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Sánchez evalúa dar un paso al frente

Sánchez evalúa dar un paso al frente
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Sin dogmasSánchez evalúa dar un paso al frente
  • IÑAKI GARAY
Actualizado 3 OCT. 2026 - 00:25Manifestantes por la vivienda, ayer en Madrid.Gustavo Valiente / Europa PressEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Con los dos decretos sobre vivienda Pedro Sánchez pretendía hacer lo mismo que decía aquel dictador de una república bananera: "Estábamos al borde del precipicio y decidimos dar un paso al frente". Lo que ocurre es que Junts no ha querido saltar con él. Era ingenuo pensar que quienes más han contribuido a crear el problema de la vivienda tuvieran intención o capacidad para solucionarlo. Por eso redactaron dos decretos repletos de minas que se sabía que si entraban en vigor todo iría a peor. Desde el principio Sánchez no tenía voluntad de arreglar el problema de la vivienda sino intención de usarlo demagógicamente para obtener ventajas electorales. Tan absurdas eran sus propuestas que, a medida que se conocían los textos, en los portales inmobiliarios se podía ver en tiempo real cómo muchos propietarios retiraban sus pisos del mercado del alquiler.

El problema de la vivienda en este país no se resume en que los malvados caseros suben los alquileres a los desvalidos inquilinos, como quiere hacernos creer este Gobierno y sus socios. Esto no es una batalla entre ciudadanos y especuladores. De hecho, si estos últimos hubieran sido los destinatarios de los decretos al Gobierno le hubiese bastado con poner en el texto "las presentes disposiciones solo serán de aplicación cuando se trate de fondos buitre". Y luego definir qué es un fondo buitre. Pero Junts no se fiaba porque el Gobierno actúa con la misma caradura cuando dice que sube los impuestos a los ricos y luego son los trabajadores y la clase medida los que acaban pagando la factura. El relato del inquilino frente al fondo buitre encajaría más en la definición que Orwell hacía del lenguaje político como forma de comunicación diseñada para hacer que la mentira parezca verdad, descrita en su ensayo Politics and the English Language, publicado en 1946.

Ni los caseros son malvados por naturaleza ni los inquilinos arcángeles, ni al revés, y además ambos se necesitan. No existen esas clasificaciones simples salvo en la mente del oportunista sin escrúpulos que habita en La Moncloa y que sueña con un golpe de suerte. Y este debate, que se presta a la demagogia como ningún otro, ha abierto frente a Sánchez una ventana de oportunidad que le tienta. Sin Presupuestos una vez más, es posible que no tenga otra oportunidad como esta para reivindicarse. La tentación para anunciar en los próximos días el adelanto electoral es demasiado fuerte. Si los tahúres que le rodean le convencen este fin de semana de que es posible endosarle el muerto a la derecha, a pesar de llevar ocho años en el Gobierno, Sánchez saltará a la piscina. Si tiene dudas alargará la legislatura hasta el infinito y más allá por no arriesgarse a perder prematuramente el poder, y con ello TVE, el CIS, el pucherín de la Ley de Nietos y a ese Cándido Conde Pumpido con su TC que le rebaña el plato.

Volviendo al tema de la vivienda, el verdadero problema se manifiesta cada día en que decenas de miles de personas no pueden acceder a una vivienda simplemente porque no existe. Ni la pueden comprar ni la pueden alquilar. El duelo entre inquilinos y caseros se parece bastante al que acontece en el mercado laboral cuando se establece esa falsa dicotomía entre empresarios y trabajadores, atribuyéndole a los primeros la condición de explotadores y a los segundos la de explotados. En este falso dilema siempre quedan fuera los parados, que estarían encantados de conocer a un empresario que les contratase. Un empresario que, como la vivienda, escasea porque el clima político generado para que surja no es propicio. Cuanto más suba la demanda y más se restrinja la oferta, más subirán los precios o más gente no tendrá acceso a la vivienda. Y buena parte de las medidas que incluían los decretos restringían la oferta. Cualquiera que no sea un terraplanista entiende esto. Y Junts de momento no lo es.

Desde que en 2023 se aprobó la Ley de Vivienda la situación ha empeorado tanto en aquellos territorios donde no se ha aplicado la reforma como en los que sí. En este tiempo la vivienda es cada vez más inaccesible para los españoles. Su precio en Madrid ha crecido entre un 25% y un 30% y en Barcelona entre un 20% y un 30%. Los alquileres han subido en Madrid un 35% frente al 25% en Barcelona. Alguien podría decir que esa diferencia de diez puntos está en la aplicación o no de la Ley, pero no es verdad. La diferencia obedece a que la demanda ha subido más en Madrid que en la Ciudad Condal, debido fundamentalmente al mayor crecimiento económico de la capital de España. Las medidas intervencionistas han provocado que en ese tiempo la oferta de alquiler en Barcelona se haya derrumbado en torno a un 50% y un 30% en Madrid.

Algún trauma debe tener este país para haya pasado de ser capaz de construir 600.000 viviendas en 2006, cuando no se necesitaban, a menos de 100.000 ahora, cuando son más necesarias que nunca. Puede que la burbuja provocara en el subconsciente de nuestros representantes daños irreparables, hasta el punto de que un planeamiento urbanístico lleve de 10 a 20 años, que reparcelar o urbanizar pueda suponer de 7 a 15 años, que una licencia pueda tardar hasta 24 meses o que una promoción con el suelo edificable suponga de 36 a 48 meses. En todas estas cosas es donde los que nos gobiernan tienen que ponerse las pilas. Aquí está la clave al problema de la vivienda y no en los decretos trampa. ¿En estas condiciones va Sánchez a convocar elecciones? Está más tentado que nunca de hacerlo. Todo dependerá de que sus asesores le convenzan de que, estando al borde del precipicio, merece la pena dar un paso al frente.

Iñaki Garay. Director adjunto de Expansión

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Fuente original: Leer en Expansión
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