento así, pero ahora somos íntimos amigos. Nos llamamos por teléfono y esas cosas»

XL. Abrió las puertas de América a los cantantes españoles...

R. A algunos no y a muchos sí. A mí se me abrió América de par en par el día que Carlos Gardel desapareció. Porque fue un hueco que ocupé de golpetazo. Los tiempos han jugado a mi favor.

XL. Tuvo una época de rivalidad con Julio Iglesias.

R. Sí, pero fueron las circunstancias, no fuimos ni él ni yo. Porque hay cosas que se inventan, pero calan. Nos decían: «Ha dicho de ti esto». «¡Qué mentira!». Y el otro agarra un cabreo y suelta: «Pues a mí me parece esto otro». Sí, hubo un momento así. Pero ahora somos íntimos amigos. Nos llamamos por teléfono y esas cosas.

XL. Él ha dejado de actuar.

R. Lo está pasando muy mal, pobre, desde que jugaba al fútbol... Confiemos en que todo eso se solucione.

XL. Con Manuel Alejandro hubo unos años de distanciamiento.

R. No, no. El grosor importante de mi carrera es Manuel Alejandro, por supuesto. Lo que pasa es que Manuel y yo no tenemos por qué estar todo el día juntos. No es verdad que nos caigamos mal. Ahora, no estamos todo el día pelando la pava. Es el compositor bandera de este país, con diferencia. Sigo grabando con él.

XL. A muchos artistas los han timado con los dineros.

R. A mí no. Me los lleva un despacho de abogados de toda la vida. Yo no he tonteado, no he sido de apuntarse al que estaba de moda. Esas cosas las provoca mucho el artista, porque hay mucho artista veleta al que le dicen: «Mira, yo te pongo, te pago...» y se lo creen. Yo no. Esta profesión hay que tomarla muy en serio. Ya sé que son varietés y para divertirse; sí, pero es muy seria. Esto, de cachondeo nada.

XL. Fue muy atrevido cuando cambió de estilo con Escándalo.

R. Había que hacer algo diferente. Esto nació de que estaban viéndome en un concierto Willy Chirino, Emilio Stefan y Olga Guillot. No sé quién de ellos dijo: «Este canta de todo, pero no rapea». Y dijo Willy Chirino: «¿Que no rapea?». Y me escribió Escándalo. ¿Rapea o no rapea? Este hace lo que le da la gana, cojones. Sí. Yo tengo en la profesión muchos fans, muchísimos. Todo buen artista es muy conocedor de mis cosas. Todos.

XL. En la serie se ven momentos duros, la enfermedad...

R. ¿Cuál de ellas? El año pasado tuve el derrame. He salido de todo gracias a los médicos. Yo me fío mucho de ellos. Mañana mismo tengo revisión.

XL. Ha dejado de beber.

R. Y no me ha costado. Dije «se acabó». Y se acabó. No he vuelto a hacer nada de lo que me prohibieron, nada.

XL. ¿Ha pasado miedo?

R. Claro, ha habido momentos muy fuertes. Pero he sido muy valiente. Mi mujer también. Y mis hijos ni te cuento. He estado siempre muy protegido, han sido como una piña.

XL. ¿Le da miedo morir?

R. Sí. No quiero.

XL. Tiene 83 años, ¿concibe la vida sin actuar?

R. No. Ni quiero.

XL. Quiere seguir actuando.

R. Hasta el final. Pero siempre dentro de una estética. Si yo me siento mal, ya. Pero no sé ni quiero hacer otra cosa. Yo quiero moverme de acá para allá. Y estar con mis hijos y mi mujer.

XL. Y con sus ocho nietos. ¿Qué le han enseñado?

R. Que aguanto bien las tomaduras de pelo. ¡Qué remedio! Me tienen mucho respeto, pero si hay que reírse, se ríen. Me dicen cada cosa… que soy de otro siglo. Es verdad, lo soy.

XL. Dice en la serie que cada paso de su vida ha sido un reto muy difícil.

R. Todo cuesta mucho trabajo. Y mantenerlo, más. Pegar en esta profesión..., bueno, pero mantenerse es casi imposible: o estás ahí, en el clavo, ahí dando, o pasas. Esto es dificilísimo. Si me pongo a pensarlo no me lo puedo creer. ¿Cómo es posible que yo, que estaba pasándolas canutas, me presente en la Zarzuela –que eso ya manda cojones– y ponga al público en pie? Es que no me lo creía. Y eso es el empiezo. Lo gordo viene después. O sea, seguir llegando... «Tú estás pirao», me decían por las cosas que pedía.

XL. ¿Qué pedía?

R. No hablo de dinero. Por ejemplo, oigo El tamborilero y lo llevo a la casa de discos, y me dicen que no «porque lo sacamos con Sinatra». Y yo contesto: «¿Y yo qué tengo que ver con ese señor?». «¿Ah, que tú lo vas a hacer mejor?». «No, yo a mi manera». Me lo dejaron hacer. Esas cosas que se repetían día tras día. Hay que tener mucho poder de traspasar tus ideas a los demás, porque mucha gente me ha dicho: «No me hables así que tú no eres nada». «Ya, bueno, pero lo seré».

XL. ¿Siempre tuvo fe en llegar alto?

R. No es «voy a llegar muy alto», es «voy a llegar muy bien». O sea, voy a hacer las cosas como creo que hay que hacerlas. Hay muchas formas de ver esta carrera: para ganar dinero o para ganar categoría, o las dos cosas, todo cabe. He tenido fe en mí mismo, eso sí. Y he dicho muchas veces que no, que es lo más difícil. Porque estás diciendo que no al dinero, la prosperidad. Que con hambre es muy fácil decir «vale». Porque me han ofrecido de todo. Lo he hecho a mi manera y así me ha salido la vida.

XL. ¿A qué ha dicho que no?

R. ¡Uh! A muchas cosas. He tenido frente a mí a empresarios muy gordos y les he dicho «no y no». Hay que saber lo que uno es y quiere ser, eso es importantísimo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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