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Rodrigo Sorogoyen: «Antes un director podía tener hijos y su carrera seguía igual, porque no los criaba él»

Rodrigo Sorogoyen: «Antes un director podía tener hijos y su carrera seguía igual, porque no los criaba él»
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Javier Bardem y Victoria Luengo deslumbran en 'El ser querido', un drama sobre paternidad, cine y masculinidad tóxica
Rodrigo Sorogoyen: «Antes un director podía tener hijos y su carrera seguía igual, porque no los criaba él»

Javier Bardem y Victoria Luengo deslumbran en 'El ser querido', un drama sobre paternidad, cine y masculinidad tóxica

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Oskar Belategui

24/08/2026 a las 18:04h.

Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) nunca defrauda. 'El ser querido' –en cines desde el 26 de agosto– es tan buena o más que 'As bestas', 'El ... reino' o las dos series españolas más deslumbrantes de los últimos tiempos: 'Antidisturbios' y 'Los años nuevos'. Sus protagonistas son un director de cine ganador del Oscar y su hija, actriz sin éxito, a la que hace trece años que no ve y con la que quiere reconciliarse dándole un papel en su nueva película. Dos inconmensurables Javier Bardem y Victoria Luengo se comen a dentelladas en este drama sobre paternidades, masculinidades tóxicas y cine dentro del cine.

–Muy buena. Ha sido emocionante poder dedicársela. ¿Sabes que salía como actor en algunas de mis películas? Cuando hacía cortos y había algún papel de padre le llamaba. Sale hasta en 'Antidisturbios'... No tenía nada que ver con el cine, él era comercial, pero siempre le gustó meterse en grupos de teatro aficionado. Se le daba bien actuar. Vio muy de cerca cómo me movía y crecía en la profesión.

–¿La de director es una profesión tan absorbente y egocéntrica que hay que elegir entre el cine y la vida?

–No. Todo trabajo absorbente te quita parte de tu vida. Puedes ser director y dedicarte el cien por cien de tu tiempo al cine o no. Hay directores y directoras que concilian muy bien la vida con su oficio. Ser director de un periódico o periodista también es un trabajo muy egocéntrico y vanidoso, ¿no? Depende de tu vanidad, de cómo te lo tomes.

–¿Ha aprendido a relativizar con el tiempo?

–No he cambiado mucho en eso. Creo que me sigo entregando mucho pero concilio muy bien. Creo que soy una persona cercana a mis seres queridos, aunque es verdad que todavía no tengo hijos.

–A las actrices antes les preguntábamos cuándo iban a ser madres, no así a los directores.

–Buf, no creo que ahora se les pregunte. Antes un director podía tener hijos y su carrera seguía siendo la misma, porque no los criaba él. ¿Me preguntas si yo voy a tener hijos? No lo sé.

–Pienso en Carlos Saura, que tuvo siete hijos y trabajó hasta su muerte.

–Total. Pero no voy a hablar de la vida de Carlos Saura, ¿eh? Ja, ja...

–En su cine siempre anda a vueltas con esa masculinidad tóxica que está ahora en revisión.

–Es un tema que nos interesa a Isabel (Peña, coguionista habitual) y a mí. Los temas de nuestras películas y series surgen de dos cabezas. Me atrevería a decir que a ella también le interesa, ja, ja. Pero en 'El ser querido' creo que ha sido algo muy orgánico, no queríamos hablar de masculinidad, sino de un padre y una hija, que además eran director y actriz. Ese modelo de masculinidad ha surgido al diseñar el personaje. Sabemos que ha abandonado a su hija, que no ha sido un buen padre. Y ahí surge un hombre que es violento o lo ha sido.

Raúl Arévalo y Victoria Luengo en 'El ser querido'.

Mirarse a los ojos

Una historia de traición, amor y abandono, de gente que no se puede mirar a los ojos». Así califica el director que encarna Javier Bardem la película que le ofrece a su hija (Victoria Luengo), a la que abandonó cuando entre su carrera y su familia eligió lo primero. Durante todo el rodaje tratarán eso, de mirarse a los ojos, pero algunas cosas no cambian cuando uno está acostumbrado a ser el macho del plató y te persigue un pasado de adicciones y violencia.

Estrenada en el pasado Festival de Cannes sin suerte en el palmarés, 'El ser querido' explora el dolor y rencor de una hija que no tuvo padre. Lo hace durante el rodaje en Fuerteventura de una película ambientada en 1932, cuando el Sáhara era protectorado español. Cine dentro del cine, como si fuera 'La noche americana', deteniéndose en las relaciones entre los actores y técnicos, demostrando cómo el estado de ánimo también interviene en el resultado final de una película.

Pocos cineastas como Sorogoyen son capaces de inyectar tanta intensidad a escenas rebosantes de violencia a punto de estallar. La comida inicial de los protagonistas, que se extiende durante 20 minutos, deja sin aliento, al igual que el accidentado rodaje de otra escena en la mesa. La música de Olivier Arson, que remite a la partitura de Georges Delerue para 'El desprecio', de Godard, inunda de emoción esta crónica de soledades que conecta con otras obras de Sorogoyen, como 'As bestas' y 'Antidisturbios', en su retrato de masculinidades tóxicas. «Hay cosas más importantes que el cine», se escucha en un momento determinado en una película que demuestra una vez más el magnetismo de Bardem, capaz de pasar en un segundo de la furia a la súplica de amor. Su reto, sostener la mirada de Victoria Luengo, virtual ganadora del Goya este año.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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