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Rosewood Luang Prabang, refugio de aventureros

Rosewood Luang Prabang, refugio de aventureros
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Hay lugares que se presentan como hoteles y resultan ser, en realidad, otra cosa: un estado de ánimo, una forma de entender el mundo, una conversación larga con la historia... El Rosewood Luang Prabang es exactamente eso. Leer
ViajesRosewood Luang Prabang, refugio de aventureros
  • MARÍA CRISTINA PALLARES FOTOS: LUIS DAVILLA
Actualizado 19 SEP. 2026 - 00:57Rosewood Luang Prabang no aspira a ser el más grande ni el más ruidoso, aspira, simplemente, a ser el más memorable.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Hay lugares que se presentan como hoteles y resultan ser, en realidad, otra cosa: un estado de ánimo, una forma de entender el mundo, una conversación larga con la historia... El Rosewood Luang Prabang es exactamente eso.

Encaramado sobre las laderas que bordean el río Nam Dong, a diez minutos en coche del centro histórico de Luang Prabang, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1995, este resort de apenas 23 residencias no aspira a ser el más grande ni el más ruidoso. Aspira, simplemente, a ser el más memorable.

Un poco de historia

Bensley ha construido un universo coherente, casi como si el propio edificio narrara su historia.

Fue el explorador y diplomático francés Auguste Pavie quien se asentó por primera vez en estas laderas a finales del siglo XIX, convirtiendo el enclave en una finca colonial donde los aventureros del momento encontraban refugio y conversación.

La propietaria del resort, la empresaria tailandesa Rena Udomkunnatum, se enamoró de este rincón salvaje a las afueras de la ciudad

Un siglo después, la propietaria del resort, la empresaria tailandesa Rena Udomkunnatum, que se enamoró de este rincón salvaje a las afueras de la ciudad, confió en el arquitecto e interiorista americano Bill Bensley para devolverle la vida. El resultado fue el primer resort de lujo dentro del Patrimonio Mundial de Luang Prabang; 23 residencias que cuentan, cada una a su manera, la historia de este territorio.

El Asaya Spa, escondido entre la vegetación más densa

Bensley, considerado uno de los diseñadores de hoteles más admirados del mundo, con más de 200 proyectos en 30 países, es sobre todo un maestro a la hora de contar historias a través del espacio. Para este proyecto se inspiró en la arquitectura franco laosiana que hace única a la ciudad, y con ella construyó un universo coherente, casi como si el propio edificio narrara su historia.

Es el primer resort de lujo dentro del Patrimonio Mundial de Luang Prabang

Baúles de viaje vintage, mapas enmarcados, antigüedades de mercados regionales y paneles tallados a mano llenan cada rincón, dándole personalidad a cada espacio. Y cada habitación lleva el nombre de un personaje histórico que alguna vez pasó por Laos; el botánico Dr. Clovis Thorel, el arquitecto Ernest Hébrard, el gobernador Pavie, la pintora Alix Aymé.

El hospedaje

Se encuentra encaramado sobre las laderas que bordean el río Nam Dong, a diez minutos en coche del centro histórico de Luang Prabang, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1995

De entre todas las residencias, las Riverside Suites son quizás las que mejor reflejan este lenguaje estético. Sus interiores combinan muebles coloniales franceses con papeles pintados de colores intensos, azules profundos, verdes selva, ocres tropicales, textiles laosianos tejidos a mano, vasijas de cerámica artesanal y piezas de papel de morera enmarcadas. Desde las terrazas privadas, el Nam Dong discurre entre vegetación exuberante.

Desde las terrazas privadas, el Nam Dong discurre entre vegetación exuberante.

Las Waterfall Pool Villas van un paso más allá, con piscinas privadas al aire libre que se funden con el paisaje mientras el sonido de las cascadas de fondo es simplemente precioso.

Lo que de verdad distingue al Rosewood es su catálogo de refinadas experiencias

Y las Hilltop Tents, encaramadas entre los árboles como nidos de explorador, celebran el espíritu aventurero con terrazas privadas de 75 metros cuadrados desde las que las vistas sobre la selva y el río resultan, sencillamente, difíciles de superar. El servicio de turndown nocturno añade pequeños detalles artesanales, dulces locales y piezas de decoración hechas a mano, que hacen de cada noche algo distinto a la anterior.

Gastronomía y coctelería junto al río

Si hay una experiencia que resume la magia del Rosewood, es el crucero privado al atardecer por el Mekong

El restaurante del resort, The Great House, es una sala de techos altos con ventanales abiertos al jardín desde los que se domina la cascada. La cocina utiliza ingredientes de granjas locales; verduras, huevos, queso de leche de búfala, café de tueste artesanal laosiano, en propuestas que mezclan lo galo y lo laosiano sin forzar el maridaje.

El enclave fue una finca colonial donde los aventureros del momento encontraban refugio y conversación.

Al caer la tarde, el Elephant Bridge Bar, instalado sobre lo que fue literalmente un puente de elefantes, es el punto de encuentro del resort; cócteles preparados con hierbas y botánicos locales, hamacas sobre el río y una brisa que llega puntual desde el Mekong.

Rituales curativos

El Elephant Bridge Bar, instalado sobre lo que fue literalmente un puente de elefantes

El Asaya Spa, escondido entre la vegetación más densa del resort, ocupa cabañas entoldadas con suelos de cristal bajo los que fluye el río; los tratamientos se inspiran en los rituales curativos de las comunidades Hmong y utilizan botánicos de montaña que llevan siglos en uso.

Bensley es sobre todo un maestro a la hora de contar historias a través del espacio

Pero lo que de verdad distingue al Rosewood es su catálogo de experiencias, todas ellas refinadas, cuidadosamente pensadas y curadas. Es difícil escoger, todas y cada una de ellas vale mucho la pena. Estas son algunas de las más memorables.

Perspectivas arquitectónicas con Francis Engelmann

El servicio de turndown nocturno añade pequeños detalles artesanales, dulces locales y piezas de decoración hechas a mano

El recorrido de perspectivas arquitectónicas con Francis Engelmann, entre las experiencias que propone el Rosewood, es, probablemente, la más singular; Engelmann nacido en París en 1947, escritor e investigador independiente afincado en Luang Prabang desde hace décadas, formó parte del equipo que trabajó en la candidatura de la ciudad ante la UNESCO y lleva más de veinte años colaborando con el organismo en la conservación del patrimonio urbano.

En el spa, los tratamientos se inspiran en los rituales curativos de las comunidades Hmong

Conoce cada fachada, cada curva de tejado, cada callejón, con la intimidad de quien ha convertido una ciudad en objeto de amor y de estudio, y caminar junto a él es entender cómo la mezcla de arquitectura laosiana tradicional, casas de madera sobre pilotes, tejados curvos, villas coloniales francesas y casas comerciales chinas, punteada por templos budistas de oro encendido, fue el argumento decisivo para la declaración de Patrimonio Mundial; Luang Prabang, según Engelmann, no es un decorado, sino un organismo vivo cuyas capas históricas siguen siendo legibles en cada edificio.

Crucero privado al atardecer por el Mekong

Rosewood Luang Prabang cuenta con 23 residencias

Si hay una experiencia que resume la magia del Rosewood, es el crucero privado al atardecer por el Mekong; a las cuatro de la tarde, una embarcación de madera lacada, restaurada con delicados tejidos laosianos por la Dra. Linda McIntosh, experta internacional en textiles del país, espera amarrada a la orilla con dos miembros del equipo del Rosewood a bordo, completamente privada, sin más pasajeros que el agua y el silencio roto por la corriente. A bordo, una selección de platos laosianos recién preparados, queso de búfala local, pan artesanal y una botella de rosé bien fría convierten la travesía en una cena flotante mientras el sol se va escondiendo detrás de las colinas y el agua se tiñe de naranja y malva; entre el río, la selva a ambos lados y la copa en la mano, el momento es de esos difíciles de describir y aún más difíciles de olvidar. A unos 390 dólares por pareja, es uno de los planes más caros del resort, pero de los que realmente valen la pena.

Cuevas de Pak Ou

Las Waterfall Pool Villas van un paso más allá, con piscinas privadas al aire libre

Otra de las experiencias curadas por el Rosewood que valen mucho la pena es la visita a las cuevas de Pak Ou, río arriba por el Mekong, a unos 25 kilómetros de la ciudad; los acantilados de piedra caliza guardan uno de los lugares más evocadores de todo el Sudeste Asiático. Durante siglos, peregrinos y devotos han llenado estas cavernas con miles de estatuas de Buda de todos los tamaños y materiales, creando un santuario improvisado que acumula siglos de fervor popular. El Rosewood organiza cruceros privados hasta allí, con tiempo para explorar las dos grutas, Tham Ting, accesible desde el río, y Tham Phum, la cueva interior, y para escuchar las leyendas que los guías del resort cuentan como quien ha crecido rodeado de ellas.

Hilos de la Tradición con la Dra. Linda McIntosh

Cada habitación lleva el nombre de un personaje histórico que alguna vez pasó por Laos

La experiencia Hilos de la Tradición lleva a los huéspedes a visitar tejedoras locales y a comprender los procesos de teñido natural, tocando con las manos una tradición que lleva milenios transmitiéndose de madre a hija.

No es frecuente que un resort ofrezca acceso a alguien de la talla de la Dra. Linda McIntosh; experta internacional en textileslaosianos, lleva décadas documentando las técnicas de tejido tradicional de las comunidades femeninas del país, un trabajo que trasciende lo académico porque muestra cómo el telar es, en muchas aldeas, la principal fuente de independencia económica de las mujeres. Los hilos de seda laosiana no producen simplemente tela; producen historia, identidad y sustento. Las piezas teñidas con índigo, cúrcuma y flores de marigold que salen de esos telares no son souvenirs; son, en el sentido más literal, herencias.

Oferta cultural y ofrenda de limosna en Phanom

El proyecto se inspira en la arquitectura franco laosiana que hace única a la ciudad

La oferta cultural del Rosewood es extraordinariamente generosa; el Taller de Papel Saa introduce en la fabricación artesanal del papel de morera, presente en mapas, menús y marcos por todo el resort, mientras que Tiao Somsanith Nithakhong, al que llaman cariñosamente le petit prince, dedica su vida a preservar tradiciones en extinción como el teatro de marionetas laosianos y el bordado en hilo de oro y plata. Pero si hay una experiencia que merece levantarse antes del alba, es la ofrenda de limosna en Phanom, un pueblo alejado de los circuitos turísticos; la expedición parte a las cinco de la mañana, guiada muchas veces por un exmonje del propio equipo del resort, para participar en el Tak Bat, el ritual en que las familias ofrecen arroz y fruta a los monjes que recorren las calles en silencio. La mañana continúa con meditación en el templo, y salir de allí con la imagen de los monjes naranja desfilando entre la niebla es, a su manera, una forma de reorganizar las prioridades.

La cocina utiliza ingredientes de granjas locales como verduras, huevos o queso de leche de búfala

Desde sus 23 residencias hasta la última vasija de cerámica sobre una repisa, el Rosewood Luang Prabang ofrece un argumento sólido a favor de que el verdadero lujo no se mide en metros cuadrados ni en estrellas, sino en la calidad de lo que se aprende, se siente y, sobre todo, se lleva consigo al marcharse.

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Fuente original: Leer en Expansión
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