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Sánchez no se da por aludido y sitúa en el pasado a Ábalos, pero teme que Leire Díez o Cerdán imiten a Aldama y le hundan

Sánchez no se da por aludido y sitúa en el pasado a Ábalos, pero teme que Leire Díez o Cerdán imiten a Aldama y le hundan
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El presidente finge normalidad y no ve necesario comparecer tras el fallo del Supremo, algo que sí hizo al conocerse las imputaciones de Ábalos y Cerdán. El Gobierno interpreta que la sentencia, unánime, refuerza al fiscal Luzón, partidario de pactar con coimputados y defensor de concederles beneficios.

Tomás Serrano

Política Sánchez no se da por aludido y sitúa en el pasado a Ábalos, pero teme que Leire Díez o Cerdán imiten a Aldama y le hundan

El presidente finge normalidad y no ve necesario comparecer tras el fallo del Supremo, algo que sí hizo al conocerse las imputaciones de Ábalos y Cerdán.

El Gobierno interpreta que la sentencia, unánime, refuerza al fiscal Luzón, partidario de pactar con coimputados y defensor de concederles beneficios.

Publicada 23 junio 2026 02:46h Las claves

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En Moncloa se esperaba una sentencia condenatoria en el primer caso en el que se ha juzgado a José Luis Ábalos.

De la misma forma, son pesimistas respecto al juicio que sentó en el banquillo a David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno, que está pendiente de sentencia.

Por eso, había ya una estrategia preparada y engrasada para reaccionar al fallo del Tribunal Supremo conocido este lunes.

La primera línea del protocolo en este caso es poner distancia respecto a Ábalos, de quien dicen en la reacción oficial: "Lamentamos y condenamos sin matices unos comportamientos que claramente han atentado contra nuestros principios".

Es decir, en este caso no ocurre como con el ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz, al que siguen respaldando tras ser condenado, y continúan criticando la sentencia del Tribunal Supremo.

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Ahora, sólo hay distancia y frialdad, como si Ábalos no hubiera cometido los delitos siendo ministro y secretario de Organización del PSOE.

Sánchez, según fuentes de su entorno, ya da por pagada la responsabilidad política por este caso. Entienden que ya pasó página con la expulsión de Ábalos.

La estrategia añade el intento de simular normalidad, es decir, que el Gobierno sigue a lo suyo "defendiendo los intereses de los ciudadanos" y apoyado en los datos económicos.

Por eso, mientras se hacía pública la condena, el presidente del Gobierno hablaba en el Teatro Real de fondos europeos, baldosas fotovoltaicas y cohetes, con actuación musical, y sin decir palabra alguna sobre corrupción.

Poco después hizo público un vídeo en TikTok con consejos para protegerse de la ola de calor y este martes tendrá un acto sobre discapacidad. Es decir, la consigna es aparentar normalidad.

En esta línea se moverá la intervención del presidente del Gobierno en el pleno del Congreso el miércoles para dar cuenta de los escándalos que le afectan.

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Compareció en la sede del PSOE el mismo día que se imputó a Ábalos y luego cuando se imputó a Santos Cerdán, pero ahora, con la sentencia no ve necesario hacerlo, aunque el Tribunal Supremo da por probado que, siendo ministro, mano derecha del presidente y secretario de Organización, participó de forma destacada en una trama delictiva.

Defiende a José Luis Rodríguez Zapatero y, obviamente, a Begoña Gómez, pero a Ábalos y a Cerdán el presidente los sitúa en el pasado.

La estrategia sobre este caso se cruza con la dura crítica a las decisiones del juez Juan Carlos Peinado contra la esposa del presidente, que permite al Gobierno y al PSOE sostener la tesis de la persecución, de la conspiración y, en definitiva, del lawfare.

Miembros del Gobierno creen que este caso fortalece ese discurso, ensombrece la actuación judicial en otros casos abiertos y cohesiona a los militantes y votantes del partido.

La 'doctrina Luzón'

En la reacción a la sentencia del llamado caso Mascarillas sí hay un apartado al que se aferran el Gobierno y el PSOE para lanzar críticas que, además, sirve para desviar la atención sobre los hechos enjuiciados y condenados. Se trata de la mínima condena a Víctor de Aldama por su colaboración con la Justicia, al aplicarle un atenuante en su grado máximo.

En este punto se cruza el habitual rechazo de los partidos a quienes, estando imputados, colaboran y denuncian, como ha ocurrido en los casos GAL, Filesa, Gürtel o Púnica, entre otros, con temor a lo que pueda provocar la aplicación del atenuante. Es decir, el temor al efecto imitación.

No es un secreto que temen que Julio Martínez (Julito), supuesto testaferro de Zapatero siga ese camino.

Pero podría ser el caso también de Leire Díez o el de Santos Cerdán, al que también han aislado como supuesto protagonista exclusivo de la corrupción en el PSOE en su etapa como secretario de Organización y único responsable de la creación de las cloacas del partido.

Un paso de colaboración de alguno de ellos hundiría al PSOE, al Gobierno y al propio presidente.

Además, el Gobierno interpreta que la sentencia unánime del Tribunal Supremo refuerza al fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón, partidario de pactos con coimputados y defensor de beneficios para ellos, como en el caso de Aldama. La sentencia, de hecho, ratifica casi todos los detalles de su informe final en el juicio.

  1. Pedro Sánchez
  2. José Luis Ábalos
  3. Santos Cerdán
  4. Leire Díez

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    Fuente original: Leer en El Español
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