La gestión de la crisis de Ceuta desconcierta al PSOE y agita a socios y oposición, con el papel de Marruecos aún en entredicho
Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez conversa con Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska durante la Pascua Militar. (AFP)Madrid
12/09/2026 a las 13:39h.Pedro Sánchez ha conseguido por fin una tregua en la guerra abierta entre el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la ministra de Defensa, ... Margarita Robles, a cuenta de si hubo o no avisos del CNI relativos a la crisis de Ceuta, pero sigue lejos de convencer no ya a la oposición sino a sus socios de investidura de que el Gobierno no tuvo forma de anticiparse al la entrada de más 70.000 personas a la ciudad autónoma entre el 20 y el 31 de julio y de que Marruecos se ha comportado en todo momento como un socio leal. Y en su partido cunde el desánimo ante la sensación de que en Moncloa se ha perdido el control de la situación.
La desclasificación de 40 documentos de la Guardia Civil, la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y los servicios secretos no salió cómo cabía esperar. En el humano afán por atribuir culpas, algunos en el partido gubernamental apuntan al jefe de gabinete del presidente, Diego Rubio, al que reconocen una gran cabeza para «imaginar la España de 2050» pero conceden escasas dotes como estratega político. «La gestión de esta crisis ha sido muy desafortunada. Ceuta se ha convertido en la gasolina de Vox y la extrema derecha europea», se lamenta un dirigente territorial. Otros, en cambio, defienden al Ejecutivo. «Dar información evita especulaciones, aunque estando como estamos es imposible que nadie se mueva de su posición», excusa otro barón.
Algunos socialistas creen que Moncloa se dio «un tiro en el pie» con la desclasificación de documentos aunque no todos son tan críticos
El Ejecutivo creyó que había puesto el marco necesario para que los documentos publicados en la web de la Moncloa el miércoles se interpretaran de manera distinta gracias a la intervención ante el Congreso en la que Pedro Sánchez reconoció, el 3 de septiembre que sí hubo avisos, pero ninguno que previera la «escala» ni la «probabilidad» del asalto del 30 de julio. También con la entrevista que este mismo miércoles concedió a TVE. De forma minuciosa, había tratado de llegar a una síntesis entre lo que durante semanas defendió la ministra de Defensa -que los agentes del CNI «realizaron la labor que competencialmente les era y es exigible y que compartieron y analizaron con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con el personal de la Delegación del Gobierno»- y la que aseguraban tanto Marlaska como el delegado del Gobierno en Ceuta y líder de los socialistas en la ciudad autónoma, Miguel Ángel Pérez Triano: que no hubo ningún informe que «atisbara» lo que ocurrió el 30 de julio. Aunque, en la práctica, fue a Robles a la que dejó peor parada.
Sánchez admitió que ciertamente hubo mensajes del 29 de julio a la Guardia Civil y la Delegación del Gobierno en Ceuta que alertaban de una convocatoria en redes sociales para intentar cruzar a Ceuta al día siguiente, donde ya aparecía «la famosa cifra de las 180.000 personas» y la matización de que esa cifra «no era una previsión de cuántas personas iban a cruzar, elaborada por el Centro Nacional de Inteligencia». «Era sencillamente el número de integrantes de un grupo de Facebook en la que circulaba esa convocatoria», dijo.
'Striptease' institucional
En contra del sus cálculos, esa anticipación, sin embargo, no sirvió para amortiguar el impacto que generaron la lectura del wasap de un agente de los servicios secretos a un miembro del gabinete de la delegación del Gobierno y también a la Guardia Civil o la llamada posterior de 11 minutos cuyo contenido no se ha publicado y de la que el delegado, Pérez Triano, asegura que no fue informado. Incluso entre muchos miembros del PSOE cundió el asombro y el desconcierto. Tanto que Moncloa se tuvo que emplear a fondo en las horas siguientes a su 'striptease' institucional para tratar de enderezar la situación. Primero con un comunicado propio que parecía cargar contra el CNI, después con otro, todavía más atípico, en el que el propio CNI aceptaba que «no anticipó la magnitud y naturaleza de lo que terminó ocurriendo el día 30» y finalmente con un largo mensaje de Sánchez en X.
«Fue un tiro en el pie. O como diría el jefe del gabinete: 'Sus rilas'», dice un alcalde en alusión a la expresión empleada por el colaborador del delegado del Gobierno que este viernes presentó su dimisión, Gonzalo Sanz, con el agente antena del CNI en Ceuta y que se traduce algo así como «¡sus muertos!». En Moncloa esgrimen, sin embargo, que publicar unos documentos de los que ya se había hablado previamente no debería haber generado la «chaladura» que generó y que su propósito fue dejar claro que no tenía nada que ocultar, sabiendo que tarde o temprano esos informes acabarían saliendo a la luz porque el asunto está judicializado.
La ministra de Defensa dio «carta libre» a Moncloa para lanzar el comunicado en el que los servicios secretos admitieron que no previeron lo que ocurrió
En clave interna, en todo caso, del embrollo salió algo positivo. La nota del CNI, difundida por la Moncloa y no por Defensa, fue aprobada y validada por Robles que, tras ver, reconfortada, cómo la mayoría de los medios la presentaban como vencedora de la pugna interna, dio por superada la rencilla con Marlaska, se sumó a la letanía gubernamental de que lo del 30 y 31 de julio fue un acontecimiento de una magnitud que nadie podía haber previsto e hizo un canto a la «unidad» del Gobierno. «Ella es una persona de cerrar filas con sus equipos y eso explica la posición que ha mantenido todo este tiempo, pero en realidad nunca dijo que el CNI detectó la avalancha y ese día dio carta libre para hacer un comunicado porque entendió que había que parar aquello», dicen en Moncloa.
Un 'pelillos a la mar' que, sin embargo, ha dejado heridas abiertas y que solo ha supuesto, en palabras de un miembro de la ejecutiva del PSOE una vuelta a la eterna «guerra fría» entre dos de los ministros más longevos y peor avenidos. Los socios, mientras, siguen apretando. Algunos, como ERC o Compromís, demandan ceses. Si no de los dos ministros, que saben blindados por Sánchez, al menos, de Pérez Triano. En Moncloa no lo contemplan.
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