España camina hacia el aislacionismo por la negativa de Sánchez a que Estados Unidos use las bases de Rota y Morón.
España ha negado a Estados Unidos el uso de las bases de Morón y Rota para dar cobertura a sus operaciones contra Irán y esto ha obligado a varios aviones cisterna norteamericanos a desplazarse a bases alemanas para operar desde allí. El Gobierno se acoge a su derecho a hacerlo, ya que el convenio entre ambos países que regula el uso de esas instalaciones permite el veto si se trata de una acción unilateral. Formalmente es así, pero ningún líder del mundo desarrollado con un mínimo de sentido de Estado dejaría en la estacada a un país aliado en una circunstancia tan crítica. ¿Por qué lo hace Pedro Sánchez?
Tal vez su paso por la gala de los Goya del pasado fin de semana y las palabras tiernas que le dedicó Susan Sarandon cuando dijo que no solo era "alto y guapo" sino que, además, estaba en el lado correcto de la historia le hayan confundido. Quienes llevan la voz cantante en el cine español no pierden la ocasión en cada certamen de presumir de su antiamericanismo, de su pacifismo selectivo, de su anticapitalismo o de abrazar de forma simple causas complejas. Lo mismo salen en defensa de los niños que sufren en Gaza, que forman un escudo humano para impedir la caída de una dictadura sudamericana o se ponen de perfil si se trata de una cruel teocracia islámica. Ellos se pueden permitir cabalgar estas contradicciones porque viven en el terreno de la ficción, pero un presidente de España no. Es cierto que Sánchez se siente tan cómodo en ese ambiente que le reclama mano dura con Trump, que es capaz de cargar contra todo Estados Unidos sin reparar en los daños que provoca a España, convencido de que, con ello, va a recuperar los votos que le faltan.
El Gobierno se esforzaba ayer en hacer creer que el desplante a Estados Unidos no tendría ninguna consecuencia, pero mentía. La animadversión de España no ha pasado desapercibida en el exterior. Uno de los primeros en responder fue el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, que se preguntaba en X qué va a hacer el pobre Sánchez ahora que le han quitado a Jamenei.
El senador republicano Lindsey Graham era menos irónico y deslizaba una amenaza contra España. "En momentos como estos se descubre la verdadera naturaleza de los aliados. La historia tomará nota", dijo Graham. Finalmente fue el propio Trump el que se dio por enterado. "Vamos a cortar todos los tratos comerciales con España. No son amigables. No tienen nada que necesitemos. Tienen buena gente, pero un mal liderazgo. Podríamos usar esas bases si nos diera la gana", dijo el presidente norteamericano.
El mal clima que está creando la deriva de Sánchez irrita también a muchos de los principales socios europeos y anticipa el aislamiento hacia el que camina España en la esfera internacional. El canciller alemán Friedrich Merz recordó que "ahora no es el momento de dar sermones a nuestros socios y aliados", en una clara referencia al presidente Sánchez.
Ante un conflicto como el que está en marcha los países serios no perdonan a los que se escaquean. Y España ha decidido hacer mutis por el foro. Se ha desmarcado también de la iniciativa de Francia, apoyada por Alemania y un buen número de naciones europeas, para fortalecer la capacidad de disuasión de Europa con un escudo nuclear.
Pero, ¿quién va a defender a España? A veces las consecuencias de esta actitud son inmediatas y otras se notan con el tiempo. Por ejemplo, la resistencia de Sánchez a incrementar la inversión en defensa como ha venido requiriendo la OTAN parecía neutra en términos de relaciones, pero luego hay circunstancias que introducen la duda. Hace semanas una veintena de mandatarios europeos mantuvieron una reunión en Bélgica, previa a una nueva cumbre de la UE, a la que Sánchez no fue invitado. ¿Se les olvidó o simplemente ya no le consideran?
Los desplantes del presidente no son nuevos. Siguen la línea que en su día marco José Luis Rodríguez Zapatero cuando decidió menospreciar el paso de la bandera de Estados Unidos. Aquella acción tuvo consecuencias. Sánchez no puede ir por libre. Olvida que Francia y Alemania son los grandes compradores de deuda pública española o que esos mismos países que ahora le exigen algún compromiso son los que financian con los fondos europeos la recuperación de la economía española tras el Covid. Pertenecer al club conlleva ventajas, pero también responsabilidades. Y Sánchez está siendo irresponsable.
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