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Salí a buscar las cámaras de vigilancia de mi barrio en Nueva York y encontré muchas más de las que esperaba

Salí a buscar las cámaras de vigilancia de mi barrio en Nueva York y encontré muchas más de las que esperaba
Artículo Completo 2,057 palabras
Las cámaras de vigilancia se extienden no solo por EE.UU., sino por todo el mundo. El debate sobre su uso se centra, una vez más, en la dicotomía entre privacidad y seguridad.
Salí a buscar las cámaras de vigilancia de mi barrio en Nueva York y encontré muchas más de las que esperaba

Fuente de la imagen, BBC/ Serenity Strull

Información del artículo
    • Autor, Thomas Germain
    • Título del autor, BBC Future
    • Informa desde, Nueva York, EE.UU.
  • Fecha de publicación 4 horas
  • No le dije a nadie que iba a encontrarme con Michelle Dahl, directora ejecutiva del Surveillance Technology Oversight Project (Proyecto de Supervisión de Tecnología de Vigilancia), una organización de control ciudadano.

    Pero para cuando la saludo en Brooklyn, Nueva York, el sistema ya sabe que estamos juntos.

    "Es algo invisible si no lo buscas", dice Dahl, y señala hacia una farola donde dos cámaras diminutas, con la etiqueta del Departamento de Policía de Nueva York (DPNY), permanecen ocultas bajo cúpulas de plástico negro.

    Forman parte de la enorme plataforma de vigilancia con inteligencia artificial del DPNY: el Domain Awareness System ("sistema de reconocimiento territorial").

    "Cualquier agente de policía de la ciudad puede acceder a ella desde su teléfono y consultar el perfil de prácticamente cualquier persona que camine por la calle", explica.

    La plataforma conecta más de 80.000 cámaras con drones, datos de redes sociales e incluso sistemas que rastrean vehículos cuando se viaja a otro estado.

    Dahl afirma que el sistema puede revelar con quién me he reunido y todos los lugares que he visitado durante la última semana. Toda mi vida bajo seguimiento.

    Cada día, en todo Estados Unidos, la vida de las personas también queda registrada por un sistema de vigilancia masiva en expansión que llega mucho más lejos de lo que muchos imaginamos.

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    En los últimos meses ha estallado la polémica en torno a una empresa estadounidense de vigilancia llamada Flock Safety después de que policías utilizaran su sistema para seguir a parejas o exparejas, e incluso en un caso para monitorear a una mujer que se había sometido a un aborto.

    Pero esta empresa es solo una más dentro de una industria gigantesca.

    Flock y otros defensores de estas tecnologías sostienen que es necesario encontrar un equilibrio entre privacidad y seguridad.

    La pregunta es: ¿vale la pena sacrificar privacidad por seguridad?

    Para decidirlo por ti mismo, conviene entender hasta qué punto es exhaustiva la vigilancia.

    Por eso salí a buscar cámaras en mi propio barrio.

    "Cuanto más te fijas, más ves"

    Algunos de quienes están preocupados por la vigilancia parecen creer que Flock es el único problema.

    La ciudad de Nueva York demuestra que eso no es cierto. La empresa no opera aquí, pero aun así estamos siendo vigilados.

    Dahl me acompaña en un recorrido de vigilancia hacia la oficina de la BBC en Manhattan, señalando cámaras y otros dispositivos por el camino.

    Fuente de la imagen, AFP vía Getty Images

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    Llevo diez años cubriendo temas de privacidad, pero incluso a mí me sorprendió la infraestructura que sigue cada uno de nuestros movimientos.

    Tras dar apenas unos pasos, nos detenemos y miramos a nuestro alrededor.

    Cuento 16 cámaras diferentes.

    "Supongo que pertenecen a empresas, edificios e inquilinos", dice ella.

    "Se suman a las cámaras gestionadas por la ciudad", añade.

    "Pero es probable que el DPNY tenga fácil acceso a ellas. A menudo, si hay una investigación en curso, simplemente le preguntan al propietario y les entrega las grabaciones".

    Algunos fabricantes de cámaras, como Ring (propiedad de Amazon), cuentan incluso con sistemas automatizados para facilitar que la policía solicite y reciba imágenes directamente de los usuarios.

    Las cámaras en espacios públicos son ya tan omnipresentes que apenas las noto.

    Pero, con la ayuda de Dahl, mi mirada se agudiza: pequeñas cámaras con forma de cápsula frente a las tiendas, dispositivos grises y desgastados en las esquinas de los edificios, y avanzados sistemas de doble cámara gestionados por la ciudad que pueden girar, inclinarse y hacer zoom para centrarse con precisión en personas buscadas por la policía.

    Intento contarlas mientras caminamos, pero hay tantas que resulta imposible llevar la cuenta y mantener una conversación al mismo tiempo.

    "Cuanto más te fijas, más ves", comenta Dahl.

    ¿A qué se debe el rechazo a Flock?

    Estos sistemas pueden captar y almacenar cada uno de tus movimientos, y Flock se ha convertido en el máximo exponente de la vigilancia.

    En los últimos meses, ha surgido un rechazo generalizado y bipartidista en todo el país contra la empresa.

    Una de las razones es el enorme alcance de Flock.

    La compañía afirma operar más de 100.000 cámaras repartidas por 6.000 localidades estadounidenses.

    Es conocida sobre todo por sus herramientas de seguimiento de conductores con las que escanean vehículos 20.000 millones de veces al mes, según datos de la propia empresa.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto,

    También fabrica herramientas de reconocimiento facial capaces de rastrear a las personas.

    Esta tecnología permite a las fuerzas del orden mirar mucho más allá de su propia jurisdicción.

    Un sheriff de Texas supuestamente accedió a más de 83.000 cámaras de Flock en todo Estados Unidos para localizar a una mujer implicada en un caso relacionado con el aborto, incluso en estados donde esta práctica es legal.

    Flock sostiene que sus herramientas protegen a la ciudadanía y ayudan a resolver a diario delitos que, de otro modo, quedarían impunes.

    No obstante, se conocen al menos 46 casos en los que agentes de policía utilizaron los sistemas de Flock para fines no autorizados, como acosar a sus propias parejas, exparejas o desconocidos.

    Tras meses de notas periodísticas al respecto, Flock implementó medidas de seguridad para erradicar estos abusos.

    Un portavoz de la empresa calificó el uso indebido como una "traición al propósito de la herramienta y algo totalmente inaceptable", y añadió que los agentes que abusen del sistema deben rendir cuentas.

    La reacción negativa incluye oleadas de personas que destruyen las cámaras de Flock o incluso orinan sobre ellas.

    Solo este año, más de 50 ciudades han roto su relación con la compañía.

    Pero, de nuevo, Flock no opera en todas partes y no es la única empresa del sector.

    Fuente de la imagen, AFP vía Getty Images

    Pie de foto,

    Algunas ciudades que cancelaron sus contratos con Flock simplemente contrataron, sin hacer ostentación, a otras empresas de vigilancia.

    "Las comunidades que siguen eligiendo Flock superan con mucho al número de lugares que dejan de utilizar el servicio", afirma un portavoz de la empresa.

    "Estamos sumando nuevos clientes a un ritmo casi diez veces mayor que el de la tasa de abandono", agrega.

    ¿Más seguros o simplemente más vigilados?

    Detrás del creciente mundo de la infraestructura de vigilancia subyace un debate más amplio sobre cómo ejercer la labor policial.

    "Cada día, Flock ayuda a resolver delitos que de otro modo quedarían impunes: desde localizar a niños desaparecidos hasta esclarecer asesinatos y crímenes violentos, pasando por la recuperación de vehículos robados", dice su vocero.

    También señala que Flock está "solicitando activamente una regulación estatal y local más clara", para no ser la única entidad que decida sobre el uso de estas herramientas por parte de las autoridades.

    El DPNY sostiene argumentos similares.

    Un vocero de la policía neoyorquina alegó que sus sistemas de vigilancia mantienen segura la ciudad y que el departamento publica informes de transparencia sobre sus herramientas.

    Fuente de la imagen, Getty Images

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    "Estamos comprometidos con el uso de la tecnología con cuidado y precisión, y con garantizar que nuestro uso se ajuste a la ley", aseguró.

    Expertos cuestionan los datos y la metodología que Flock y otras empresas utilizan para promocionar su enfoque de resolución de delitos.

    "La idea de que la vigilancia nos hace más seguros se sigue utilizando como excusa", indica Rindala Alajaji, directora asociada de asuntos estatales de la Electronic Frontier Foundation (EFF), una organización dedicada a los derechos digitales.

    De hecho, sostiene que esta tecnología hace que el mundo sea más peligroso.

    "La vigilancia se ha utilizado para criminalizar a personas por el simple hecho de ser testigos presenciales; hay casos de inocentes a los que la policía ha interceptado y apuntado con armas porque un lector de matrículas interpretó mal una letra", explica Alajaji.

    Cómo localizar las cámaras que te vigilan

    Si estás en EE.UU. existen herramientas que te ayudan a identificar dónde se encuentran estas cámaras en tu propio barrio.

    Una de ellas es el Atlas of Surveillance de la EFF.

    Permite buscar por ciudad, estado, cuerpo de seguridad o empresa de tecnología de vigilancia.

    Aunque es incompleta, incluye un mapa interactivo basado en datos recopilados por estudiantes e investigadores.

    Otra opción es DeFlock.

    La idea es similar: un mapa colaborativo que señala la ubicación de decenas de miles de cámaras fabricadas por Flock y otras empresas.

    Cualquiera puede editar DeFlock, por lo que su fiabilidad podría ser menor.

    Aun así, el mapa localizó cuatro cámaras de vigilancia con inteligencia artificial a poca distancia a pie de mi casa.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto,

    De todas formas, este no es un problema exclusivo de Estados Unidos.

    Los sistemas de reconocimiento facial se están extendiendo en todo el mundo y los cuerpos de policía atribuyen a ellos miles de detenciones.

    Los críticos denuncian una alarmante y "significativa expansión del Estado de vigilancia".

    Dahl y yo caminamos poco más de un kilómetro y tomamos el metro.

    Las cámaras nos observan fijamente mientras pasamos la tarjeta en cada punto de control y registran nuestros movimientos al salir.

    Al llegar a la calle en Midtown Manhattan, nos reciben —como cabía esperar— más cámaras.

    "Animaría a la gente a dedicar un minuto a observar dónde se los vigila y rastrea, y a averiguar adónde van a parar esos datos", dice Dahl.

    "Cuanto mayor sea la concientización ciudadana, más fácil será sumarse a los esfuerzos para ejercer presión legislativa".

    Una de las razones por las que algunas localidades han cancelado sus contratos con Flock es la presión ejercida por los ciudadanos sobre sus representantes políticos en las reuniones de los ayuntamientos; hubo incluso quien acudió disfrazado de Darth Vader.

    Llevo más de una hora con Dahl y con mucha suerte hubo algún momento en el que no estuvimos bajo vigilancia.

    Me despido y camino hacia la oficina de la BBC.

    Entro en el edificio y pulso el botón del ascensor.

    Las puertas se abren con un sonido metálico y, justo frente a mí, aparece una reluciente cámara negra.

    Al parecer, como en todas partes, alguien está observando.

Fuente original: Leer en BBC Mundo
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