Se hace querer con un toro de Ventana del Puerto de rara y particular personalidad pero no redondea lo que pudo haber sido una faena de triunfo mayor
Regala esta noticia Añádenos en Google Alejandro Talavante durante la segunda de abono de la Feria de San Miguel. (EP)Barquerito
25/09/2026 a las 22:42h.Fue corrida de los dos hierros y las dos líneas del Puerto de San Lorenzo. El tercero, un Cuna de reata muy premiada, fue el ... más definido en la rama Atanasio tan en desuso y tan fuera de las ferias. De los tres de sangre Domecq, el quinto, que se durmió en un primer puyazo antes de salir escopetado a su querencia de tablas y toriles, pero todavía cumplió en una segunda vara, cabeceó en banderillas y, descolgado a las primeras de cambio, fue en la muleta un toro de codicia y entrega formidables, incansable repetidor, aire bravo en cada embestida.
En su querencia y en paralelo con las tablas, el toro fue una máquina, se empleó a placer. Si escarbó, pareció tomar carrerilla. La fijeza en el engaño animó a Talavante a seguir donde estaba. En el punto donde había ido a buscarlo después de banderillas recorriendo medio anillo desde el burladero de capotes hasta casi la puerta de toriles. La banda de Tejera se arrancó con uno de esos pasodobles que cuesta escuchar o reconocer lejos de la Maestranza, Currito de la Macarena, melodía de acento sevillano y muy torera. Currito cubrió y llenó los tiempos muertos cuando la faena derivó en pausas, apretones, juegos de manos y arriesgados artificios, todo lo cual convino al toro bastante menos que la trama primera. Un amago del toro por irse a tablas y dejar de pelear, callaron los músicos, y a Talavante le costó un mundo cuadrar al toro, que volvió a estar con él. Un pinchazo hondo en la suerte natural, que no bastó, porque a pesar de los dos puyazos y de tanto trajín, el toro estaba entero y se puso por delante. Tres golpes de verduguillo. Sonó un segundo aviso.
Lo curioso fue que el primero de los tres toros del viejo linaje del Puerto o tal vez de un cruce afortunado, segundo de corrida y primero de Talavante, tuvo una conducta relativamente similar a la del toro de las pasiones. Se arrancó como un cohete al caballo, se soltó, se volvió a enredar, se enganchó, pareció afligirse tras la sangría, cabeceó en banderillas y, lidiado con sumo desacierto, estaba por fijar cuando Talavante, desconcertado por las carreras del toro, se hizo dueño de la situación con una tanda de trincherillas y otra seguida en redondo de caro gobierno. Metió la cara el toro y repitió codicioso. Pareció pedir los medios, pero, en cuanto amagó con soltarse, Talavante lo dejó irse a su querencia de tablas de sol y sombra y ahí fue ya todo, un juego, muchos caprichos, adentros al toro tan codicioso como dócil y noble, y la guinda de un circular de nunca acabar. Y una estocada desprendida. Oreja en mano, una de esas vueltas al ruedo tan en boga que son parodias de las apoteósicas. Sombreros y más sombreros, y alguna gorrilla campera.
El atanasio clásico, el toro Cuba, se llevó puestos los mejores lances de la tarde. En los medios, una embraguetada madeja de cinco verónicas de Juan Ortega a cámara no lenta sino lentísima que vinieron precedidas de lances de mero sujetar y fijar, pero muy expuestos y tuvieron por remate una linda tijerilla y media de suavidad imposible. No solo eso, pues antes de varas todavía llevó al toro al caballo galleando de frente por detrás con un ritmo sensacional y el sello de la alta escuela mexicana del maestro Pepe Ortiz, creador de tantas suertes e intérprete personal de todas ellas. El toro tuvo en la muleta más estilo que poder. Y la faena de Ortega, lo mismo. Aplomadito, el sexto se llevó también una pequeña pero bella colección de muletazos de orfebre, pero sueltos.
Más decidido y resuelto de los habitual, Manzanares se peleó en exceso con un pacífico primero de la Ventana, casi un caramelito, y se empeñó con uno del Puerto, cuarto de la tarde, de serias y buenas hechuras, que pegó bastantes taponazos no por genio sino por falta de fuerzas. Lo mató al encuentro con estocada de supina habilidad.
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