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Málaga
Domingo, 19 de abril 2026, 00:03
... que verán aliviada su situación, ya que la espada de Damocles de la expulsión ya no penderá sobre ellos. Ya apunté hace unas semanas en esta misma sección que la medida impulsada por el Gobierno había que acogerla con satisfacción por motivos humanitarios y por la propia necesidad del país de contar con mano de obra. Es muy duro venir a un país como España para ganarse la vida y contemplar cómo no pueden integrarse en el mercado laboral porque la ley impide la contratación si no se está en situación legal. Condenar a miles de personas al mercado negro es algo simplemente inaceptable por un doble motivo.La regularización es una buena medida, aunque ahora el periodo electoral en el que nos encontramos puede empañar la misma con mensajes de trazo grueso que no tratan de una manera sosegada el verdadero problema que hay en este país con la inmigración. Las condiciones impuestas van a dejar a miles de extranjeros sin regularizar, porque no es fácil conseguir el certificado de antecedentes penales en sus países.
El Gobierno ya ha dicho que no los va a expulsar, por lo que se mantendrá una importante bolsa de personas que van a malvivir, porque están condenadas al mercado negro laboral o a la delincuencia en el peor de los casos, pues por desgracia más de uno recurrirá a los hurtos o robos para poder subsistir.Está claro que el sistema hace aguas, se mire por donde se mire y es lo que hay que arreglar. Hay que cambiar la ley y no hacer lo mismo de siempre, porque simplemente no funciona. Pensar que se va a conseguir una inmigración ordenada contando con los países de origen de estos inmigrantes es de ilusos. No colaboran, así de fácil, y es muy posible que la corrupción campe a sus anchas en esas naciones para seleccionar a un determinado cupo de personas que quieren trabajar en un país extranjero.
La solución podría venir cambiando las condiciones para legalizar a un extranjero. Ahora se requiere tener papeles para conseguir un contrato de trabajo. Quizá la solución podría consistir en hacer exactamente lo contrario. O sea, dar los papeles si un extranjero consigue un trabajo. Si los responsables políticos y los empresarios están todos los días quejándose de que hace falta mano de obra para conseguir que el país siga creciendo, ¿por qué no se apuesta por este modelo? Sería más lógico que cualquier inmigrante que entrara en España tuviera un margen de dos, tres meses o el que se considere adecuado, para conseguir un empleo y si lo lograra se regularizara de manera automática, con una serie de condiciones de temporalidad para evitar fraudes. O sea, que la duración de esos contratos no fuera corta. Esta no deja de ser una medida de carácter realmente liberal, ya que será el mercado laboral el que determine cuántas personas puede absorber.
Ahora bien, si se optara por este modelo hay que ser inflexibles con los inmigrantes que no consigan un contrato en el plazo establecido, porque el Estado tampoco tiene por qué sufragar la sanidad, la educación o la manutención de todo el que quiera probar suerte en España y no lo consigue. De esta manera se cortaría el efecto llamada que efectivamente podría provocar problemas de convivencia en nuestro país. Hay que ser valientes para solventar este fenómeno y para ello hay que cambiar las normas, de lo contrario estaremos cada cierto tiempo con estas regularizaciones masivas…
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