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Redes sociales y salud mental: lo que la ciencia sabe sobre su impacto en niñas, niños y adolescentes

Redes sociales y salud mental: lo que la ciencia sabe sobre su impacto en niñas, niños y adolescentes
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Gobiernos, familias y plataformas buscan limitar la participación de menores en las redes sociales; mientras tanto, la ciencia todavía intenta explicar qué efectos tienen estos sitios en la salud mental de los usuarios más jóvenes.
Aranza BustamanteCultura Digital22 de julio de 2026Francia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en aprobar una ley que prohibirá el acceso a redes sociales a menores de 15 años, mientras que Australia implementó a finales de 2025 una restricción para menores de 16. En México el gobierno federal anunció el inicio de un debate nacional para construir una propuesta legislativa que ayude a proteger el bienestar físico y mental de las infancias en espacios digitales.

La discusión suele partir de esta idea: si las redes están relacionadas con ansiedad, depresión, baja autoestima o conductas difíciles de controlar, limitar su uso debería proteger la salud mental, pero la evidencia ofrece una respuesta más compleja. Hay riesgos bien documentados, pero también preguntas que la ciencia todavía no puede responder con certeza.

La generación algoritmo: ¿Debemos prohibir las redes para las infancias?

En esta entrega especial, WIRED en Español reúne evidencia científica, experiencias de familias, debates sobre regulación y perspectivas de especialistas para entender cómo las plataformas digitales están transformando la infancia y qué alternativas existen para protegerla sin perder de vista sus derechos.

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Lo que la evidencia sostiene con mayor claridad

Las redes pueden “robarle” horas al sueño

El problema empieza cuando el celular prolonga el día. Revisar una última notificación, responder un mensaje o seguir viendo contenido puede retrasar la hora de dormir y reducir el tiempo total de descanso.

Una revisión publicada en Pediatrics encontró que el uso de pantallas entre niñas, niños y adolescentes se relacionaba de manera consistente con acostarse más tarde y dormir menos. No es el único costo: el tiempo conectado también puede restarle espacio al ejercicio, el juego, las tareas escolares o la convivencia presencial.

Dormir menos puede afectar el estado de ánimo, la atención y el desempeño escolar. Por eso, la Asociación Estadounidense de Psicología recomienda evitar que el uso de redes interfiera con el descanso y la actividad física.

Uso problemático no significa usar mucho

Pasar varias horas conectado, por sí solo, no basta para hablar de uso problemático. La señal de alerta aparece cuando cuesta controlar el tiempo en la plataforma, hay malestar al desconectarse y empiezan a descuidarse tareas, relaciones u otras actividades del día a día.

La Organización Mundial de la Salud calculó que 11% de los adolescentes consultados en 44 países y regiones de Europa, Asia Central y Canadá presentaba señales de uso problemático en 2022, frente a 7% cuatro años antes. El aumento no indica que todas las personas que usan redes con frecuencia desarrollen una dependencia, pero sí que creció el grupo con dificultades para controlar su uso.

El diseño de las plataformas también puede reforzar el hábito de permanecer conectado. Un estudio publicado en Nature Communications encontró que las personas tendían a publicar de nuevo más rápido después de recibir más “me gusta”. Los investigadores interpretaron este comportamiento como un patrón de aprendizaje por recompensa, ya que una respuesta positiva puede aumentar la probabilidad de repetir una acción.

La comparación puede cambiar la forma de mirarse

En redes sociales, la comparación está presente todo el tiempo. Filtros, fotografías editadas y contenidos centrados en la apariencia pueden convertir cuerpos poco realistas en una referencia e impactar en la forma en que un menor percibe el suyo.

El problema aparece cuando esas imágenes dejan de verse como una excepción y empiezan a funcionar como una medida personal. Una revisión publicada en Adolescent Research Review encontró que la exposición a cuerpos delgados, atléticos o idealizados puede aumentar la insatisfacción corporal, sobre todo cuando las personas se comparan con ellos.

investigación publicada en Journal of Adolescence encontró que las y los adolescentes que pensaban con mayor frecuencia en cómo sería evaluada su apariencia en redes reportaban después más síntomas depresivos. El hallazgo apunta a que la presión por verse bien ante una audiencia digital puede ser más relevante que contar únicamente las horas de uso.

El ciberacoso puede llevar la violencia hasta el hogar

Las redes sociales no necesariamente originan el acoso, pero sí pueden hacer que una agresión continúe después de salir de la escuela. Un insulto, una amenaza o una imagen compartida sin permiso pueden circular entre muchas personas y permanecer visibles durante mucho tiempo.

Un estudio realizado con adolescentes en Colombia muestra que el ciberacoso puede adoptar distintas formas: hostigamiento, persecución, exclusión, ataques a la intimidad o suplantación de identidad. A diferencia de una agresión que ocurre en el espacio escolar, estas acciones pueden repetirse, alcanzar nuevas audiencias y aparecer a cualquier hora.

Una revisión sistemática sobre ciberacoso y salud mental adolescente encontró una relación con síntomas depresivos, problemas emocionales, consumo de sustancias, así como ideas e intentos de suicidio. El ciberacoso no es solo una versión en línea de la violencia escolar: puede seguir a la víctima hasta su casa y hacer más difícil encontrar un espacio de descanso.

Lo que todavía no es concluyente

Las redes se relacionan con la depresión, pero la causa sigue en debate

Un metaanálisis publicado en JAMA Pediatrics, que reunió 143 estudios y datos de más de un millón de adolescentes, encontró una relación entre el uso de redes y los síntomas de ansiedad y depresión. Sin embargo, el efecto promedio fue pequeño y varió mucho entre investigaciones.

En gran parte de los estudios se hizo una evaluación de grupos de adolescentes una sola vez. Por eso, se pudo observar que un mayor uso coincidía con más síntomas, pero no se logró determinar si las redes contribuían al malestar o si quienes ya se sentían mal utilizaban las plataformas con mayor frecuencia.

El tiempo que permanecen conectados importa, pero no explica todo

Dos adolescentes pueden pasar tres horas conectados y vivir situaciones muy distintas. Uno puede hablar con amistades, aprender o encontrar una comunidad. Otro puede recibir ataques, compararse constantemente o exponerse a contenido dañino.

Un estudio publicado en 2025 en Nature Human Behaviour encontró que adolescentes con ansiedad o depresión reportaban más comparación social, mayor influencia de las reacciones digitales en su estado de ánimo y menor satisfacción con sus amistades en línea. La investigación no pudo establecer qué ocurrió primero, pero sí mostró que contar las horas no basta para entender el impacto.

También importan la edad, el entorno familiar, las experiencias de discriminación y el tipo de contenido. Por eso, la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda tomar en cuenta no solo el tiempo de uso, sino también evaluar la calidad de las interacciones.

Por ello, la pregunta no es solo cuánto tiempo pasa un menor en redes, sino qué encuentra allí, cómo se siente después y qué actividades de su vida diaria deja de hacer mientras permanece conectado.

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Fuente original: Leer en Wired - Negocios
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