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Reflexiones de un médico convertido en paciente

Reflexiones de un médico convertido en paciente
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Entre todos debemos contribuir a prestigiar la sanidad pública y a fortalecer aquello que mejor funciona

LA TRIBUNA

Reflexiones de un médico convertido en paciente

Entre todos debemos contribuir a prestigiar la sanidad pública y a fortalecer aquello que mejor funciona

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DR. PEDRO J. NAVARRO

PRESIDENTE DEL COLEGIO DE MÉDICOS DE MÁLAGA Y VICEPRESIDENTE PRIMERO DEL CONSEJO ANDALUZ DE COLEGIOS DE MÉDICOS

16/06/2026 a las 02:00h.

El pasado 14 de mayo ingresé en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria, el Clínico. Lo que, en principio, iba a ser un ... problema relativamente rápido de resolver en Urgencias acabó convirtiéndose en un ingreso hospitalario de 15 días. Esta situación me ha permitido vivir la sanidad desde una perspectiva distinta: no como profesional, sino como paciente. Estas líneas recogen esa experiencia. De hecho, gran parte de estas palabras están escritas desde la habitación del hospital, con fiebre, dolores y la mala letra propia de un médico que, además, está enfermo. He recibido una atención excelente en todo momento tras pasar por los servicios de Urgencias, Observación, Radiodiagnóstico, Radiología Intervencionista, Digestivo y la Unidad de Infecciosos (Medicina Interna). He sido bien atendido, diagnosticado, tratado y cuidado. Y estoy convencido de que esta experiencia es extensible al resto de centros sanitarios de Málaga y su provincia.

Contamos con tecnología de vanguardia, pero, sobre todo, contamos con personas excepcionales. Profesionales de la Medicina, de la Enfermería, auxiliares, técnicos, celadores, personal de limpieza y de administración. El trabajo en equipo es total, perfectamente coordinado y orientado a un único objetivo: que el paciente reciba la mejor asistencia sanitaria posible.

Quizá a usted le sorprenda leer estas líneas, pero soy pediatra y trabajo en Atención Primaria. Mi visión de la medicina hospitalaria era, por tanto, externa. Hoy puedo decir que he tenido la oportunidad de conocerla desde dentro y desde una perspectiva completamente diferente: la del paciente. Y eso me ha hecho reflexionar.

Como bien sabe el lector, los médicos estamos en huelga para reivindicar una profesión más digna y unas condiciones laborales acordes con la responsabilidad que asumimos. Nuestro sueldo no debería depender fundamentalmente de complementos asociados a jornadas extraordinarias o guardias de 24 horas, una situación que la normativa europea considera cuestionable desde el punto de vista laboral y de la seguridad. También reivindicamos la jornada laboral de 35 horas semanales. Una cifra lógica teniendo en cuenta que a veces trabajamos hasta 50 horas a la semana.

No existe ninguna otra profesión en España, ninguna, que requiera tantos años de formación. Si sumamos los estudios del Grado en Medicina, la preparación del examen MIR y el periodo de formación como Médico Interno Residente, hablamos de once o doce años desde que comenzamos la carrera hasta que podemos ejercer como especialistas. A ello se añade la enorme responsabilidad profesional que asumimos cada día.

Parece lógico, por tanto, que la clasificación profesional sea acorde con los años de formación, las funciones desempeñadas y las responsabilidades adquiridas. Sin embargo, el Estatuto Marco propuesto y aprobado por el Ministerio de Sanidad no lo contempla. Además, se ha redactado sin contar con los facultativos y sin una verdadera negociación, pese a las protestas, huelgas, movilizaciones y concentraciones que llevamos meses protagonizando. A todas ellas he acudido representando al Colegio de Médicos de Málaga, excepto a las celebradas durante el mes de mayo, que seguí desde la cama del hospital. Con demasiada frecuencia se hace política con la sanidad en lugar de hacer política sanitaria. Pero regreso a lo que me ocupa.

Durante mi estancia en el hospital he comprobado cómo el trabajo en equipo permite que cada profesional aporte lo mejor de sí mismo con profesionalidad, pasión y compromiso. Cada uno desde su ámbito de competencia, conocimientos y capacidades. Todo ello liderado por los profesionales de la Medicina, pero siempre orientado a un mismo fin: ofrecer al paciente una asistencia sanitaria excelente. La sensación que he experimentado durante estos días de ingreso ha sido de seguridad, confianza y protección; muy similar a la del niño enfermo que encuentra consuelo en el cuidado de sus padres. Cuando recibo explicaciones sobre mi evolución clínica, cuando me informan de los resultados de una prueba, cuando me extraen sangre o cuando me acompañan de una planta a otra, siempre he percibido cercanía y humanidad. En momentos así, una mano en el hombro, una mirada, un gesto de apoyo o una conversación sincera tienen un valor incalculable.

No soy ingenuo. Soy consciente de que parte de esa cercanía procede de compañeros y compañeras que me conocen. Pero también la he percibido en profesionales que no saben quién soy ni qué cargo desempeño. Y, además, les he visto tratar a otros pacientes con la misma profesionalidad, el mismo buen hacer y la misma calidad humana. Ese es el ambiente que he vivido. Y precisamente por eso me siento en la obligación de criticar públicamente a determinados responsables políticos y dirigentes que alcanzan acuerdos sin escuchar la voz de los médicos e intentan dividir a los profesionales sanitarios. Es un grave error.

Los profesionales debemos permanecer unidos en torno a un objetivo común: garantizar una sanidad pública de calidad que ofrezca a los pacientes la atención y los cuidados que merecen. Y dentro de esa cadena asistencial, los médicos debemos ejercer un liderazgo basado en el ejemplo, la responsabilidad y el compromiso. Debemos aprovechar las nuevas tecnologías -de las que tanto se habla y más aún con el auge de la Inteligencia Artificial-, pero sin olvidar nunca el contacto humano y, sobre todo, la palabra. Porque sigue siendo una de las herramientas más poderosas para aliviar, acompañar y curar.

Mi estancia en el hospital ha sido una experiencia excepcional porque me ha permitido comprobar desde dentro el extraordinario trabajo que realiza cada día el equipo humano de un centro hospitalario. Con demasiada frecuencia estos profesionales solo reciben críticas, cuando la inmensa mayoría de las veces entregan lo mejor de sí mismos. Las cartas de agradecimiento no deberían ser una excepción; deberían convertirse en algo habitual.

Y no, no padezco ningún 'síndrome de Estocolmo'. Simplemente he atravesado una situación compleja y delicada de salud y considero de justicia expresar públicamente mi gratitud hacia quienes me han cuidado.

Entre todos debemos contribuir a prestigiar la sanidad pública y a fortalecer aquello que mejor funciona. Los recursos son limitados y debemos utilizar el sistema sanitario con responsabilidad, evitando abusos innecesarios. Los políticos y los gestores tienen la obligación de escuchar y tener muy en cuenta la opinión de quienes trabajan cada día en hospitales y centros de salud: sus profesionales. Desde el médico hasta el celador. Todos suman.

Y para que cada uno pueda ofrecer lo mejor de sí mismo, las condiciones laborales y el nivel de responsabilidad asumido deben ser reconocidos y valorados. No todo se reduce a presupuestos, gestión y estructura organizativa. Si estos tres elementos no tienen en cuenta el factor humano, nuestra sanidad no avanzará. Lo importante son las personas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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