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Política

Rufián arría la balsa de salvamento y Aznar le arrea a Vox

Rufián arría la balsa de salvamento y Aznar le arrea a Vox
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El portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso intenta volar por su cuenta en el proyecto de Unión de las Izquierdas, el PP patina contra Marlaska y Aznar advierte sobre los peligros de Vox Leer

El sol salió en Madrid a buen paso. Si noticia es aquello que le ocurre a la gente, a nosotros nos ha ocurrido al fin el sol. La bomba de hidrógeno se ha puesto a dar a alegría. Así llego al Senado, con mi escolta en lo alto. Antes de entrar pienso en la semana mientras la gente pasa, de un lado a otro, pensando en lo que piensa la gente al pasar. La semana está formidable. Sobresaltada. Un punto histérica, como es costumbre. Empezó con RufiánSuperstar intentando lañar el casco de la izquierda, el barco ebrio de la izquierda (a lo Rimbaud). En el Círculo de Bellas Artes, desafiando a uno de sus jefes, el indivisible Oriol Junqueras, desplegó fórmulas para dar saltitos izquierdos ahora que pintan bastos en todas direcciones. El minué no salió mal, pero aplicaba conceptos que costará levantar y creer: Para vencer a la ultraderecha hay que aplicar "ciencia, método y orden". Lo pronunció del tirón, sin atascársele la voz. Suena a lema ideal de orden platónico. Desconozco si hay horizonte para estos malabares, por más que lo intente entonar con una indignación de serie bien engrasada.

De momento, a Rufián Superstar le hacen la cama algunos de su partido. Los contratos de exclusividad en política complican mucho la vida si dispensas ideas por cuenta propia. Este arreón de reconfigurar la formación tortuga para hacer frente al naufragio inminente no es mal plan, pero tiene algo de impracticable. Esta gente no se lleva bien entre ellos. Las izquierdas implosionan siempre hacia adentro. Y no lo escribo con gusto. Verás para elegir un líder o a una lideresa. Cuando lo consensuen estaremos algunos dejando la dentadura en el vaso de la mesilla de noche. Le deseo lo mejor a la iniciativa de juntar izquierdas. En serio. Hacer frente a la ultraderecha es justo y necesario. Eso sí, no hay rastro de un humano capaz de ilusionar como antes.

Y cuando la semana tenía carbón suficiente, salta el presunto delito del exDAO de la Policía Nacional, José Ángel González, acusado por una subordinada de violación. Hay un audio que prueba el acoso y el ultraje. Otro del entorno sociata que prende lumbre nueva con leños viejos. Esther Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, lanzó el ramo de la boda a la cara del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Lo acusó de conocer y tapar la mierda que corona al jefe máximo de los maderos, pero Muñoz lo acusó sin pruebas, sin red, sin salida. Mal arranque. Esta mañana Feijóo ha salido haciendo en el moonwalk en Granollers, dos pasito pa'trás. Hoy no tienen tan claro que Marlaska conociese el infierno que vivido por la denunciante. Mucha acusación la de Muñoz para no tener (de momento) nada en que apoyarla. Desconozco si Marlaska estaba al tanto de una delincuencia así, pero es difícil que alguien con medio dedo de sensatez, ministro del Interior, acepte esconder alegremente la presunta salvajada de un salvaje. Yo creo que no, pero a saber. El caso es que el PP apaliza a Marlaska con una mano e intenta con la otra tapar la boca de la edil que denunció al alcalde de Móstoles por motivos parecidos. Qué raro es todo.

Ahora sí que entro al Senado. En este momento español de derribos incesantes, cuando el Gobierno coge sucesivamente un aire de grieta, de lonja de pescado, de quirófano y de últimas voluntades, nada como hablar de otros siglos para denunciar lo que nos hemos degradado. Es por eso que el expresidente Aznar fue con su Faes acuestas hasta el Salón de Pasos Perdidos de la Cámara Alta a presentar el libro del profesor Eduardo Nolla Blanco: Alexis de Tocqueville. Un liberal único. El primero en plantearse el tema de la democracia y la libertad según EEUU. Lo pensó con empeño mucho antes de que Isabel Díaz Ayuso echase una medalla madrileña a La Bestia Trump (porque se la ha echado a Trump) fingiendo emociones purísimas sobre la democracia gringa, la misma que odia La Bestia. A Tocqueville le sucede como al poeta Walt Whitman y al presidente Abraham Lincoln, los tres son manipulados cuando hace falta para justificar el liberalismo, la libertad y la seguridad. Cualquier atropello yankee encuentra excusa en alguno de ellos y siempre en favor de la "democracia Americana", tan sui generis en este mismo momento. El libro pinta bien. Lee Aznar frases de unos folios: "Tocqueville desea evitar que en democracia el resentimiento y la envidia tengan la última palabra". Qué habrá querido decir con eso. Y le suelta un puyacito a Vox y a Trump: "Hoy somos testigos de una perversión del individualismo, inducida y alentada por voces que preconizan la superación de la democracia neoliberal, o sea la realmente existente, en aras de una auténtica democracia radical. En nombre de la expansión de la democracia se nos invita a redefinir instituciones seculares... Es difícil ser amigo de la democracia, pero es necesario serlo". Ya estamos todos, ahora que la decencia y la lógica ha quedado reducida a una cuestión técnica. El sol sigue ahí.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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