LA TRIBUNA
Reflexiones sobre la pasada feria taurinaEl público, soberano siempre, tiene derecho a ver salir en volandas a sus toreros por la puerta grande, aunque sea en detrimento de la estricta aplicación del Reglamento
Regala esta noticia Añádenos en GoogleANTONIO ROCHE
PRESIDENTE DE LA MALAGUETA Y MIEMBRO DE LA UPTE
26/08/2026 a las 02:00h.La afortunada incorporación de nuevos públicos a las plazas de toros -más evidente esta temporada de 2026- requiere una sosegada reflexión y debate con el ... legítimo derecho de realizar aportaciones constructivas en aras de mantener la autenticidad de la Tauromaquia y no desnaturalizarla como en mucha ocasiones se ha pretendido, incluso desde el propio sector.
El público, soberano siempre, tiene derecho a ver salir en volandas a sus toreros por la puerta grande, aunque sea en detrimento de la estricta aplicación del Reglamento. El rigor y la seriedad en una plaza de primera se han esfumado en los últimos años.
Los que clamábamos por el relevo generacional del público no podemos ahora mostrarnos en contra de un público joven y complaciente con los toreros
¿Y quién es el culpable o culpables de esta situación? Siempre se mira al palco. El presidente es la víctima propicia del público festivo, del aficionado exigente, de los profesionales, de los apoderados, de los ganaderos, de los empresarios, de la crítica especializada... Mantener el equilibrio entre unos y otros y aplicar el Reglamento al mismo tiempo es tarea de puro funambulismo; tarea muchas veces incomprendida.
No creo que ningún presidente disfrute con ser insultado por no conceder un apéndice, por no ordenar la devolución de un toro en el ruedo o negarse a indultar una res. De verdad, no es plato de buen gusto que en cada tarde se acuerden de tu madre, ya fallecida, por intentar cumplir el Reglamento. Hay que recordar que la función de presidente no es remunerada y se hace por pura afición. Sólo por eso. Y, como en todos los ámbitos, también expuesto al error propio.
En esta feria taurina recién concluida he observado desde el palco el comportamiento del público de Málaga, que no es mejor ni peor que el de otras plazas. Una vez concedidas las dos orejas a un torero, ha bajado la presión en los demás toros. Es como si el público necesitara, sí o sí, abrir cada tarde la puerta grande 'Manolo Segura' sin ponderar adecuadamente el alcance de la faena premiada. Así, ha habido puertas grandes con mucha fuerza y otras que no la han tenido.
Los que clamábamos por el relevo generacional del público no podemos ahora mostrarnos en contra de la incorporación de un público joven, festivo y complaciente con los toreros. Al contrario, debemos de contentarnos y abrirles los brazos porque son muy necesarios. Es una alegría que hayan descubierto esta expresión artística y disfruten de ello. Les falta cultura taurina y es tarea de todos ayudarles a formarles como aficionados. Lo importante es consolidar su presencia en los cosos.
El Reglamento Taurino de Andalucía presenta algunas lagunas que hay que corregir. Se puede dar perfectamente el caso de que un torero pinche 18 veces -es un supuesto hiperbólico-, que la gente le pida mayoritariamente la oreja y el presidente se vea obligado a concederla, en cumplimiento estricto del Reglamento. Creo, sinceramente, que debería ser regulada una situación así. Por ejemplo, si un torero entra más de tres veces a matar se quede sin oreja, aunque la solicite el público.
En estos últimos años se ha evidenciado que para solicitar la primera oreja se emplee más los gritos, las broncas y los insultos al presidente que «la tradicional exhibición de pañuelos blancos o elementos similares» como recoge el Reglamento. El mismo que tampoco reserva en exclusividad para el presidente la concesión de la segunda oreja, ya que «deberá tener en cuenta, a tal fin, la petición mayoritaria del público» (art. 56). En este apartado se minusvalora el conocimiento y experiencia del presidente.
Por otro lado, es más fácil que el público pida al palco el indulto que una vuelta al ruedo al toro. Creo que esto último hasta lo desconoce. El Reglamento lo deja claro: «La presidencia del espectáculo, a petición mayoritaria del público, podrá otorgar como trofeo a la ganadería, mediante la exhibición del pañuelo azul, la vuelta al ruedo de la res que por su excepcional bravura durante la lidia sea merecedora de ello». Si los aficionados-aficionados, ganaderos, profesionales, veterinarios, asesores artísticos y presidentes consideran que un toro ha hecho méritos sobrados para que se le dé la vuelta al ruedo, si no hay «petición mayoritaria del público», pues no hay premio para el animal.
Esta y otras reflexiones las elevaré a la Unión de Presidentes de Plazas de Toros de España (UPTE), asociación a la que orgullosamente pertenezco, para que se abra un debate en Andalucía y en otras comunidades, siempre con el propósito de aportar mejoras y corregir ciertos aspectos del Reglamento desde el sentido común que nos obliga la nueva realidad. De todas formas, bienvenido el público a las plazas porque, al fin y al cabo, es el que sustenta la Fiesta Nacional.
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