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Sánchez acortará la legislatura 6 meses: habrá elecciones en febrero o marzo sin que el juicio a Begoña altere sus planes

Sánchez acortará la legislatura 6 meses: habrá elecciones en febrero o marzo sin que el juicio a Begoña altere sus planes
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El presidente cede a la presión de sus socios, pero intentará llegar al primer trimestre de 2027. Más información: Peinado envía a juicio a Begoña, le retira todos sus pasaportes, le prohíbe salir de España y le hace 'fichar' cada 15 días

El presidente Pedro Sánchez, este viernes en Bruselas. Efe

Política Sánchez acortará la legislatura 6 meses: habrá elecciones en febrero o marzo sin que el juicio a Begoña altere sus planes

El presidente cede a la presión de sus socios, pero intentará llegar al primer trimestre de 2027.

Más información:Peinado envía a juicio a Begoña, le retira todos sus pasaportes, le prohíbe salir de España y le hace 'fichar' cada 15 días

Publicada 21 junio 2026 03:33h Las claves

Las claves Generado con IA

"La vida es muy dinámica", concluyó Pedro Sánchez el viernes en Bruselas para tratar de explicar que los acontecimientos siempre pueden modificar los planes.

Lo dijo con la autoridad de quien es reconocido como un político con demostrado instinto para adaptarse rápidamente a las circunstancias y recalcular su ruta cuando sea necesario.

Lo dijo casi al final de una semana en la que tras el tupido muro de informaciones negativas para el presidente sobre escándalos, autos judiciales e informes policiales, se esconde un alivio para Sánchez.

En concreto, ha conseguido con la colaboración de sus socios, especialmente el PNV, quitarse la presión sobre la fecha del final de la legislatura. Salvo que la "vida dinámica" le haga tener que adaptarse a nuevas circunstancias, las coordenadas marcan como probable que las elecciones generales se celebren entre febrero y marzo de 2027.

No contaba el presidente con que terminaría la semana este sábado con un auto del juez Juan Carlos Peinado que sienta en el banquillo y ante un jurado popular a su esposa, Begoña Gómez, y que, además, le retira el pasaporte y le impone acudir al juzgado cada 15 días.

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Todo un mazazo que el Gobierno ha recibido con indignación y con la acusación de "persecución" directa por parte del juez al propio presidente del Gobierno.

El Gobierno ya consideraba imparable que antes de final de año se celebre el juicio a Begoña Gómez, igual que se prepara a una inminente sentencia condenatoria del Tribunal Supremo a José Luis Ábalos y Koldo García, a una condena en Badajoz en primera instancia al hermano del presidente y a largos calvarios judiciales en los casos de José Luis Rodríguez Zapatero, de la llamada cloaca del PSOE, del proceso contra Santos Cerdán y de otros sumarios en fase embrionaria que afectan a los socialistas.

No esperaba Moncloa un auto como el de Peinado que da por hecho que la esposa del presidente puede fugarse de España y eludir la justicia.

Lo consideran excesivo y, al tiempo, les sirve como demostración de la existencia de una especie de conspiración de lawfare.

Les ayuda a mantener, desde la indignación, el mensaje que aglutina a sus votantes más fieles, a su núcleo duro, en rescate de quien es perseguido, es decir, de Sánchez. Aúna en torno a él a los socialistas que podrían estar dudando del apoyo a Zapatero o de su desconocimiento de las andanzas de Cerdán.

El "ataque exterior encabezado por Peinado" es un argumento sólido para que Sánchez aborde el fin de curso político y luego la recta final de la legislatura.

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Como ya daban por hecho el juicio con jurado contra Begoña Gómez a finales de año, eso no altera el calendario sobre el que trabajan en Moncloa con elecciones en el primer trimestre de 2027.

Es más, ya trabajaban desde hace tiempo con sus socios, especialmente el PNV, para hacer efectivo ese calendario, con hitos políticos como la presentación de Presupuestos y la posibilidad de que sean rechazados.

Por eso, esta semana Sánchez ha logrado ganar tiempo y llegar a 2027 como pretendía, con un adelanto de pocos meses que ni siquiera puede considerarse un adelanto electoral.

Y los socios quedan tranquilos porque ya saben que no habrá "superdomingo", es decir, generales con municipales y autonómicas a finales de mayo de 2027, y tampoco la legislatura llegará a julio.

Respiran aliviados los candidatos autonómicos y municipales del PSOE porque evitan ser los paganos del desgaste del sanchismo como ocurrió en 2023, y Sumar (o como se llame o configure dentro de un año) tiene tranquilidad para afrontar su complicado debate existencial e intentar armar una opción reconocible.

Tiene mucho que ver con lo que ha pasado esta semana la reconocida habilidad del PNV para moverse entre bambalinas aprovechando la espesa red de relaciones que ha tejido con el Gobierno y el PSOE.

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Periódicamente el líder de los nacionalistas vascos, Aitor Esteban, viaja a Madrid con una apretada agenda de reuniones con ministros y altos cargos.

A principios de esta semana estuvo en Madrid con maratón de reuniones, que se complementan con las que mantienen también los miembros del Gobierno vasco.

Esteban ha tenido durante la legislatura como interlocutora principal a María Jesús Montero, porque el PNV siempre prefiere hablar con quien tiene mando y poder. Por eso nunca llegaron a tener como interlocutor principal a Santos Cerdán, que sí hablaba con Bildu.

Tras la marcha de Montero, Sánchez designó para esa función a Antonio Hernando, formalmente secretario de Estado de Telecomunicaciones y con experiencia en las negociaciones de su etapa de portavoz parlamentario, cuando coincidió y entabló buena relación con Esteban.

Además, el PNV tiene contacto estrecho con el titular de Hacienda, Arcadi España, con Félix Bolaños, ministro de Justicia y Presidencia, y con otros miembros del Gobierno para las negociaciones sectoriales, porque aspira a lograr aún acuerdos con el Gobierno sobre medidas económicas o traspasos pendientes.

La mayoría tienen que ver con la industria vasca, con quejas por parte del PNV como la falta de apoyo a las empresas militares de esa comunidad. Y también para presionar sobre otros asuntos como el estatuto médico que provoca una huelga de facultativos que hunde las listas de espera de la sanidad de Euskadi.

Inquietud en el PNV

En esos hilos entrelazados, el PNV hizo saber a Sánchez que les mataba políticamente que las generales coincidan con las municipales, porque las elecciones locales son muy importantes para ellos y porque las diputaciones forales que se deciden mueven más presupuesto que el propio Gobierno vasco.

También trasladaron que cada vez se les hacía más difícil sujetar al Gobierno cuando saltan casos de corrupción, que necesitan poner distancia, aunque no puedan romper porque dependen de los socialistas en el Gobierno vasco, las diputaciones y muchos ayuntamientos, sin opciones de mayorías alternativas.

Sánchez respondió al PNV hace semanas descartando públicamente el superdomingo electoral. Incluso, para que quedara claro, lo repitió en varias comparecencias públicas.

Y los nacionalistas vascos cumplieron este miércoles cuando su portavoz en el Congreso, Maribel Vaquero, emplazó a Sánchez a presentar Presupuestos y a convocar elecciones si no se aprueban.

Un día antes, Junts presentó una iniciativa para instar al presidente del Gobierno a convocar elecciones. Lo hizo sin avisar al PNV y sólo con una llamada horas después de entregarla en el registro del Congreso.

Francina Armengol lo paró ese mismo día en la Mesa de la Cámara, haciendo un favor a Sánchez y, también a los nacionalistas vascos que hubieran tenido complicado decidir qué votaban si la iniciativa llegaba al Pleno.

El regreso de Puigdemont

El presidente del Gobierno gana oxígeno y se quita presión con lo que en la práctica es acortar en unos meses la legislatura.

Obviamente, en el Gobierno y entre los socios se ve imposible a día de hoy aprobar unos Presupuestos que necesitarían el voto de Junts y el de Podemos.

Pero, como "la vida es dinámica" ya se ha dado la patada al balón y no se lo encontrarán hasta septiembre u octubre, cuando es posible que Carles Puigdemont pueda volver a España y juicios como el de Begoña Gómez ya estarán convocados o concluidos.

Si no hay Presupuestos porque se rechazan en el debate de totalidad en octubre o noviembre, Sánchez podrá convocar para entre 54 o 60 días después, es decir, para febrero. Si caen al final del trámite en diciembre el margen se amplía.

Por supuesto, todo esto dando por hecho que esta vez Sánchez sí cumple la promesa de llevar las cuentas al Congreso y si lo hace dentro del plazo constitucional de finales de septiembre, porque lleva tres años anunciando lo mismo y sin cumplirlo, bajo el principio de la "vida dinámica", antes conocido como "hacer de la necesidad virtud".

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