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Detalle del post en redes que enlazaba un artículo publicado en 'The Atlantic'.Domingo, 15 de febrero 2026, 00:39
... de recortes de periódicos internacionales con el análisis que hacen de lo que acontece y se sufre en Estados Unidos. Y comenzamos con la revista 'The Atlantic' que es la que últimamente ha lanzado el titular más contundente: «Yes, it is fascism». Precisamente, es el que tomamos prestado para encabezar estas líneas. Su autor, Jonathan Rauch, además de colaborar con la publicación, es un veterano investigador sobre gobernanza y políticas públicas. En la pieza, que se publicó el pasado 25 de enero, reconoce: «Hasta muy recientemente, pensaba que era un término -el de fascismo- que era mejor evitar. Pero ahora las semejanzas son muchas y demasiado fuertes como para negarlas». «¿Qué significa que Donald Trump es fascista?». Y reflexionaba: «Trump toma las herramientas de los dictadores y las adapta para internet. Deberíamos esperar que intente aferrarse al poder hasta la muerte y cree un culto a los mártires del 6 de enero (la fecha del intento de toma del Congreso de Estados Unidos por parte de los MAGA, a los que llegó a alentar)».Ampliar
Captura de la web de la revista 'The Atlantic' el pasado 25 de enero.También desde Nueva York, el comité editorial de 'The New York Times' acaba de actualizar hace pocos días el 'tracking' que efectúa de doce indicadores para medir el grado de erosión de la democracia estadounidense y que vio la luz por primera vez el pasado mes de octubre. Cada categoría que se mide se muestra gráficamente como una línea en la que se marca un punto que expresa lo cerca o lo lejos que en esa materia se está de la democracia pre-Trump (de la situación previa al inicio de su segunda presidencia) o de una autocracia.
De la historia-ficción de Roth a la cruda realidad
Parece que ha dejado de ser parte de la ficción la posibilidad que dibujaba Philip Roth en su novela 'La conjura contra América' de que Estados Unidos pueda convertirse en una dictadura fascista. Aunque lo cierto es que la obra del escritor de Newark es historia-ficción o historia alternativa: contaba qué hubiera pasado si en Estados Unidos se hubiera impuesto el fascismo en los años treinta del pasado siglo como sí sucedió en Europa. Lo que ahora ocurre es que se abre la posibilidad de que esas ideas autoritarias y perseguidoras de minorías y disidentes lleguen a ser más trasatlánticas que la mismísima OTAN.
Pero volvamos a la batería de indicadores que tiene en cuenta 'The New York Times' para medir el grado de deriva autoritaria que sufre Estados Unidos: represión de la libertad de expresión y el disenso; persecución de los oponentes políticos; desafío a los tribunales; declaración de falsas emergencias; uso del ejército dentro del país; vilipendio de grupos marginalizados; control de la información; intento de tomar el control de las universidades; culto a la personalidad; uso del poder en beneficio personal; y manipulación de la ley para mantenerse en el poder. En todos los indicadores, Estados Unidos está peor hoy que hace un año cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca por segunda vez, especialmente en algunas categorías, como el uso de la presidencia para enriquecerse -el propio periódico calcula que la fortuna del presidente ha crecido en al menos 1.400 millones de dólares en estos últimos doce meses-, el ataque a las minorías, la persecución de adversarios políticos o el culto a la personalidad.
«Muchas formas de expresión del descontento se mantienen vibrantes en Estados Unidos, en los tribunales, en el Congreso, en los medios de comunicación y en las calles. Pero el señor Trump y sus aliados han restringido la disidencia en aspectos fundamentales. Esto es una violación de los valores americanos»
El editorial del rotativo estadounidense sintetiza así la situación: «Nuestro país no está aún cerca de ser una verdadera autocracia. Muchas formas de expresión del descontento se mantienen vibrantes en Estados Unidos, en los tribunales, en el Congreso, en los medios de comunicación y en las calles. Pero el señor Trump y sus aliados han restringido la disidencia en aspectos fundamentales. Esto es una violación de los valores americanos básicos».
A este lado del Atlántico, antes de los comicios de 2024, Edward Luce alertaba en el británico 'Financial Times' de que «Estados Unidos no está demasiado preocupado por el fascismo», pese a que, desde la primera línea tildaba al presidente de «neofascista, etnonacionalista» y lo acusaba de suponer una «amenaza» para la democracia. También avisaba de que puede que cuando los votantes estadounidenses se den cuenta del peligro puede ser ya «demasiado tarde». Por su parte, 'The Economist' sacaba también hace unos pocos días una portada con una impactante fotografía en la que los «agentes» del ICE se llevaban violentamente a una mujer en volandas con el titular sobreimpreso «El peligro paramilitar americano». 'Le Monde' sacaba otra opinión editorial titulada: «La violencia de extrema derecha es ahora la política y la práctica oficial del Gobierno estadounidense».
Los medios reseñados no son antisistema. Digamos que su línea es la del liberalismo clásico y, lógicamente, se dedican a defender la democracia liberal y sus valores.
Detalles de las portadas de la revista eslovena 'Objektiv', el diario francés 'Liberation' y la germana 'Der Spiegel'.Neoimperalismo trumpista
Otro ingrediente del fascismo histórico es el afán expansionista. Y se puede reunir una buena colección con las portadas que sacaron muchos medios internacionales después de la intervención estadounidense de Venezuela y la extracción (si compramos el eufemismo o el maquillaje de la realidad) de Nicolás Maduro. 'The Guardian': el titular «The Donroe Doctrine» con la imagen de Trump apoyado sobre el globo terráqueo en gesto de dominio; 'Der Spiegel: el presidente colocando banderas estadounidenses por el mundo y el titular «Alles meins»; 'Liberation': «Maduro capturé. Tump Empire»; y, por último, la revista eslovena 'Objektiv' que salió a la calle con la portada más impactante: un Trump al que le sale petróleo de la nariz dibujándole un bigote parecido al del personaje histórico que llevó al mundo a un Holocausto y una masacre global.
Leyendo todo esto, viendo todas estas imágenes, quien escribe sólo desea que se ponga fin a esta espiral autoritaria en Estados Unidos y en los países que llevan tiempo transitando este camino (Israel, India, Rusia, Hungría, Italia…). Y sobre todo teme que algún día tenga que ser la prensa española la que dé la voz de alarma de lo que ocurre de puertas para adentro cuando sea demasiado tarde y ya sólo pueda realizar análisis a lo 'New York Times' para medir cuánto se va acercando este país a una autocracia que persigue a las minorías y restringe libertades. Que no suceda. Recordar el pasado estos días que se homenajea a las víctimas de la Desbandá debería ser una vacuna para la no repetición. Debería.
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