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El escritor Sergio del Molino en la sede de su editorial. EPSergio del Molino
Libros «Rosario Weiss sacó a Goya del pozo de la negrura»El escritor novela la vida de la discípula y ahijada del genio aragonés, que fue «borrada» de la historia por sus herederos
Madrid
Lunes, 9 de marzo 2026, 00:05
... lechera', antítesis de sus pinturas negras. En buena medida fue gracias a Rosario Weiss, su discípula, quizá su hija, que «sacó a Goya del pozo de la negrura».Una vida corta y desgraciada la que tuvo Rosario Weiss Zorrilla, nacida en Madrid el 2 de octubre de 1814 y fallecida en la misma villa y corte 31 de julio de 1843. La mató el cólera con solo 28 años, pero antes fue víctima de la avaricia y la inquina de Javier Goya, hijo del pintor, que a la muerte del genio de Fuendetodos y anuló cualquier referencia a la «fructífera» relación de Rosario con su padre artístico y acaso biológico.
La relación entre Goya y Weiss fue «enriquecedora» para ambos, «pero especialmente para el pintor», según Del Molino. «Es el maestro quien aprende de la discípula», aventura. Un Goya crepuscular que, como el también sordo Beethoven y algunos otros genios, «se vuelven en su vejez abstractos e incomprensibles».
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«Pero en Burdeos hallamos a un Goya luminoso que está encima del aprendizaje de Rosario, lo que le aporta muchísimo», dice el escritor. Era un exilado, un derrotado que atisbaba muerte pero que recupera la vitalidad y titula uno de sus últimos grabados 'Aún aprendo'. «Uno de los misterios de Goya es ver cómo pasa de las pinturas negras a un dibujo naíf, ingenuo y luminoso en ese aislamiento», dice Del Molino.
Para el escritor «no hay duda» de que «la mano de Rosario Weiss está en 'La lechera de Burdeos'», la pintura que anticipa el impresionismo y que, como el autorretrato de Weiss ('La atención') acoge el Prado. «La pintaron al alimón, y no sería descabellado que el museo cambiara la cartela reconociéndolo y adjuntando la autoría de Weiss a la de Goya», dice Del Molino.
Pintada en 1827, un año antes de la muerte del Goya, «es un retrato raro para aquella época en la que Goya apenas pintaba a sus amigos. Una obra de aprendizaje que quizá retrate a una prostituta y en el que está, insisto, la mano de Weiss».
'La lechera de Burdeos'. (1827). Museo del PradoTambién habría que cambiar la cartela del retrato de Leocadia Zorrilla, madre de Rosario, última compañera de Goya en la Quinta del sordo y en su exilio bordelés «a quien la pinacoteca identifica como ama de llaves de Goya, cuando fue su mujer a todos los efectos».
«Nadie puede negar la posibilidad de que Rosario Weiss fuera hija biológica de Goya, pero es algo tan bonito como indemostrable»
En la inmensa bibliografía de Goya que Del Molino devoró durante dos años ante de ponerse manos a la tecla, la presencia Weiss se sustancia con notas a pie de página, «cuando su influencia en Goya es determinante». El escritor se propuso «rellenar el agujero negro de su figura y su memoria recurriendo a la ficción pero sin abusar de ella, ya que hay pilares documentales para que todo lo que imagino sea plausible».
¿Incluso la paternidad biológica de Goya? «Nadie puede negar la posibilidad de que Rosario fuera hija de Goya. Hay muchas circunstancias históricas que así lo sugieren –como que su relación con Leocadia es anterior al nacimiento de Rosario–, pero es tan bonito como indemostrable», reconoce el autor.
Desheredada
«Si fue su hija, ¿por qué la desheredó? ¿Por qué en el testamento dejó prácticamente en la indigencia a ella y a su mujer?» se pregunta Del Molino. «Rosario es una figura molesta e incómoda para la construcción de cierto mito de Goya –y hay muchos mitos goyescos– porque nos hacer preguntarnos si Goya es admirable o es un monstruo. La duda permanece pero yo trato de salvarle», aclara.
Carga, por contra, las tinas contra Javier Goya, «un pirata que decidió forrarse con la muerte de su padre». «Muchos historiadores dan por hecho que montó una trama de falsificaciones tras su muerte y que quizá Rosario participara de la estafa. Lo que está claro es que vendieron muchos más Goyas de los que tenían», señala.
Javier Goya fue implacable con su hermanastra o hermana y con su madre. Las expulsó de la casa de Burdeos, por lo que Leocadia y Rosario debieron volver a Madrid con las manos vacías, con 'La lechera' como única herencia.
Cuando la joven pintora trata de labrarse un futuro en la corte «se le tilda de puta y sifilítica, como a tantas mujeres en aquella época». Unas terribles injurias que no impidieron a Rosario ser copista en el Museo del Prado, trabajar para la Real Academia de Bellas Artes San Fernando y maestra dibujo de Isabel II.
«Fue tildada de puta y sifilítica, como tantas mujeres de la época»,
Narra en la novela la peripecia de Weiss José Antonio Rascón, diplomático «probablemente enamorado» de la desgraciada pintora que viajó a París en 1838 para toparse con las pinturas negras de la Quinta del sordo.
La extensa novela –casi 650 páginas– es también el retrato de una época turbulenta. El autor de 'La España vacía' recrea otra España «violenta y tan polarizada o más que la de ahora en la que nace la política tal como la entendemos hoy».
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'La atención. (autorretrato)'. Rosario Weiss. Museo del Prado«Puede haber Goyas atribuidos a Weiss en bastantes museos»
«No sabremos dónde había llegado como pintora, pero es obvio que tenía un brillante futuro, capacidad de discurso y que además nadaba a contracorriente», afirma Sergio del Molino sobre la truncada carrera de la malhadada Rosario Weiss.
«Su legado son casi doscientos dibujos y litografías catalogados y dos o tres óleos, pero hay referencias de una veintena de pinturas que hoy están perdidas» explica Del Molino, que ha indagado a fondo sobre la labor Weiss. «Dispersa y escondida, su obra solo se conoce en el siglo XX, cuando José Lázaro Galdiano compra algunos de sus dibujos. Por bastantes museos del mundo puede haber obras de Weiss erróneamente atribuidas a Goya», afirma.
«Era una pintora de talento a quien se le negó el reconocimiento. La novela pretende contribuir a que Rosario Weiss deje de ser un secreto para iniciados y se convierta en una artista reconocida», reivindica Sergio del Molino.
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