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Sánchez y la legitimidad de ejercicio

Sánchez y la legitimidad de ejercicio
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El presidente del Gobierno se va de vacaciones a la real residencia de La Mareta, en Lanzarote, ignorando lo que se dice y se palpa en la calle y, a tenor de su 'balance', concentrado en el único tema que le interesa y que es el de su permanencia en el poder. Leer
Ensayos liberalesSánchez y la legitimidad de ejercicio
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 31 JUL. 2026 - 00:49El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Europa PressSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El presidente del Gobierno se va de vacaciones a la real residencia de La Mareta, en Lanzarote, ignorando lo que se dice y se palpa en la calle y, a tenor de su 'balance', concentrado en el único tema que le interesa y que es el de su permanencia en el poder.

Al iniciar, como tantos de sus conciudadanos, sus vacaciones anuales, Pedro Sánchez arrastra con creciente penosidad el lastre de la decadencia que acaba con la carrera de todo líder. Si fuese honesto consigo mismo sabría que él es su peor enemigo. No se le quiere porque se multiplican los baches en las carreteras y él, impertérrito, mantiene sus aires pretenciosos. Se desconfía de él porque miente.

En el mejor de los casos el presidente del Gobierno aburre, no se le escucha y en lo posible se pasa de él. En el peor de ellos crispa y por eso se le insulta cuando se baja del coche y pone pie en la calle. Es el presidente del Gobierno más divisivo de los seis anteriores a él en el actual periodo constitucional y, salvando a Felipe González, es el único que aspira a gobernar más de ocho años.

A lo largo de una hora, un muy sonriente Sánchez expuso en La Moncloa a mediados de semana un balance tan triunfal y tan de espaldas a las dramáticas circunstancias que vive el país que parecía marcar un punto y aparte en su carrera política. Hasta el colaborador más acrítico al servicio del presidente del Gobierno admitirá que la exposición del miércoles fue un ejemplo de libro de cómo un líder acaba desconectado de la realidad tras un largo periodo en el poder.

En lugar de limitarse a comentar lo sucedido el último semestre, Sánchez se vanaglorió con la fogosa enumeración de los muchos logros que decía haber conseguido desde que se instaló en La Moncloa en 2018. Otros parlamentarios hablan de legislaturas. Sánchez de prolongados periodos de poder personal.

Una parte de la plática del presidente del Gobierno fue la que cabe esperar de quien vive en una burbuja creada por su propia pedantería y vanidad. Se refirió solo lo imprescindible a la naturaleza destrozada, a los evacuados y confinados y al heroísmo de mucho servidor público.

Otra parte de la plúmbea conferencia que dictó Sánchez el miércoles contenía las claves de lo que a la vuelta de sus días de estío agosteño será su hoja de ruta hacia la convocatoria de elecciones generales de aquí a un año.

Todo apunta a que la campaña electoral tendrá dos hilos conductores. Uno consistirá en repetir machaconamente a todos los españoles unos pocos y contundentes mensajes que, bajo el título de "cumplimiento", vienen a decir que nunca ha constituido España un círculo tan virtuoso como el que vive hoy.

No se mencionan los "baches" empezando por los socavones que suponen para la España de libres e iguales las amnistías y la financiación singular de Cataluña. Según Sánchez, jamás ha sido tan admirada España por tener un escudo social tan estupendo, por reportar unas cuentas públicas tan sólidas y por estar tan claramente en el lado correcto de la historia.

El otro hilo conductor se centrará en una turbia conspiración urdida por una derecha y una ultraderecha que Sánchez llama neoliberal. Estos confabulados tienen a su Gobierno progresista en el punto de mira y tiran del lawfare y de los bulos en las redes sociales para derribarlo. Sánchez dice que estos impresentables niegan la crisis climática, lo cual es una mentira más.

Pedro Sánchez recurrió nada menos que a Abraham Lincoln para decir, sin citarle, que lo suyo es el gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". Hacerlo es un ejercicio de cinismo a estas alturas del desencanto generalizado con la política. Gobernar "para el pueblo", como asegura la retórica del presidente del Gobierno, chirría entre quienes denuncian el sectarismo del sanchismo.

Todo esto lo sabe Sánchez, pero se niega a hacer cualquier autocrítica y fomenta el autobombo, total y ensordecedor, de su persona. Los gobernantes de su entorno recogen velas ante las complejidades que se avecinan pero él va a su aire y con eslóganes de otra época apuesta por el radicalismo. Movilizará a la izquierda y su táctica le rendirá réditos electorales.

Ante el auge de la derecha dura -el año que viene puede que sea el del triunfo, por fin, de Le Pen en la vecina Francia- todos los buenistas le apoyarán a Sánchez aunque sea tapándose la nariz cuando introducen la papeleta en la urna. Al populismo identitario y a esa cosa tan nebulosa que llama el neoliberalismo solamente lo paran él y sus compañeros del Sur Global. Progresistas del mundo uníos, dice Sánchez. Así seréis grandes y libres. Y leña a la reacción.

Lo que recorrió la larga y tediosa presentación del miércoles en La Moncloa ante los medios fue el discurso que Sánchez elabora para su próxima campaña electoral. De ahí su llamamiento a la oposición a que se una con él en un "pacto de Estado" contra el cambio climático. España unida evitará que España se queme del todo. Sánchez no acaba de entender la función de la oposición en un régimen parlamentario.

Ni al más inocente en el laberinto de la política se le escapa que lo del "pacto" es una trampa para acusar al adversario de ser "negacionista", la gran infamia de esta época, y poco menos que culpable de los incendios. Sánchez no se molestó en explicar en qué consistiría tal acuerdo. Seguramente ni lo ha pensado.

El nonato "pacto" no puede menos que ser percibido como una malicia más porque Sánchez dijo que no tenía intención de llamar al presidente del Partido Popular y entablar una conversación con él sobre el asunto. Por lo demás la nota dominante fue el triunfalismo del presidente del Gobierno. Y con ello la desconexión de Sánchez con la realidad.

Cuando el mayor incendio de la historia ha forzado la evacuación de decenas de miles amenazados por las llamas, nadie quiere que el presidente del Gobierno les cuente que gracias a él los padres de un recién nacido gozan de un extensísimo permiso laboral, que el precio de la electricidad en España es el más bajo de Europa y que el crecimiento anual del PIB supera con creces al de Alemania, al de Francia y al de Italia.

¿Se cree en La Moncloa que la gente quiere que se les hable de estos logros? Hay dos temas que están en la conversación. Uno es que a mitad del actual ejercicio se han multiplicado por seis las hectáreas que fueron achicharradas en 2025. El otro, para que nos entendamos todos, es el de las joyas que José Luis Rodríguez Zapatero tenía en la caja fuerte de su despacho.

El primero de ellos cuestiona la capacidad del minoritario Gobierno progresista de coalición de gestionar las cosas de andar por casa. Las de la seguridad por ejemplo. Sin olvidar los baches, se exige que las vías del ferrocarril estén en perfecto estado, que no haya apagones y que los montes de pinares cuenten con cortafuegos limpios de maleza. Es lo de menos.

El segundo tema tiene que ver con la probidad del partido gobernante y esto afecta muy directamente a un Sánchez que confió en José Luis Ábalos y en Santos Cerdán. Sánchez dijo que no es el "portavoz" de uno que dio la cara por él en los mítines. Sobre este tema la conversación versa sobre aquello de "dime con quién andas".

Sánchez se va de vacaciones a la real residencia de La Mareta, Lanzarote, ignorando lo que se dice y se palpa en la calle y, a tenor de su "balance", concentrado en el único tema que le interesa y que es el de su permanencia en el poder. Se supone que la casa palacio que diseñó el admirado César Manrique, que Hussein de Jordania mandó construir y que regaló a Juan Carlos I quien, a su vez, la cedió a Patrimonio Nacional, es un lugar idílico para trazar una campaña electoral muy desagradable.

En cuanto se reúna de nuevo el Congreso de los Diputados, Sánchez presentará unos Presupuestos expansivos sabiendo perfectamente que serán rechazados por la suma de votos del Partido Popular, de Vox y de las derechas nacionalistas. Eso es exactamente lo que espera porque le permitirá acusar a los "enemigos del progreso" de lapidar el Estado de Bienestar.

Sánchez podrá anticipar las elecciones convocándolas para finales de este año o comienzos del año siguiente. O podrá agotar la legislatura lo cual es su opción preferida porque demostrará que no da su brazo a torcer. En realidad da bastante igual porque sea cual sea la fecha electoral el mensaje es el mismo: se han de salvar los Presupuestos del "pueblo".

El presidente del Gobierno presume de que su instinto político es superior al de cualquier adversario. Pero, en vísperas de sus vacaciones se diría que ese reflejo le falla. Y, como se sabe bien, la soberbia precede a la caída y a más orgullo más duro será ese quebranto.

Hubo un tiempo en el que la ilegitimidad del Régimen se suplía con la legitimidad del ejercicio. Hoy en la España que no cuida sus montes, ni eso.

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Fuente original: Leer en Expansión
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