Estar a 150 metros de altura y ver cómo los técnicos y operarios trabajan en el brazo superior de una cruz que ha de coronar la Sagrada Familia es una sensación muy peculiar. No en vano, la cruz convertirá al templo en la mayor ... iglesia del mundo y en el edificio más alto de Barcelona. En total, 172,5 metros de altura. Casi nada. Desde aquí, da más vértigo mirar hacia arriba que hacia abajo. Al mismo tiempo, mirar la cruz es ver en directo que el sueño de Gaudí empieza a tener la forma que él siempre imaginó y el vértigo de eso es mucho mayor.
El pasado 20 de febrero se consiguió culminar la torre más alta de la Sagrada Familia, la torre de Jesucristo, con la célebre cruz, redefiniendo para siempre el 'skyline' de la ciudad. Tanto es así, que la propia Junta Constructora del templo se vio obligada a cambiar su imagen corporativa para añadir la torre acabada.
Ahora, este 10 de junio, en el centenario de la muerte del genial arquitecto, el Papa la bautizará en una gran ceremonia para conmemorar el trabajo de un hombre que empezó a levantar la primera torre sin grúas, piedra a piedra, pero que ahora se apoya en las últimas tecnologías y la simulación de estructuras para facilitar el proceso. De los artesanos a los tecnólogos, ésta es la historia de la Sagrada Familia.
El Papa reunirá en la Sagrada Familia a más de 8.000 personas para la misa y la bendición de la torre de Jesús
Lo primero que sorprende al estar en la última base donde se construye la Torre de Jesucristo es lo cerca que en realidad está la iglesia del mar. Allí, el arquitecto de origen mexicano Mauricio Cortés, responsable de las terminaciones de las torres centrales, realizaba a principios de febrero los últimos cálculos para tenerlo todo preparado para el ensamblaje final del brazo superior de la cruz, una enorme estructura tridimensional que, acabada, tendría más de 13,5 metros de altura y un total de 100 toneladas de peso.
El trabajo culminaría diez años de intensos trabajos para levantar las seis torres centrales. «Ver acabada la Torre de Jesucristo es simbólicamente muy importante, pero en estos diez años ha habido muchos momentos clave. Fue muy emotivo, por ejemplo, culminar en 2021 la Torre de la Virgen, saliendo de la pandemia. La gente se volcó con este hito y nos dio mucho estímulo para seguir trabajando. Supongo que con la de Jesucristo sucederá algo similar», señala Cortés.
La primera piedra de la Sagrada Familia no se colocó hasta el 19 de marzo de 1882. En esa ocasión, el arquitecto responsable del proyecto era Francisco de Paula del Villar y Lozano, pero su propuesta neogótica no acabó de convencer a los constructores y discrepancias monetarias y de materiales hicieron que Gaudí se pusiese al frente a finales de 1883. No sería hasta el 30 de noviembre de 1925 que el arquitecto modernista vería levantada la Torre de Bernabé, la única que disfrutó en vida, dentro de la fachada del Nacimiento.
«Ver acabada la Torre de Jesucristo es simbólicamente muy importante«
Responsable de las terminaciones de las torres centrales
«La evolución técnica de la Sagrada Familia ha sido constante. Construir, por ejemplo, las cuatro torres de la fachada de la Pasión con una grúa ya fue un gran avance en relación con lo que pudo hacer Gaudí en la única torre que vio acabada. Él consiguió construir una torre sencilla, sin grúas, con grandes prefabricados que se habían de levantar, pero sus discípulos ya pudieron servirse de grúas. A nosotros, la tecnología de la mecanización y el detalle informático de la piedra nos ha facilitado mucho el trabajo para construir con mayor precisión las columnas que Gaudí dejó definidas en las maquetas», asegura Jordi Faulí, desde 2012, arquitecto director del templo.
Gaudí fallecía el 10 de junio de 1926 y, desde entonces, la posibilidad de acabar su obra magna siempre ha estado envuelta en mitos, medias verdades y especulaciones varias. Lo cierto es que el trabajo del equipo que lidera Faulí se centra en entender la documentación custodiada en el archivo de la Sagrada Familia en bocetos, planos y maquetas, para reproducirlo hasta el más mínimo detalle, aprovechándose siempre de los avances tecnológicos. «Cuando presenta el proyecto de la Sagrada Familia, tiene claro cómo lo construiría él, pero también sabía que en el futuro habría avances tecnológicos y de calidad de los materiales que facilitarían su construcción. Por supuesto, él ya sabía cómo lo haría, no imaginaba castillos en el aire. De la misma manera que proyecta y construye en vida los terminales de la fachada del Nacimiento porque conoce el fondo armado y lo utiliza, sabe que se podría construir hoy el conjunto, pero que en el futuro será mucho más sencillo», señala Faulí.
«La forma exterior siempre estuvo muy bien definida. Lo que no había prácticamente información era del interior»
Desde 2012, arquitecto director del templo
He aquí la clave de la construcción de la Sagrada Familia, la mezcla constante entre los sistemas casi artesanales y la tecnología moderna, gracias a los últimos avances en los procesos de construcción. Las enseñanzas de Gaudí se siguen a rajatabla, no se inventa nada, pero sí que los avances han permitido acelerar el proceso y llevarlo con éxito a un final que ahora se ve cerca.
«Gaudí trabajó 40 años en el proyecto. Mientras construía la fachada del Nacimiento, sólo tenía disponibles las formas constructivas de su tiempo. Cien años después, la base para levantar las torres centrales ha sido el prototipo de la Sacristía, de la que desarrolló un modelo con tanto detalle que dijo que se podía extrapolar a las torres, con la misma geometría, pero cambiando el número de costados y la altura. Por tanto, la forma exterior siempre estuvo muy bien definida. Lo que no había prácticamente información era del interior. En su época, se pensaba que tenía que subdividirse en varios niveles para estabilizar su estructura, pero la técnica moderna ha permitido, por ejemplo, hacer un gran cimborrio diáfano. La interpretación del espacio interior de la torre requirió el diálogo entre las comisiones teológicas, artísticas y el despacho de arquitectos para dotar de contenido arquitectónico y simbólico que fuera consecuente con lo que Gaudí quería expresar en el exterior», argumenta Cortés.
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La Sagrada Familia ha sufrido muchos cambios en estos 144 años de historia. Antes, se veía sólo una fachada levantada solitaria en un gran descampado. En el siglo XXI ya se empezó a vislumbrar la gran catedral que proyectaba Gaudí. El gran momento de inflexión fue en 2010, cuando se cubrieron las naves y el Papa Benedicto XVI consagró la basílica para que pudiera acoger la misa. Ya no era un edificio civil, sino religioso. La popularidad del templo se multiplicó por mil. Y con ello los ingresos, gracias a la avalancha de turistas atraídos por el nuevo templo.
«Cuando vimos que teníamos los suficientes ingresos como para sufragar el coste de las obras, vimos que tal y como estaban los procesos de construcción por aquel entonces, quizá no la veríamos acabada hasta el siglo XXII. Eso nos creó una reacción positiva de buscar soluciones y hacer las cosas de manera diferente. Tuvimos que idear un nuevo modelo constructivo, que es lo que nos ha permitido ir más rápido. Esto ha sido un trabajo de investigación, teniendo en cuenta que nuestro elemento principal de construcción tenía que ser la piedra natural. Es entonces cuando salimos fuera e incorporamos las mejores prácticas del sector de la construcción, del sector de los grandes rascacielos, de la automoción, de muchos sectores. Vimos lo que podía irnos bien a nosotros y lo que no, y readaptamos nuestra manera de hacer. Conseguimos estandarizar e industrializar nuestros procesos, lo que nos permitió ir muy rápidos. Por ello, en sólo diez años, hemos podido acabar las torres centrales. Si no, quizá hubiésemos tardado un siglo, teniendo en cuenta que tenemos que compaginar lo que es la construcción con las 16.000 personas que pasan cada día por el templo», asegura Xavier Martínez, director general y CEO de la Junta Constructora de la Sagrada Familia.
«No fue hasta 2025 que hemos recuperado el ritmo de construcción anterior a la pandemia»
Director general y CEO de la Junta Constructora de la Sagrada Familia
¿Qué es lo que hicieron? Descentralizaron y deslocalizaron la construcción, con dos fábricas fuera, un centro logístico y un centro de producción donde realmente construían las piezas que después ensamblaban en la iglesia con grúas en operaciones muy sencillas, rápidas y seguras. La euforia fue tal que en 2014 y 2015 ya se hablaba de que en 2026 la Sagrada Familia estaría acabada. Pero la Sagrada Familia es un templo de humildad, y con la pandemia, todos aquellos sueños de grandeza volaron por los aires. «Me acuerdo perfectamente de aquel enero de 2020, cuando sabíamos que nos quedaba el último 'sprint' de seis o siete años. Toda la organización estaba volcada para conseguirlo. Pero tres meses después tuvimos que cerrar, desmontar todas nuestras fábricas, desvincularnos de todos nuestros proveedores. Tuvimos que desmontar absolutamente todo porque nuestros ingresos disminuyeron a cero. Fue un momento muy, pero que muy complejo.
A medida que se restableció la normalidad, tuvimos que volver a poner la maquinaria en marcha, pero fue un proceso muy lento porque habíamos consumido todos los recursos que teníamos ahorrados. Volver a hacer un colchón económico para acometer la construcción, volver a montar las fábricas, recuperar a nuestros proveedores, que muchos de ellos no habían conseguido sobrevivir a la crisis, hizo que durante dos años no construyéramos prácticamente nada. En realidad, no fue hasta 2025 que hemos recuperado el ritmo anterior a la pandemia», reconoce Martínez.
Pero ahora la maquinaria está otra vez en marcha y las estimaciones más optimistas señalan que en diez años se culminará por completo la fachada de la Gloria y se podrá dar por acabada la última gran estructura del templo. Por supuesto, siempre quedarán trabajos menores para acabar con el millón de detalles que contiene una construcción como la ideada por Gaudí, pero la imagen última de la catedral será clara y eterna. «Es el trabajo de cinco generaciones, donde cada una ha contribuido con su granito de arena, con el protagonismo absoluto de Gaudí», dice Cortés.
«Lo sorprendente en la Sagrada Familia es que Gaudí siempre acierta. Por muchas innovaciones que vinieran después, él ya tenía presentes las soluciones mucho antes. No tengo muchos datos de errores de Gaudí. Ni siquiera su expresividad y simbolismo complican la construcción, sino que ayudan a interpretar mejor sus ideas», añade Faulí. «La Sagrada Familia nace como templo expiatorio, a partir de donaciones desinteresadas que permiten construir la iglesia. Ahora es el momento de devolver a la sociedad todo lo que nos ha dado. Cuando finalicemos las obras pasaremos de ser una junta constructora a una fundación de obra social», concluye Martínez. Con unos ingresos que se acercan a los 140 millones de euros, la fuerza de su caridad puede ser el mejor regalo al sueño de Gaudí.
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