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¿Retroceden los derechos de la mujer en España, como está sucediendo en otros países?Debate 8M. La manera en que se vive la igualdad y el feminismo depende del momento político y social, según tres intelectuales que comparan la situación española con las de Afganistán, Marruecos y Argentina
Madrid
Sábado, 7 de marzo 2026, 13:00 | Actualizado 13:23h.
Afganistán donde su vida corría peligro por ser una reconocida periodista que no calló ante el régimen talibán, le «sorprendió» que las mujeres tuvieran las llaves de su casa. «Fue muy emocionante tener las mías», recuerda. Son detalles casi imperceptibles pero que representan un «logro». «Me da mucho poder tener llaves propias y que nadie me pregunte por qué salgo o llego tarde. Es mi vida, ¿no? Aquí vi que aquí todo era muy diferente. Las mujeres tienen derechos, aprendí qué significa ser mujer. Allá se dice que la buena mujer es la que obedece a su marido».Exiliada desde 2021, la igualdad entre ellos y ellas, el derecho a trabajar y estudiar de las mujeres y su «valor como seres humanos» impactaron a Amin, que intenta volver a ver a sus tres hijos, de edades entre nueve y once años. El padre no lo permite y ella recurre a la vía legal.
Lo narra en el documental 'Dónde están mis hijos' y lo detalla en el libro que acaba de publicar, 'Sin velo, una mujer en contra de los talibanes'. «Mi historia es la de una madre que está luchando por recuperar a sus hijos. En Afganistán la custodia es del padre, a la madre no se la dan. Es parte de la opresión. Siempre ha sido así, siempre fue una sociedad patriarcal, pero había pequeños avances. Las mujeres podíamos votar, no era obligatorio llevar velo. Tengo fotos de mi madre con minifalda. Pero con los talibanes nuestros derechos retrocedieron».
En España hay libertad y la igualdad está garantizada por ley. «¿Pero cómo la vivimos? No la puedes disfrutar sin más con los asesinatos y violaciones de mujeres todos los días», advierte Najat El Hachmi, autora de novelas como 'El lunes nos querrán' o 'La cazadora de cuerpos'. «Veo un retroceso muy importante en aspectos como la explotación del cuerpo de la mujer. La pornografía, la prostitución, la normalización de la hipersexualización en todas partes... tenemos un OnlyFans donde las mujeres se autoexplotan para conseguir ganancias económicas».
Los testimonios
«Las religiones son malinterpretadas para hacer políticas en contra de los derechos igualitarios»
«Necesitamos hacer más visibles a los hombres que sí están en la lucha feminista»
«Estamos viviendo un retorno patriarcal bastante conservador»
Además, aprecia El Hachmi, «en las redes sociales competimos por llamar la atención desde nuestra condición de seres sexuados femeninos y no de personas. La dominación machista no se sostiene solamente por lo que hacen los hombres, sino por esas cómplices mujeres del sistema, que asumen esos postulados de sometimiento. ¿Por qué hay tantas que siguen promoviendo, admirando y acercándose a ésos que encarnan lo peor de lo peor? Es algo que analizar en nuestra relación con la violencia».
Riesgo permanente
Criada en una «familia típicamente patriarcal, con un machismo de los de antes», El Hachmi aprendió a «identificar ese tipo de violencia física y verbal pero cuesta desactivar otros tipos más sutiles de dominación». De origen marroquí, ella inició un viaje personal desde «esos valores ligados al honor, la conservación de la virginidad o el matrimonio como único destino de cualquier mujer».
«Salí como pude cuando era joven y me incorporé al modelo de mujer occidental liberado, pero me di cuenta que esos hombres que se suponía que estaban ya educados en igualdad, los de mi generación aquí en España de principios del 2000, buscaban en mí, que era de origen migrante, una mujer sumisa», prosigue. «Fue decepcionante».
Los derechos de las mujeres se creen consolidados, pero se encuentran en permanente riesgo. «En España podrían sufrir retrocesos y los están sufriendo», mantiene Carolina Meloni, autora del ensayo 'La instancia subversiva' y profesora de Filosofía de la Universidad de Alcalá. Meloni aprecia la «normalización de un discurso antifeminista» y «un claro retroceso en muchas conquistas simbólicas. Los avances de género pueden retroceder por la modificación de las políticas públicas, por falta de subvención, por percibir el feminismo como una amenaza y por ideologías. Siempre existe el riesgo de perder los derechos».
Pasos atrás
Hay momentos en que la amenaza perenne se convierte en realidad. En algunas sociedades, «hay fenómenos que se están dando sin que se vean tanto y que también suponen un retroceso importantísimo para las mujeres», afirma El Hachmi, cuya obra literaria está permeada por las «relaciones sociales, las desigualdades, las opresiones».
«En Marruecos, que es un país que conozco, la influencia de movimientos fundamentalistas islámicos impide que se hagan cambios legislativos para permitir la libertad de las mujeres, como despenalizar el adulterio, con el argumento de que acabaría con la identidad nacional. En España, una sociedad muy secularizada, hay un intento de volver a la religión, un supuesto fenómeno de jóvenes a la fe católica. Es algo muy posmoderno, donde puedes externamente ser una cosa y decir lo contrario. Como Rosalía haciéndose la monja pero que al mismo tiempo está hipersexualizada».
Además de Afganistán y Marruecos, otro ejemplo sucede en Argentina, donde «una profunda transformación se dirige a desmantelar toda una serie de políticas públicas y de derechos sociales, como las destinadas a prevenir o a erradicar la violencia de género, que se niega. Está siendo desolador porque era un país con leyes de igualdad muy revolucionarias, como las del aborto, identidad de género o cupo translaboral, que fueron antes que en España», indica Meloni.
Alerta también Amin: «Tenemos que valorar los derechos que tenemos y cuidarlos bien, sabiendo a quién votamos, que es lo que está en nuestras manos. Porque se pueden perder. Por ejemplo, en Afganistán durante 20 años luchamos y tuvimos leyes y derechos, pero de repente todo se acabó, y no tiene que ver sólo con la influencia religiosa». «Hay un trabajo muy grande por hacer todavía», sentencia El Hachmi.
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