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Rosa Montero: "No me quedan aspiraciones porque nunca las he tenido"

Rosa Montero: "No me quedan aspiraciones porque nunca las he tenido"
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La autora publica 'Un día en la vida de Clarita', que narra la jornada final de una mujer en una oficina antes de jubilarse. "Me da mucho miedo la victoria de las ultraderechas antidemocráticas". Más información: 'Marcelino', de Bibiana Collado: una novela tan lograda que es imposible no cobijarse en su lectura

La escritora Rosa Montero durante la presentación de su libro 'Un día en la vida de Clarita'. Mateo Lanzuela / Europa Press

Letras Rosa Montero: "No me quedan aspiraciones porque nunca las he tenido"

La autora publica 'Un día en la vida de Clarita', que narra la jornada final de una mujer en una oficina antes de jubilarse.

"Me da mucho miedo la victoria de las ultraderechas antidemocráticas".

Más información:'Marcelino', de Bibiana Collado: una novela tan lograda que es imposible no cobijarse en su lectura

Publicada 17 septiembre 2026 02:00h Síguenos

Es pura llama, energía contagiosa encendida de vida, alegría y de proyectos que a veces, como ahora, la sorprenden. Rosa Montero (Madrid, 1951) lanza estos días Un día en la vida de Clarita (Alfaguara), la historia de una mujer que trabaja en un banco y que ha de afrontar una crisis terrible la jornada en que se jubila (no haré spoiler).

Pero nada en esta novela, que la escritora nos define como “un cuento para adultos, una versión punki del patito feo", es convencional, ni su protagonista, ni mucho menos el origen del libro.

Cuenta Rosa Montero que este libro, “el número 20 de mis novelas de verdad en cuarenta y siete años”, no nació, "como siempre", de una idea, lo que ella llama "el huevecillo", ni de tomar luego notas y desarrollarlas a menudo durante un año para luego ponerse a escribir teniendo claro incluso el orden de sus capítulos.

No, en esta novela, escrita para cumplir un encargo, a la novelista se le presentó el personaje de Clarita “ya hecho, y me arrolló, me poseyó, me hizo escribir en tiempo real”, confiesa, mientras resalta a El Cultural cómo "ha sido muy emocionante porque yo no sabía si Clarita y yo íbamos a poder vencer la prueba que se plantea en el libro. Sí, ha sido una manera muy distinta de escribir, muy febril, muy arrebatadora".

Portada de 'Un día en la vida de Clarita'. Alfaguara

Pregunta. ¿Qué tiene Clarita para seducirla de esa manera?

Respuesta. Bueno, ya sabes que las novelas son como sueños, nacen del inconsciente. Mientras estás escribiendo no sabes qué estás haciendo pero luego empiezas a entenderlo y ahora, de repente creo que necesitaba a Clarita porque estaba y estoy muy angustiada con el mundo que estamos viviendo. Es un mundo tan, tan, tan oscuro que necesitaba dar como un puñetazo en la mesa, necesitaba una historia que me demostrara que en las peores circunstancias, los seres humanos somos capaces de ponernos en pie y de crearnos una vida digna.

P. La novela comienza retratando un día normal en la vida de Clarita y su aplastante rutina. ¿Se aferra a la repetición como forma de conservar la cordura, para ganar seguridad…?

R. Ella obviamente tiene un TOC, y esas repeticiones son maneras algo cómicas de intentar conjurar el horror, aunque al mismo tiempo son una cárcel. Clarita es ese tipo de persona que ha sido maltratada desde la infancia, que lleva años sufriendo mobbing laboral, no ya de los jefes, sino de los compañeros, y que no entiende por qué la machaca todo el mundo.

»Ya sabes, nos confunden diciendo que la normalidad es sinónimo de lo más habitual, pero es mentira, porque la normalidad viene de lo normativo, es un molde de comportamiento que cambia con las culturas y que nos obliga a meternos dentro de ese molde aunque nos tengamos que cortar una pierna para caber. Todos somos divergentes, unos más y otros menos, lo que pasa es que intentamos que no se nos note, porque al que se le nota, lo machacan, que es lo que le pasa a Clarita.

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P. Que, por otra parte, es una superdotada, aunque los demás no lo sepan.

R. Sí, es superdotada, y una persona mucho mejor que esos desgraciados que la machacan. El poder es terrible porque se regocija a través de la humillación. Ella es el típico chivo expiatorio de las frustraciones de los demás porque es aparentemente más débil. Ha ido intentando vivir así, pasar inadvertida, hasta que el día de su jubilación una gota rebosa el vaso.

P. La novela juega con soltura y acierto con dualidades muy arriesgadas…

R. Sí, esta es una novela complicada porque está compuesta en parejas expresivas opuestas, por ejemplo, es muy realista y muy grotesca, las dos cosas a la vez, así que si te vas para un lado o para otro se cae. Es muy intimista, y por otro lado tiene una acción desbordante, habla de cosas muy terribles, como es el machaque para la gente, y por otro lado es una de las novelas más humorísticas que he escrito.

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P. Clarita siente que se está deshaciendo. Aunque no cuenta nada de su pasado, usted sutilmente logra que el lector sea consciente de todo el dolor y el maltrato que arrastra, también en el trabajo, donde curiosamente las mujeres son las más crueles con ella.

R. Bueno, yo he padecido mobbing en el trabajo por una compañera que no voy a decir quién es pero sí, las hay tremendas. No por ser una mujer hay quien deja de ser canalla.

P. ¿Cree que en este momento se están fomentando las vidas grises, pastueñas, de gente que se conforma con sobrevivir?

R. Bueno, lo que pasa es que tenemos una crisis y atravesamos un momento angustiosísimo, tremendo. Vivimos en una sociedad en que la gente está totalmente perdida, pero perdida dentro de sí misma. Hay una crisis de identidad bestial. Saber quién es uno y qué lugar ocupa en el mundo es uno de los grandes saberes que te llevan una vida descubrir, pero claro, somos animales sociales y nuestra identidad depende de lo que vemos reflejado en los ojos de quienes nos rodean.

»Nuestra identidad depende de lo que nos miran y para no llegar al disparate mayor tenemos que tener mucho cuidado en quién nos miramos. ¿Qué pasa en la sociedad de hoy? Que hay un desarraigo total, hay una falta de amistad verdadera total, hay un enloquecimiento de imágenes a través de las redes que nos deforman el sentido de quienes somos, así que la gente está completamente loca en el mal sentido de la palabra, está desquiciada, no sabe quién es, dónde está, qué lugar ocupa y todo esto fomenta los extremismos.

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P. ¿Cómo?

R. Dándote una identidad de una manera muy fácil, simplificadora. Tú eres el que odias a este, tú eres el que persigues a este, y eso consuela por medio del odio. Creo que hay un desasosiego y un desconsuelo en la sociedad tremendo por eso, porque la gente no sabe dónde está. En ese sentido Clarita está en esa tierra de nadie.

P. Hasta que descubre su verdadera personalidad. Se ha tenido que divertir mucho convirtiendo a esa mujer invisible en una suerte de Bruce Willis…

R. Desde luego, ha sido muy divertido y muy trepidante, pero por otro lado un poco angustioso, porque íbamos pisando un terreno que no conocía, y pensaba que en cualquier momento se podía caer todo…

P. En la novela se alude veladamente al pasado de su protagonista, dejando intuir que ha sido víctima de violencia física … ¿Tenemos ya armas suficientes contra la violencia de género?

R. Una sola muerte ya es una muerte de más, pero tenemos menos porcentaje de muertes que otros muchos países. Por ejemplo, somos la tercera parte de los países nórdicos. Hay que ir al cero, pero es importante la concienciación, sobre todo, y en eso ha habido un cambio brutal.

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P. ¿Y no le preocupa que en las próximas elecciones pueda triunfar una coalición PP-VOX que, en algunos lugares donde ya gobierna, está eliminando o disminuyendo las medidas contra la violencia?

R. Claro, y esto está pasando en todo el mundo, ahora que está ganando no la derecha democrática sino extremas derechas antidemocráticas, como el propio Trump, o Milei. Todo eso da muchísimo miedo, forma parte de las angustias que me dejan sin dormir, esta involución feroz. Asusta verdaderamente.

P. En la novela sobrevuela el retrato de una sociedad que desprecia a sus mayores. ¿Es la gerontofobia una tendencia que va a más?

R. Como dices, creo que nunca ha habido tal desprecio, tal miedo a la gente mayor, ese odio incluso, porque hay mucha gente que cree que los mayores les estamos robando sus derechos y reventando los recursos del sistema, pero por otro lado, como cada vez somos más y tenemos mejor calidad de vida, más poder adquisitivo y podemos seguir votando, pues empezamos a conformar un grupo interesante comercial y políticamente.

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P. Compara el trabajo en el banco con el infierno de Dante. ¿En qué círculo estaría ahora usted como escritora, ha alcanzado el paraíso, o aún le queda algo por conquistar?

R. Yo siempre he sido una outsider total y lo maravilloso es que siendo una outsider me las he arreglado para no convertirme en una Clarita. Como digo en El peligro de estar cuerda, “siempre he sabido que había algo que no funcionaba bien dentro de mi cabeza”, entonces siempre he sido una outsider también en el trabajo, en el sentido de que he estado muy poco tiempo de mi vida en nómina, casi siempre he sido colaboradora, y la verdad es que por carácter y por temperamento y por generación, he querido vivir el momento.

»Tampoco me he planteado nunca sitios a los que llegar. Lo que siempre he querido es vivir cada día lo más intensamente posible y sigo teniendo esa ideología. No me quedan aspiraciones porque nunca las he tenido, me queda la aspiración principal de seguir viviendo intensamente y sigo viviendo exactamente como hace treinta años, y cuando no pueda hacerlo, no me interesa vivir.

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