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Rivas (Alcalá Norte): “Me da rabia que en España nos dé tanta rabia el éxito de los demás: te dan una buena noticia de tu colega y sientes la sombra”

Rivas (Alcalá Norte): “Me da rabia que en España nos dé tanta rabia el éxito de los demás: te dan una buena noticia de tu colega y sientes la sombra”
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"Quiero casarme por la Iglesia: me casé en un juzgado, en pandemia, con una mascarilla de El Chiringuito que me dio Pedrerol". "Cuando estoy con mi señora, no necesito fumar porros. Ella es un poco mi droga y un poco el antídoto". "No hay nada más honrado que mendigar, el mendigo no tiene por qué darte las gracias cuando tú le sueltas 50 céntimos".

“Me da rabia que en España nos dé tanta rabia el éxito de los demás" | Álvaro Rivas en 'UHCL'

Opinión Una hora con Lorena Rivas (Alcalá Norte): “Me da rabia que en España nos dé tanta rabia el éxito de los demás: te dan una buena noticia de tu colega y sientes la sombra”

"Quiero casarme por la Iglesia: me casé en un juzgado, en pandemia, con una mascarilla de El Chiringuito que me dio Pedrerol".

"Cuando estoy con mi señora, no necesito fumar porros. Ella es un poco mi droga y un poco el antídoto".

"No hay nada más honrado que mendigar, el mendigo no tiene por qué darte las gracias cuando tú le sueltas 50 céntimos".

Publicada 28 agosto 2026 14:10h Actualizada 28 agosto 2026 14:10h

Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)

5/6/2026

La vida tiene cosas hermosas y cosas terroríficas.

La vida a veces es como la puerta circular de unos grandes almacenes: fue hermoso que Álvaro Rivas, el cantante y letrista de Alcalá Norte, entrase en el mundo un 26 de febrero de 1995, pero fue terrorífico que a la vez que él pasaba a este lado, su madre, la periodista de El País Sara García Calle, saliese hacia el otro.

La mujer falleció de una embolia pulmonar horas después de la cesárea, y dejó huérfano a Álvaro y viudo a su padre, el periodista de laSexta Álvaro Rivas, viudo con sólo treinta años.

Después vino todo lo demás: Yung Beef, Heidegger, vender seguros, trabajar en Glovo, fumar, la escalada, las matemáticas, la filosofía de la historia, una visita a la casa de Antonio Escohotado en la que empezaron hablando de Alfredo Fiorito y acabaron hablando de Jünger. Después… ¿qué más? León Bloy. Millones de anotaciones, como: “Dioniso es el tonto útil de Apolo, porque legitima las reglas de Apolo y los estrictos horarios que marcan los cánones sencillamente desbordándolos una vez al mes, en la bacanal”.

Álvaro Rivas, de Alcalá Norte. Tomás Berrio.

Rivas es genial, la verdad. Piensa lateralmente. Aborda el mundo por extremos genuinos. A veces habla como un ensayista o como un hombre del Siglo de Oro. Hay algo muy viejo en él: es un chico con un tótem o una reliquia dentro, qué sé yo, en todo caso, una suerte de joya oscura. También sonríe siempre con un poquillo de melancolía, como si recibiese una broma de aquí de la tierra pero estuviese viendo otra cosa.

Alcalá Norte ha sido un fogonazo en la escena española: arrancaron bestialmente con un primer disco llamado como ellos (y ellos, a su vez, se llamaban como el centro comercial de referencia de su barrio, Ciudad Lineal, con su monolito icónico y su belleza decadente), parieron el hit de La vida cañón (“peineta pa’ mi chica y un mantón, butaca en teatro, la vida cañón; sombra en Las Ventas, nalgas sobre blando, hace tiempo que no pienso en el horror”) han girado por todo el país y por Latinoamérica, han lanzado dos singles de su próximo disco (El hombre planeta, una canción sobre Paganini, y Los llamados Pitagóricos) y ahora van a la conquista del Wizink. Bueno, ahora lo llaman Movistar Arena. Será el 20 de febrero de 2027. Histórico.

Escuchando a Álvaro Rivas. Tomás Berrio.

Le pregunto a Fernando Naval, nuestro amigo común del grupo Camellos, cómo definiría él a Rivas. Qué somos si no lo que dicen de nosotros nuestros colegas, ¿no?

Veamos.

Fer arranca: “Pensativo. Eterno sorprendido por lo raro. Espiritual. Y si cae una teja en un grupo de diez personas en una cabeza, será en la suya”. Joder. Ahora en serio: también dice que le gusta leer cosas que nadie recomienda, que tiene una cruzada contra la normalidad y que el primer libro que le recomendó fue Sobre los acantilados de mármol, de Jünger.

Álvaro con cara de gamberro, o sea, que estaba a gusto. Tomás Berrio.

La tercera vez que le vio, recuerda Fer, “venía con un tocho de San Agustín porque vivía muy lejos”: “Tía, se cogió un libro gordo como si se pudiera acabar el mundo y fuese a tardar tres días en llegar a un bar”. Entiendo. “Siempre trae una historia. Como si hubiera viajado por los Cárpatos, como si viniera de una aventura larga…”. Ya sé.

Acordamos que Rivas es genuino. Es singular. Acordamos que su mayor particularidad es pensar por sí mismo. No le gusta ser un maldito, claro, pero hay algo en él maravillosamente torcido, algo extraordinariamente curvo. “Es como si estuviese inclinado él pero él creyese que ve todos los cuadros inclinados”, dice Fer. O sea: este tío es muy sorprendente.

En todo.

Se casó con 25 años, algo que también es inusual. Habla mucho de su señora. Es brasileña. Dice que con ella no le hace falta fumar porros. Que ella es un poco su droga y un poco, en su justa medida, el antídoto. Hablamos, Álvaro y yo, sobre si uno se parece siempre a una madre, aunque no la haya conocido. Hablamos de una apendicitis agravada que casi lo mata hace unos pocos años. Hablamos de que “la vida es recia”. Hablamos de la música, que le parece “un coñazo”, de quiénes son los malos (los “domadores de personas”, dice él), de si cree más en dios o en Florentino, de por qué quiere casarse por la Iglesia.

Hablamos de un día en el que Rivas estaba ingresado por la peritonitis salvaje que manejó y celebraron un concierto de Alcalá Norte (sin él) en la Wurlitzer. Las entradas estaban vendidas desde hacía ya tiempo. Le suplieron, cantando, sus amigos de un grupo y de otro. Le homenajearon. Yo estaba allí, en la entrada del garito, antes de que empezase el asunto, y de repente apareció Raphael. Claro: nos quedamos locos. Vimos al señor entrando en la Wurli y dijimos: ya está, éste viene a cantar La vida cañón. Será colega de la banda.

De palique. Tomás Berrio.

Todo encajó perfectamente en nuestras cabezas. Casi pudimos escuchar su versión, un poco barroca, un poco diva, como él es. Lo que sucedió en verdad fue que el pobre Raphael iba a La Revuelta, que está al lado, y se equivocó de puerta, algo desubicado, porque esa noche iba a sufrir un accidente cardiovascular. Fue un momento surrealista hermosísimo. Benditos sean Raphael y Rivas. Qué suerte que ambos se recuperaron.

Hablamos sobre ser un niño pijo de Arturo Soria con padres progres, hablamos sobre lo español, sobre tener un grupo, sobre el Real Madrid, sobre ser poseído y escribir una canción, sobre la envidia y sobre el aburguesamiento, sobre Gadamer, sobre Ética a Nicómaco. Con ustedes, Álvaro Rivas.

Con ustedes, Álvaro Rivas. Tomás Berrio.

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