Lunes, 16 de marzo 2026, 01:00
... intergeneracional del pecado, es decir, cree en la posibilidad de sanación entre generaciones. Para quien defiende esto, las consecuencias de los pecados cometidos por los antepasados, serían la causa de enfermedades físicas y psíquicas de sus descendientes. Casi nada. No tenemos bastante con lo nuestro que, como si se tratara de la carga genética, también arrastraríamos la responsabilidad moral. Cada cual puede creer o vivir lo que quiera, como si se quiere creer en la reencarnación, pero lo que pasa es que en el cristianismo no tiene encaje, aunque haya cristianos que sí lo crean.Esta práctica, extendida también entre cristianos católicos y no católicos, al fusionar aspectos propios de la fe católica con otros ajenos, es un sincretismo de apariencia católica. Algo muy arriesgado y peligroso. No todo vale en materia de credo. Entre otras cosas, porque, según la doctrina católica, el bautismo libera a la persona de todos sus pecados pasados, incluso del pecado original; por cierto, éste no tiene carácter de culpa personal en ningún descendiente, pues al pecado original se le llama pecado de manera análoga y su castigo no pasa a la siguiente generación.
Puestas así las cosas me quedo con la comunión de los santos y santas, que sostiene que entre quienes pertenecen al cuerpo de Cristo se da una comunión e intercambio de bienes espirituales bellísimos y solo positivos.
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