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María Jesús Montero y Pedro Sánchez, este domingo en Córdoba. efe/salas Elecciones andaluzas Sánchez contrapone el patriotismo del bienestar al modelo de segregaciónEl presidente sostiene que la prioridad son paz, empleo y servicios públicos y no la de los pactos que discriminan a los inmigrantes
Sevilla
Domingo, 26 de abril 2026, 14:00
... decidido a rescatar el concepto de «prioridad nacional» impuesto por Vox en los pactos de Extremadura y Aragón, pero desde una óptica diametralmente opuesta: cubriéndolo con un barniz de constitucionalismo social frente a lo que considera un ataque frontal a la convivencia. Desde Córdoba y en un ambiente cargado de simbolismo, el presidente ha trazado una línea roja entre el patriotismo de la cartilla sanitaria y el que busca señalar al diferente para justificar alianzas de gobierno.Urgencias materiales
Frente a esa «prioridad» que se traduce en barreras y señalamientos, el presidente ha erigido un catálogo de urgencias materiales. La tesis es sencilla pero profunda: la verdadera soberanía de una nación se mide en la calidad de su empleo, en la paz que exporta al mundo y en la robustez de sus servicios públicos.
Sánchez rescató el concepto de «prioridad nacional» impuesto por Vox, pero desde una óptica diametralmente opuesta
Propuso una redefinición del orgullo patrio que no mira al origen de quien camina por la calle, sino a la dignidad de quien llega a fin de mes. Al contraponer la «prioridad de la paz» frente a la «prioridad de la guerra» o el progreso frente al retroceso, Sánchez abogó por desactivar el discurso del miedo al inmigrante, situando el verdadero peligro en el recorte de derechos consolidados.
Pasado del PP
La sombra de 2018 ha planeado sobre el acto como un recordatorio de lo que el socialismo considera una etapa de oscuridad. Describió una España estancada, desconfiada de sus instituciones y anestesiada por la corrupción de la Kitchen. El presidente ha rescatado la imagen de un país que competía en el mundo reduciendo costes laborales y congelando el salario mínimo, una receta que, a su juicio, solo genera fractura social y territorial. La advertencia es clara: cuando el debate se desvía hacia la identidad y el rechazo al otro, suele ser para ocultar una mano que, «a la chita callando», está vaciando la hucha de las pensiones o engrosando las listas de espera en los hospitales.
Servicios públicos
En este tablero, quiere situar a Andalucía como el gran laboratorio de la resistencia. Con la candidata socialista, María Jesús Montero, como punta de lanza, el mensaje ha buscado movilizar a una clase media trabajadora que, en su opinión, ve cómo, a pesar de la inyección récord de 300.000 millones de euros a las comunidades autónomas, el servicio público languidece en manos de gestores de derechas. Sánchez ha insistido en que no es una cuestión de recursos, sino de alma. «Da igual los recursos que pongas en manos de gobiernos de la derecha, porque no es una cuestión de dinero, es una cuestión de modelo social», ha subrayado, vinculando directamente la gestión de Juanma Moreno con la melodía privatizadora de Díaz Ayuso.
El contraste entre los «pactos de señoros» de Abascal y Feijóo y una Andalucía feminista y diversa ha sido otro de los ejes de su intervención. Al elevar a Montero —médica de formación y gestora de carrera— como el antídoto contra el desmantelamiento de lo público, Sánchez personificó en la candidata el Estado del bienestar. Señaló que no se trata solo de gestionar presupuestos, sino de blindar el patrimonio común de quienes no tienen más herencia que la educación de sus hijos y la atención en su centro de salud. Apuntó a la defensa de lo público como la única herramienta capaz de hacer grande a una sociedad sin dejar a nadie en la cuneta por su lugar de nacimiento o su cuenta corriente.
El cierre de su intervención fue una apelación directa al futuro y a la democracia de las urnas. Sánchez ha querido dejar claro que el 17 de mayo no solo se elige un parlamento, sino una forma de entender la nación. En su dicotomía, se decide si la prioridad es el ruido y la discriminación que emana de los nuevos pactos de la derecha o el «progreso justo» que se palpa en la revalorización de las pensiones conforme al IPC. El presidente se ha marchado con la convicción de haber devuelto el golpe terminológico: la prioridad nacional, en su diccionario, no es un muro contra el inmigrante, sino un puente hacia la justicia social y la convivencia pacífica.
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