Hemos probado una de las lavadoras de Samsung mejor equipadas gracias a la incorporación de inteligencia artificial y un sistema de autodosificación.
Las lavadoras han dejado de ser simples electrodomésticos para intentar convertirse en elementos inteligentes dentro del hogar, con capacidad para pensar por sí solas. Samsung tiene clara esta idea desde hace años gracias a la incorporación de IA en sus equipos, como la lavadora Bespoke AI 9 K (WF90F09C4SU3) presentada hace unos meses y que hemos podido probar.
Pero añadir IA a una lavadora ¿realmente mejora el lavado o es más marketing que otra cosa?
En el uso diario, lo primero que destaca es el ahorro. Más allá de lo que promete la etiqueta energética (según Samsung es un 55% más eficiente que clase A estándar), la sensación es que la lavadora optimiza bien cada ciclo, ajustando el consumo de agua y electricidad de forma bastante precisa. A esto se suma la posibilidad de controlarla desde la aplicación móvil SmartThings, lo que permite tener un seguimiento más claro del consumo y refuerza esa idea de eficiencia.
Con la aplicación también es posible comenzar un ciclo de lavado a distancia para, por ejemplo, que acabe justo al llegar a casa y no dejar la ropa mojada en la lavadora más tiempo del necesario. Una ventaja a la que se saca partido.
Gran parte de este comportamiento se apoya en la inteligencia artificial, que es, sin duda, el elemento diferencial del producto. La lavadora es capaz de analizar la carga y adaptar automáticamente parámetros como el programa, la cantidad de agua, el detergente o la duración del lavado. En la práctica, esto es bastante útil para no perder tiempo eligiendo entre las decenas de programas que ofrece además de que, según aseguran, también ayuda en el ahorro de energía.
Sin embargo, esa misma inteligencia tiene un pequeño inconveniente. En ocasiones, el sistema tiende a ser conservador y, si detecta suciedad, alarga el ciclo más de lo esperado. Puede resultar excesivo en determinadas situaciones, sobre todo cuando la ropa no está especialmente sucia o cuando se espera para sacar una lavadora y automáticamente se alarga una hora más.
Más allá de la inteligencia artificial, hay funciones como la autodosificación de detergente y suavizante que pueden ser muy prácticas. Permite olvidarse de añadir producto en cada lavado y convierte una tarea rutinaria en algo prácticamente automático.
La experiencia de uso también se ve beneficiada por la incorporación de una pantalla, que facilita la interacción y hace que todo resulte más intuitivo. Navegar por los programas o ajustar configuraciones es más sencillo y claro que en modelos tradicionales.
No ocurre lo mismo con otras funciones más orientadas al entretenimiento o al ecosistema conectado. La presencia de aplicaciones como Spotify o YouTube puede resultar llamativa sobre el papel, pero en la práctica tiene un valor limitado. No parece especialmente útil convertir la lavadora en un dispositivo multimedia, y es difícil imaginar un uso real de este tipo de opciones en el día a día.
Samsung pretende convertir la lavadora en un elemento más de su hogar conectado y poder manejar otros dispositivos desde la pantalla. Pero usando la aplicación móvil, es mucho más cómodo.
En conjunto, la propuesta de Samsung funciona mejor cuando se centra en lo esencial. La automatización del lavado, el ahorro de recursos y la simplificación del uso son sus grandes aciertos.
La inteligencia artificial no es infalible, pero sí aporta comodidad. Y aunque algunas de sus funciones más llamativas se queden en lo anecdótico, como tener Youtube en la lavadora, lo cierto es que el salto de calidad de una lavadora tradicional (sobre todo si es más antigua) a esta, es importante.
El precio de la Bespoke AI de Samsung de 9 kilos es de 1.120 euros.
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