El amplio auditorio del Parlamento Europeo, en Bruselas, estaba a rebosar. Todos los asistentes estaban esperando a la estrella del evento: al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. En cuanto ha sido anunciado y su imagen se ha proyectado por videollamada en los grandes televisores, los aplausos e incluso los silbidos han llenado la sala. Y él, muy sonriente y consciente de su importancia en el acto que este martes han organizado los socialistas europeos en la capital comunitaria, ha hecho lo que probablemente hace mejor que nadie: enumerar sus logros y subrayar lo importante que la labor socialista y la suya propia son para Europa, la democracia y el futuro.
Poco ha importado que todo esto haya sucedido en plena ola de casos de corrupción que asolan a su partido y rodean al propio presidente. O, más bien, nada. Sánchez ha empezado hablando del miedo. "Miedo a la guerra, miedo al declive, miedo a que la próxima generación viva peor que la anterior. Y cuando el miedo se convierte en estrategia política, la esperanza se convierte en una responsabilidad política", ha proseguido, para a continuación dejar el primer mensaje.
"Por eso nuestra tarea como progresistas importa más que nunca. No solo para defender lo que hemos logrado, sino para restaurar algo que mucha gente está empezando a perder: la confianza en el futuro", ha afirmado.
¿Y dónde está el ejemplo de todo ello? En el país que él preside. "Sabemos cómo hacerlo", ha afirmado el responsable del Ejecutivo y el líder más importante del S&D. Y también prácticamente el único. "España está demostrando que podemos impulsar el crecimiento económico al tiempo que reducimos la desigualdad. Que podemos crear empleo fortaleciendo los derechos de los trabajadores. Que podemos liderar la transición verde sin perder competitividad. Esto puede sonar a logros económicos, y lo son, pero su verdadero valor reside en cómo están cambiando la vida cotidiana de la gente corriente. Mejores empleos, salarios más altos, servicios públicos más sólidos, más oportunidades para los jóvenes y mayor seguridad para las familias trabajadoras", ha señalado.
Tampoco en este caso ha importado que los datos no digan exactamente eso, especialmente los que hacen referencia a los sueldos, las oportunidades para los jóvenes o la desigualdad. Hace apenas una semana, por ejemplo, la Comisión Europea ponía el acento en el alto porcentaje de la población española que vive en situación de riesgo de pobreza, y apuntó en concreto a los menores de edad.
Sánchez también ha hablado de la inteligencia artificial, de lo necesario que es no desregular en exceso para evitar "la ley de la jungla", y de la "tecnoélite o una tecno-oligarquía". "No podemos permitir que la vida de nuestra gente dependa de sus delirios", ha afirmado mientras todos miraban con verdadera ilusión las pantallas: eurodiputados socialistas, figuras clave de la formación e incluso la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, que en esa misma sala llevó a cabo su hearing para el cargo.
También se ha referido Sánchez al avance de la extrema derecha. "Cada desigualdad que toleramos es una herida en nuestra democracia y esas heridas alimentan" a las formaciones extremistas, ha continuado. "Por eso reducir la desigualdad no es solo una cuestión de justicia, que por supuesto lo es: es cómo la democracia se defiende a sí misma. El futuro no es algo que nos sucede. Es algo que construimos juntos. Así que afrontemos el futuro con confianza", ha apuntado ya casi cerrando sus algo más de seis minutos de intervención.
Y ya finalmente, y siempre expresándose de manera muy fluida y correcta en inglés, se ha despedido: "Creo, amigos míos, que esta es nuestra tarea como S&D, porque somos el grupo que encarna los valores del progresismo en Europa, y esa es nuestra responsabilidad y ese debería ser nuestro legado".