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Richard Price, cae y levántate

Richard Price, cae y levántate
Artículo Completo 1,081 palabras
Ya se dijo, ya lo dijo muchas veces y vuelve a decirlo Richard Price (El Bronx, 1949) cada vez que se lo preguntan. Algo en cuanto a que si se escribe no acerca de un crimen pero sí sobre la naturaleza de lo criminal, se acaba conociendo a toda una sociedad, a una ciudad por completo, a todos quienes las viven y las mueren: a los miserables en todos los sentidos del término. Lo sabían Dickens y Balzac, y con 'Lázaro resucitado' -su bienvenido retorno a la novela, su número diez, luego de casi una década de escribir pilotos para televisión- lo sigue sabiendo Richard Price. Aquí, de nuevo -como en los 'procedurals' de mucho rigor 'Clockers' o 'Freedomland' o en los más íntimos 'La vida fácil' o en 'El samaritano'- Price vuelve a pasearnos por algo que bien podría definirse como thriller urbano . Algo que va más allá de un simple policial (lo que Price consiguió en la compleja 'Los impunes'), contiene pequeñas y corales multitudes de buenos o malos modales decimonónicos. Y que fascina con ese moderno y casi neo-periodístico genio auditivo tan suyo para la teoría y práctica del diálogo coloquial que enalteció a muchos de sus guiones para series como 'The Wire' y 'The Night Of' y 'The Deuce' o películas como 'El color del dinero' o 'Mad Dog and Glory'.'Lázaro resucitado' Autor Richard Price Editorial Random House Año 2026 Precio 22,90 Páginas 432 Valoración ***** Y la trama de 'Lázaro resucitado' -una novela muy visual y conversada y que recuerda un tanto a lo mejor de Robert Altman - se alza a partir del desmoronamiento por súbita explosión una mañana de 2008 de un edificio de cinco pisos en el neoyorquino East Harlem (barrio al que Price se mudó y enseguida se propuso hacer suyo por escrito). La muerte: instrucciones de uso, sí. Noticia relacionada No No Crítica Muriel Spark echa chispas Rodrigo FresánY así, entre las ruinas, un puñado de arruinados y miserables. Y, entre los afectados más o menos directamente por la onda expansiva, están la muy curtida y cansada inspectora de policía Mary Roe, un joven fotógrafo freelance llamado Felix Pearl, y Royal Davis, el dueño de un poco vital tanatorio de barrio al que ha alquilado para el rodaje de «una condenada película de zombis». Y una investiga (y busca a un desaparecido). Y otro fotografía. Y otro más se pregunta si por fin tendrá muertos para revivir su negocio (y ahora tiene media docena en muy mal estado). Y 'Lázaro resucitado' se presenta como en breves escenas a compaginar, en pistas/piezas sueltas a ordenar a lo largo y ancho de un puñado de días donde el motivo de que todo volase por los aires no tiene que ver con nada terrorista sino con el horror de la desatendida fatiga de materiales . Porque, sí, de nuevo, como de costumbre: lo que más le interesa a Price no es tanto el momento del estallido sino su efecto retardado, su eco ensordecedor. Y es entonces cuando, de entre los escombros, treinta y seis horas después del 'Big Crash', surge el milagrosamente sobrevivido-divorciado-ex cocainómano y maestro desempleado y sin rumbo y mestizo Anthony Carter. Y Anthony -cae y levántate- es noticia y color local cuasi frankcapraista . Y quién sabe, ojalá, tal vez sea un elegido por Dios y digno de predicar con gran elocuencia las epifanías que sufrió y gozó como enterrado vivo. Y hasta es posible que esta nueva encarnación le traiga un nuevo amor. Lo que en Wolfe es sátira carcajeante, en la generosa fogata de Price es mueca con alguna sonrisa agridulce y, finalmente, una redentora luz al final De nuevo: no hay misterio a resolver (lo que tal vez desconcierte a más de un aficionado a lo noir). Lo que sí importa -lo que siempre importó en Price- son los detalles, las esquirlas, los formidables personajes de reparto más allá del cuarteto protagónico (ahí está es recitador de chakras, o esa mujer que asegura ser la madre de Prince y la hermana de Obama , o el casi homérico veterano Trip Dash como memoria viva del vecindario y sus viejas batallitas). Algo parecido a lo que ocurre con las vanidosas hogueras de Tom Wolfe ; sólo que lo que en Wolfe es sátira carcajeante, en la generosa fogata de Price es mueca con alguna sonrisa agridulce y, finalmente, una redentora luz al final del túnel o al fondo del cráter. O no. Porque esa luz siempre puede ser algo muy pesado viniendo en tu dirección. Alguna vez, en una entrevista, Price se definió como «cazador de momentos» y «no tan interesado en la 'big picture' sino en un conjunto de 'little pictures'». Pues eso: aquí están. Y es Price quien nos las trae desde el otro lado y, tan vivas, las captura y las revela y las revive.

Ya se dijo, ya lo dijo muchas veces y vuelve a decirlo Richard Price (El Bronx, 1949) cada vez que se lo preguntan. Algo en cuanto a que si se escribe no acerca de un crimen pero sí sobre la naturaleza de lo criminal, ... se acaba conociendo a toda una sociedad, a una ciudad por completo, a todos quienes las viven y las mueren: a los miserables en todos los sentidos del término.

Lo sabían Dickens y Balzac, y con 'Lázaro resucitado' -su bienvenido retorno a la novela, su número diez, luego de casi una década de escribir pilotos para televisión- lo sigue sabiendo Richard Price. Aquí, de nuevo -como en los 'procedurals' de mucho rigor 'Clockers' o 'Freedomland' o en los más íntimos 'La vida fácil' o en 'El samaritano'- Price vuelve a pasearnos por algo que bien podría definirse como thriller urbano.

Algo que va más allá de un simple policial (lo que Price consiguió en la compleja 'Los impunes'), contiene pequeñas y corales multitudes de buenos o malos modales decimonónicos. Y que fascina con ese moderno y casi neo-periodístico genio auditivo tan suyo para la teoría y práctica del diálogo coloquial que enalteció a muchos de sus guiones para series como 'The Wire' y 'The Night Of' y 'The Deuce' o películas como 'El color del dinero' o 'Mad Dog and Glory'.

Y la trama de 'Lázaro resucitado' -una novela muy visual y conversada y que recuerda un tanto a lo mejor de Robert Altman- se alza a partir del desmoronamiento por súbita explosión una mañana de 2008 de un edificio de cinco pisos en el neoyorquino East Harlem (barrio al que Price se mudó y enseguida se propuso hacer suyo por escrito). La muerte: instrucciones de uso, sí.

Y así, entre las ruinas, un puñado de arruinados y miserables. Y, entre los afectados más o menos directamente por la onda expansiva, están la muy curtida y cansada inspectora de policía Mary Roe, un joven fotógrafo freelance llamado Felix Pearl, y Royal Davis, el dueño de un poco vital tanatorio de barrio al que ha alquilado para el rodaje de «una condenada película de zombis». Y una investiga (y busca a un desaparecido). Y otro fotografía. Y otro más se pregunta si por fin tendrá muertos para revivir su negocio (y ahora tiene media docena en muy mal estado).

Y 'Lázaro resucitado' se presenta como en breves escenas a compaginar, en pistas/piezas sueltas a ordenar a lo largo y ancho de un puñado de días donde el motivo de que todo volase por los aires no tiene que ver con nada terrorista sino con el horror de la desatendida fatiga de materiales. Porque, sí, de nuevo, como de costumbre: lo que más le interesa a Price no es tanto el momento del estallido sino su efecto retardado, su eco ensordecedor.

Y es entonces cuando, de entre los escombros, treinta y seis horas después del 'Big Crash', surge el milagrosamente sobrevivido-divorciado-ex cocainómano y maestro desempleado y sin rumbo y mestizo Anthony Carter. Y Anthony -cae y levántate- es noticia y color local cuasi frankcapraista. Y quién sabe, ojalá, tal vez sea un elegido por Dios y digno de predicar con gran elocuencia las epifanías que sufrió y gozó como enterrado vivo. Y hasta es posible que esta nueva encarnación le traiga un nuevo amor.

Lo que en Wolfe es sátira carcajeante, en la generosa fogata de Price es mueca con alguna sonrisa agridulce y, finalmente, una redentora luz al final

De nuevo: no hay misterio a resolver (lo que tal vez desconcierte a más de un aficionado a lo noir). Lo que sí importa -lo que siempre importó en Price- son los detalles, las esquirlas, los formidables personajes de reparto más allá del cuarteto protagónico (ahí está es recitador de chakras, o esa mujer que asegura ser la madre de Prince y la hermana de Obama, o el casi homérico veterano Trip Dash como memoria viva del vecindario y sus viejas batallitas). Algo parecido a lo que ocurre con las vanidosas hogueras de Tom Wolfe; sólo que lo que en Wolfe es sátira carcajeante, en la generosa fogata de Price es mueca con alguna sonrisa agridulce y, finalmente, una redentora luz al final del túnel o al fondo del cráter. O no. Porque esa luz siempre puede ser algo muy pesado viniendo en tu dirección.

Alguna vez, en una entrevista, Price se definió como «cazador de momentos» y «no tan interesado en la 'big picture' sino en un conjunto de 'little pictures'».

Pues eso: aquí están. Y es Price quien nos las trae desde el otro lado y, tan vivas, las captura y las revela y las revive.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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