A pesar de haberlo prometido una y otra vez no ha presentado unos Presupuestos en toda la legislatura.
El Gobierno de PSOE y Sumar alcanza este domingo el hito de llevar mil días sin Presupuestos Generales del Estado aprobados por el Congreso de los Diputados. Esta anomalía contable sin precedentes es parte del tensionamiento deliberado de las instituciones públicas llevado a cabo por Pedro Sánchez para retener el poder a cualquier precio.
Durante este tiempo no sólo ha incumplido la obligación fijada en la Constitución Española de presentar los Presupuestos Generales del Estado del siguiente ejercicio al menos tres meses antes de que acabe cada año. No lo hizo con los de 2024, 2025, 2026 ni 2027. También ha hurtado a las Cortes Generales la capacidad para ejercer la función que le atribuye la Carta Magna de supervisar y aprobar o rechazar los planes presupuestarios.
Para lograrlo, Sánchez ha abusado del recurso a la prórroga presupuestaria de las últimas Cuentas válidas, las de 2023, reservado en la ley para situaciones extraordinarias y no como patente de corso para eludir el control parlamentario.
Lo ha hecho incorporando a los Presupuestos de 2023 numerosas ampliaciones de crédito y transferencias entre ministerios, hasta el extremo de dejarlos irreconocibles: los parches contables suman 330.000 millones de euros. Unas modificaciones cada vez más voluminosas debido a los crecientes compromisos de gasto asumidos en Defensa, Sanidad y Pensiones.
Desde que prorrogase por primera vez las Cuentas de 2023 al poco de volver a ser investido presidente del Gobierno, Pedro Sánchez ha prometido reiteradamente que presentaría los Presupuestos, pero nunca ha llegado a cumplirlo en los casi tres años transcurridos desde entonces, emulando así el mito de Penélope, que deshilachaba cada noche el sudario que tejía por el día para burlar a sus pretendientes.
Esta huida hacia delante en materia presupuestaria para salvar la falta de apoyos parlamentarios ha sido facilitada por los récords consecutivos de recaudación tributaria y la llegada del grueso de los fondos europeos NextGeneration EU.
Sin embargo, en adelante no va a poder seguir utilizando esos trucos de trilero porque, como ha advertido recientemente la Airef, el organismo fiscalizador de las finanzas públicas, las nuevas reglas fiscales europeas obligan a un ajuste del gasto estructural a partir de 2027 que choca frontalmente con su gestión dadivosa.
Quizá ese sea el verdadero motivo por el que acumula ya mil días de prórroga presupuestaria ininterrumpida e injustificada.
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