El primer ministro canadiense Mark Carney y el presidente Pedro Sánchez, en la Cumbre de la Acción Global Progresista de Londres. Foto de archivo. Primer Ministro de Canadá
Europa Sánchez trató de persuadir a los líderes de la UE para alinearse con Canadá y romper con EEUU en la crisis por GroenlandiaEl presidente español defendió en enero la propuesta canadiense de plantarle cara a Trump, según revela el Wall Street Journal.
Más información: Ankara marcará el punto de inflexión hacia una OTAN 3.0: mucho más europea y menos dependiente de EEUU.
Luis Ezcurra de Alburquerque Publicada 6 julio 2026 17:14h Las clavesLas claves Generado con IA
El presidente español, Pedro Sánchez, animó a los líderes europeos a romper con EEUU y alinearse con Canadá en uno de los mayores momentos de crisis para la supervivencia de la OTAN. Ocurrió el pasado enero, cuando Donald Trump, presidente de EEUU, amenazaba con tomar Groenlandia.
"Canadá está diciendo abiertamente lo que deberíamos hacer", afirmó Sánchez a los mandatarios reunidos en la Cumbre de Emergencia celebrada el 22 de enero en Bruselas. Se refería a las palabras que el primer ministro canadiense, Mark Carney, había pronunciado dos días antes en Davos: "La obediencia no compra seguridad".
La cumbre se había convocado aprovechando la presencia de los líderes europeos en Davos. Por la tarde viajaron a la sede de la OTAN en Bruselas.
Donald Trump califica de "ridículo" el gasto en defensa de los socios de la OTAN antes de la cumbre en AnkaraTras la captura del dictador Nicolás Maduro por tropas estadounidenses a primeros de enero, el presidente Trump manifestó que su país obtendría Groenlandia "de una forma u otra".
Unos días más tarde, 65 mandatarios y jefes de Estado de todo el mundo se reunieron en el Foro Económico Global de Davos. Allí escuchó Sánchez con atención las palabras de su colega canadiense: "El antiguo orden global no regresará". "Si no estamos en la mesa de negociación, seremos el plato principal", afirmó.
En su mensaje, Carney llamaba a la acción conjunta de las naciones medianas y criticó la tendencia de algunos países a ceder para evitar conflictos con los poderosos. Podría ser un buen aliado para sostener la postura española de no incrementar el gasto militar sólo porque así lo quería Trump.
Sin embargo, el primer ministro canadiense, reafirmó el "apoyo inquebrantable" de Canadá a la defensa colectiva dentro de la Alianza y se comprometió a duplicar el gasto en defensa para 2030.
Los detalles de aquella Cumbre de Emergencia de enero se desvelaron este domingo. Según The Wall Street Journal, fue una reunión a puerta cerrada, sin asesores ni teléfonos móviles. El asunto principal: cómo gestionar la ruptura con EEUU.
Algunos de los 30 líderes presentes la describieron como "sesión de terapia nocturna", por lo larga e intensa que resultó. Los testigos recuerdan que abrió el presidente Emmanuel Macron. "Hoy vamos a trazar una línea. No hay vuelta atrás", declaró.
El presidente francés Emmanuel Macron en Davos. Fotos de archivo. Denis Balibouse. Reuters.
Los aliados europeos de la OTAN llevaban un año tratando de contentar al inquilino de la Casa Blanca con una mezcla de halagos y concesiones comerciales. El presidente francés insistió en su postura: la seguridad europea dependía en exceso de Estados Unidos y eso era un gran riesgo para su integridad futura.
Macron había ordenado el envío de un pequeño contingente militar a Groenlandia para apoyar a las fuerzas especiales danesas en la isla. Luego, se unieron soldados noruegos, alemanes, neerlandeses, suecos y británicos.
Fue un despliegue militar simbólico. No serían capaces de resistir ante una invasión estadounidense, pero hacían ver a Trump que la captura de la isla no le saldría gratis.
Testigos de aquella reunión refieren que algunos líderes aseguraron que el único interés de Trump era económico y que Europa llevaba camino de convertirse en un "miserable esclavo" de EEUU. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, trató de convencer a sus colegas de que Trump no era tan impulsivo como parecía y que podrían negociar con él.
La primera ministra italiana Giorgia Meloni con el presidente Donald Trump en visita oficial a la Casa Blanca Imagen de archivo. Evelyn Hockstein. Reuters.
Meses después, los lazos no se han roto todavía. Hay demasiados vínculos económicos, militares y políticos dentro de la Alianza. Deshacerlos sería una tarea titánica. Canadá anima a Europa a protegerse frente a la deriva de Washington, pero es el miembro de la Alianza más dependiente de su vecino del sur.
La cumbre de la OTAN que comienza este martes en Turquía pondrá a prueba la determinación de los líderes para mantener la Alianza. La Casa Blanca señaló que Trump espera mantener "conversaciones constructivas y francas con muchos líderes mundiales".
Su postura oficial es la habitual: "El presidente Trump ha restaurado eficazmente el prestigio de Estados Unidos en la escena mundial y ha hecho por la OTAN más que nadie", afirmó la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly. "También cree que algunos miembros de la OTAN deberían hacer mucho más para cumplir con sus obligaciones".
Detrás de las posturas oficiales se esconde una creciente desconfianza mutua. Los planes para sustituir armamento y tecnologías estadounidenses están en marcha. No será un proceso sencillo ni rápido, pero ya ha comenzado.
Los líderes del Consejo Europeo volvieron a reunirse en Bruselas en marzo para discutir los efectos de la guerra de Irán que acababa de empezar. Las críticas contra Washington subieron de tono. El canciller alemán Friedrich Merz estaba furioso porque la situación favorecía a Rusia. Hasta Meloni había cambiado de opinión y decía que con Trump no se podía razonar.
Los investigadores del Wall Street Journal tuvieron acceso a comentarios y notas de las delegaciones o sus Servicios de Inteligencia. Uno de los asesores anotó: "No tratan con una Administración que tiene procedimientos, sino con un individuo de opinión voluble".
Los analistas del MI6, el Servicio Secreto británico, señalaron la paranoia del comportamiento de la Casa Blanca propia de una caza de brujas. Alertaron de no compartir ninguna de las informaciones con la CIA.
Las informaciones revelan el importante papel que desempeña Canadá moldeando el consenso aliado sobre sus nuevas relaciones con Washington. Inicialmente, Carney sólo contaba con Macron como aliado. Poco a poco ha ido ganando adeptos, Sánchez entre ellos, a su idea de que no sirve de nada apaciguar a Trump.
El primer ministro canadiense tiene claro que no hay nada que negociar con EEUU acerca de la soberanía de su país. También ha comprobado que la estrategia de adulación no surte efecto.
El secretario general de la OTAN
En la línea opuesta está el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un reconocido admirador del presidente estadounidense. Rutte ascendió al frente de la Alianza, en parte, por sus buenas relaciones personales con Trump.
El secretario general es un firme creyente de que la defensa de Europa pasa por el apoyo de EEUU. No es sólo por simpatía: considera que, sin la aportación de Washington, los presupuestos de los Estados europeos tendrían que llegar al 10 % del PIB para prepararse eficazmente contra la amenaza rusa.
En junio de 2025, el embajador de EEUU en la Alianza, Matthew Whitaker, exigió formalmente a los miembros una subida del presupuesto destinado a defensa hasta el 5 % del PIB. En la cumbre de La Haya, Rutte trató de convencer a los aliados de que era imperativo llegar de inmediato al 3,5 %, frente al 2 % acordado hasta el momento.
La fórmula para llegar al 5 % en 2030 era aceptar que la cifra incluyera "inversiones relacionadas con la seguridad". Se planteó como una idea que apaciguaría las exigencias de Trump y daría mayor flexibilidad a los presupuestos.
Mark Rutte, secretario general de la OTAN. Foto de archivo. Amel Emricc. Reuters.
Los aliados aceptaron el plan, con la excepción de España: Sánchez argumentó que el 5 % era una cifra arbitraria. Durante 54 horas, los funcionarios de la Alianza negociaron sin éxito con los representantes españoles. Al final llegaron al acuerdo de que estaban en desacuerdo y se permitió que España siguiera su senda de crecimiento para ser revisada en 2029.
Con la única excepción española, Trump llegó a La Haya para recoger los frutos del triunfo que Rutte le tendía en bandeja: la OTAN dejaría de ser una pesada carga para EEUU.
A mediados de agosto, Trump y el presidente Vladímir Putin se reunieron en Alaska. Como resultado, Washington mostró sus dudas sobre la capacidad de Ucrania para resistir. Estaban en juego las negociaciones por las tierras raras del Ártico y el mandatario estadounidense no quería entretenerse con la guerra en Europa: era cosa de los europeos.
Siempre según el medio citado, el presidente Macron, alarmado, se puso en contacto con otros líderes y propuso una visita conjunta a la Casa Blanca. Seis mandatarios acompañaron a la presidenta europea Ursula von der Leyen y a Rutte a Washington.
Trump vuelve a mofarse de Meloni y pide una "orden de alejamiento" antes de coincidir en la cumbre de la OTANTras las adulaciones de sus invitados, Trump agradeció al secretario general su intervención. "Gracias, Mark. Eres un gran líder. Estás haciendo un trabajo fantástico", declaró delante de las cámaras.
La expresión de Macron dejaba entrever su preocupación. Las cosas en Washington habían cambiado. Hasta la decoración dejaba patente el culto al líder que había que profesar, pero su efecto era efímero: pocas semanas después, Washington volvía a las andadas: Ucrania no aguantaría. Sería mejor rendirse para volver a prestar atención a los negocios.
El consenso basado en los halagos se demostró que era frágil. A la postre, Trump se dio cuenta de la estratagema y perdió el respeto a quienes la pusieron en práctica. Quizá Carney tenía razón y la estrategia de adular a Trump aportaba cada vez peores resultados.