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Recreación del aspecto que tendrá la nueva embajada de China. R. C. Reino Unido autoriza la «megaembajada» de China en Londres en medio de fuertes críticas y advertencias sobre seguridadLa infraestructura es susceptible de reforzar la capacidad de vigilancia de Pekín en territorio británico, además de elevar la presión sobre disidentes asentados en el país
Ivannia Salazar-Saborío
Londres
Martes, 20 de enero 2026, 20:14
... se ha demorado durante meses y que ha terminado por convertirse en uno de los expedientes más delicados de la política exterior y de seguridad nacional del Reino Unido desde la llegada de Keir Starmer a Downing Street. La autorización desbloquea un proyecto que Pekín considera prioritario desde hace años y que, a ojos de sus detractores, corre el riesgo de consolidar en un solo edificio una infraestructura diplomática susceptible de reforzar la capacidad de vigilancia del Estado chino en territorio británico, además de elevar la presión sobre disidentes y activistas asentados en el país.Un caballo de Troya chino en el centro de Londres
Starmer tacha de «completamente equivocados» los aranceles de Trump por Groenlandia
El aval administrativo ha llegado con condiciones, entre ellas la obligación de que el desarrollo comience en un plazo de tres años y el establecimiento de un grupo de coordinación local destinado a gestionar las protestas en el exterior del futuro complejo. La carta de decisión sitúa el caso en la frontera entre una resolución urbanística formalmente técnica y una elección política que afecta al equilibrio del Reino Unido con una potencia a la que busca acercarse en términos comerciales, mientras los organismos de seguridad y buena parte del arco parlamentario insisten en las implicaciones de un vínculo menos prudente.
Zona sensible
En la Cámara de los Comunes, el responsable de Seguridad, Dan Jarvis, quitó hierro al asunto diciendo que «las agencias (de inteligencia) han sido integrales dentro del proceso», y añadió que se encuentra «satisfecho de que cualquier riesgo esté siendo gestionado de manera apropiada».
El emplazamiento elegido por China, Royal Mint Court, se encuentra en una zona especialmente sensible por su proximidad a la City de Londres y a infraestructuras de telecomunicaciones que transportan grandes volúmenes de información. Parte de la oposición a la iniciativa ha concentrado sus advertencias en la cercanía a cables de fibra óptica vinculados a flujos de datos de alto valor, un argumento con el que se ha descrito el proyecto como una potencial puerta de entrada para operaciones de inteligencia dirigidas a instituciones financieras y a comunicaciones estratégicas.
Sin embargo, el Gobierno defiende que «ningún organismo con responsabilidad en seguridad nacional, incluidos el Ministerio del Interior y el Ministerio de Exteriores, han planteado preocupaciones u objetado la propuesta» por su proximidad.
Eso sí, en una carta conjunta dirigida a los titulares de Interior y Exteriores, el director general de MI5, Ken McCallum, y la directora de GCHQ, Anne Keast-Butler, advirtieron de que «no es realista esperar poder eliminar por completo y cada uno de los riesgos potenciales», y subrayaron que «sería irracional llevar el 'riesgo generado por la embajada' a cero» dadas las «otras numerosas» amenazas de seguridad nacional que afronta el país. En ese mismo texto, los jefes de los servicios de inteligencia concluyen que se ha preparado un paquete «proporcionado» de medidas para el emplazamiento, con revisiones periódicas, con el propósito de contener posibles riesgos.
Además, Jarvis ha sostenido que la medida podría aportar «claras ventajas de seguridad nacional» al permitir que la presencia china pase de siete ubicaciones acreditadas en Londres a un único complejo, una simplificación que, según esta lógica, facilita el control y reduce la fragmentación que dificulta el trabajo de seguimiento.
La mayor en Europa
El caso no puede desligarse del contexto diplomático en el que se produce. El permiso llega cuando Starmer se prepara para viajar a Pekín, en lo que se anticipa como la primera visita de un primer ministro británico desde 2018, un movimiento con el que el Gobierno pretende reconstruir espacios de interlocución económica y política con China.
La dimensión del edificio explica parte de la tensión. El plan contempla un recinto de aproximadamente 20.000 metros cuadrados, lo que convertiría la sede proyectada en la mayor embajada china en Europa. China compró el terreno en 2018 por 255 millones de libras y presentó su primera solicitud poco después. En 2022, el consejo municipal de Tower Hamlets rechazó el proyecto por razones asociadas a la seguridad del entorno, aunque China volvió a presentar la iniciativa en 2024. A partir de ese momento, el Gobierno central asumió la decisión.
La responsable de Exteriores en la sombra, Priti Patel, considera que «Keir Starmer ha vendido nuestra seguridad nacional al Partido Comunista Chino con su vergonzosa rendición de la superembajada», mientras que desde los liberal demócratas, el portavoz de Exteriores, Calum Miller, ha afirmado que la decisión «amplificará los esfuerzos de vigilancia de China aquí en el Reino Unido y pondrá en peligro la seguridad de nuestros datos», además de advertir de las consecuencias para «los valientes hongkoneses en suelo británico». Reform UK, por su parte, ha calificado el paso como «una amenaza grave para la seguridad nacional» y como «un intento desesperado» del Gobierno laborista «de acercarse al Partido Comunista Chino». Residentes y plataformas locales han anunciado una batalla judicial para impugnar la autorización.
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