Santiaga Castro muestra a EL ESPAÑOL la fotografía que le envió Felipe González. Jesús Monroy EL ESPAÑOL
Reportajes Santiaga Castro, la cocinera de los presidentes: "A Felipe González le puse judías blancas con chorizo y me felicitó"Cocinera en la finca de Quintos de Mora, dio de comer a Suárez, quien era "muy discreto", a Gutiérrez Mellado e incluso al entonces príncipe Felipe, al que le preparó un bocadillo.
Más información: De los bonsáis de Felipe al idilio Sánchez-Podemos: los secretos de Quintos de Mora.
José Ismael Martínez Ciudad Real Publicada 2 marzo 2026 01:06hSantiaga Castro estira los manteles de su restaurante antes de abrir al público, como está acostumbrada a hacer desde hace medio siglo.
Nada es casual en sus casi 89 años de vida, ni siquiera su nombre, porque nació en el día de Santiago.
En la cocina del Restaurante Octavio, en Ciudad Real, su hija Aurora ultima las migas que le enseñó a preparar: las mismas que degustaron Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar cuando, siendo presidentes, visitaron la finca en la que trabajaba la cabeza de familia.
Santiaga Castro (c) posa en el Restaurante Octavio con sus hijos: Belén, Aurora y José (I-D) Jesús Monroy EL ESPAÑOL
Pero el comedor en el que hoy se mueve Santiaga no es el mismo de aquellos tiempos. Tampoco los paladares, ni siquiera la ciudad.
Sí lo son la disciplina y el cariño que transmite la anciana cuando recibe a EL ESPAÑOL en el local que abrió con sus tres hijos en 1997 en Ciudad Real, después de haber pasado las dos décadas anteriores sirviendo en el restaurante del coto de Quintos de Mora.
[El imperio de la familia Nicolás-Correa, 3 generaciones creando las fresadoras más importantes de España: "Facturamos 121 M"]"Por aquella finca pasó mucha gente", explica la casi nonagenaria cuando el periodista le pide abrir su memoria.
"Los presidentes, el ministro Gutiérrez Mellado, ingenieros, militares... Hasta el Rey Felipe cuando era príncipe".
Santiaga empezó a trabajar en el restaurante de Quintos de Mora como ayudante de cocina en 1975.
Santiaga Castro, en el restaurante. Jesús Monroy
Se trata de una finca ubicada en el municipio de Los Yébenes (Toledo), dentro de un coto nacional que entonces era propiedad de Patrimonio Forestal del Estado.
Hoy, este espacio pertenece a Parques Nacionales, y la finca donde estaba el restaurante en el que trabajó Santiaga se ha reconvertido en un rincón donde todavía se convocan reuniones institucionales.
Aunque la joven Santiaga llegó a este paraíso toledano cuando aún no era habitual que allí se celebrasen encuentros políticos de alto nivel.
Visitas presidenciales
En su primer año de trabajo, la muerte del dictador Francisco Franco sacudió España.
Comenzó la Transición, y a su término en el 78, con la Constitución Española ya aprobada, el primer presidente de la historia de la democracia decidió tomarse un breve descanso reponiendo fuerzas en Quintos de Mora.
Santiaga Castro, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Jesús Monroy EL ESPAÑOL
"Suárez estuvo allí", explica Santiaga. "Yo todavía no era trabajadora fija, pero sí que estaba en la cocina, y me dijeron que había venido a comer".
"Era un hombre muy discreto. Pasó muy poco tiempo en Quintos de Mora, comió muy rápido".
"Yo todavía era ayudante y ni siquiera llegué a verle porque no salí de la cocina", rememora.
La convulsión de la segunda mitad de los 70 no le daba tregua al primer mandatario democrático del país.
Hasta tal punto de que apenas tres años después, el también líder de UCD presentó su dimisión, debido al desgaste del período post Transición.
Para cuando aquello ocurrió, Santiaga, que ya conocía la finca como la palma de su mano, fue nombrada funcionaria del Estado y personal fijo.
Santiaga Castro posa frente a un cuadro de la finca de Quintos de Mora. Jesús Monroy EL ESPAÑOL
Y apenas un año después, en 1982, un Felipe González que acababa ganar las elecciones generales acudió a Quintos de Mora para degustar los platos de Santiaga, siguiendo los pasos de Suárez.
"Aquel día llegó un helicóptero a la finca y empezó a bajarse mucha gente de él. Eran escoltas. Luego descendió González con su mujer de entonces, Carmen Romero".
P.– ¿Y sabía que iba a venir el presidente del Gobierno?
R.– Sí, el jefe de cocina me lo dijo el día anterior. Eso sí, me pidió: 'Por lo que más quieras, no se lo digas a nadie'.
No era una petición absurda. A los 80 en España se les conoce como 'los años de plomo' por la gran intensidad de los atentados terroristas que tiñeron la década de sangre.
De hecho, solo un año antes de aquella visita, todo el país contuvo el aliento cuando un grupo de guardias civiles y militares dieron el golpe de Estado del 23-F, del que este lunes se han cumplido 45 años.
Santiaga Castro, durante la entrevista con EL ESPAÑOL Jesús Monroy EL ESPAÑOL
P.– ¿Felipe González se dejó ver más tiempo que Suárez en su primera visita?
R.– Sí, sí, se sentó a comer y cuando terminó quiso conocer a todos los trabajadores de la finca.
Entró a la cocina y estuvo hablando con todos. Su mujer en ese momento, Carmen Romero, iba con él y se tomó un café conmigo.
Él era muy agradable, iba siempre con una sonrisa y una actitud muy cortés
No es ningún secreto que el primer presidente del PSOE de la democracia es de buen comer.
González, más allá de sus labores políticas, siempre ha presumido de su talento entre los fogones.
González cenando su esposa Carmen Romero y sus hijos en el piso de la calle Pez Volador.
"Si no trabajo y no estoy viajando, sigo haciendo el pescado a la sal y el guirlache en la casa de la sierra", según explicó en una reciente entrevista para Lecturas.
"Soy muy buen cocinero, de lo mejorcito, incluso en alguna ocasión le he tenido que decir a Carmen cómo debía preparar un plato”
Por lo tanto, el listón del socialista sevillano, en cuanto a comida se refiere, está alto.
Y aun así, a lo largo de su mandato, no pudo evitar que su gusto gastronómico le llevase a la mesa de Quintos de Mora siempre que lo permitiera la ocasión.
"Vino por aquí muchas veces. En su primera visita, le preparé unas judías blancas con chorizo. Cuando terminó, entró a la cocina para felicitarnos".
Todos los platos se cocinaban con productos cultivados en la propia finca. Solo algunos alimentos más procesados, como la leche, llegaban en camiones una vez por semana.
Con esos recursos de primera calidad, Santiaga cocinaba migas, ensaladas, calderetas...
Platos típicos de la gastronomía castellana, pero con el toque de calidad que le confería el cariño y la atención del fuego lento con el que los preparaba la ciudadrealeña.
P.– ¿Cuándo fue la última vez que vio a Felipe González en Quintos de Mora?
R.– La última vez que fue a la finca era el año 1995, pero yo estaba en el hospital acompañando a mi marido, que padecía una grave enfermedad.
Sin embargo, Felipe González se hizo una foto ante el caserío con mis hijas, que también trabajaban allí, para mandársela a mi marido deseándole que se repusiera.
La fotografía que Felipe González envió a Octavio, marido de Santiaga, deseándole una pronta recuperación. En la imagen aparecen sus hijas, Belén y Aurora, y otros trabajadores de Quintos de Mora. Jesús Monroy EL ESPAÑOL
P.– ¿Y cuándo le sirvió al Rey?
R.– En 1995 le hizo un bocadillo al entonces Príncipe Felipe, hoy Felipe VI, que visitó la finca de Quintos de Mora después de ser nombrado él Guarda Mayor.
No sabíamos que iba a venir, y como no había comida para todas las personas que le acompañaban, preparé unos bocadillos.
Un legado de premios
Hoy, Santiaga luce con orgullo esa fotografía en las paredes del Restaurante Octavio, el negocio familiar que regentan sus hijos: Belén, Aurora y José.
Un espacio gastronómico donde se sirven los platos de la cabeza de familia, que sigue ayudando en cada servicio.
"Estuvimos en Quintos de Mora hasta 1997", explica su hija Belén García.
"Ese año, el presidente José María Aznar nos visitó en mayo. Fue el último al que sirvió mi madre, y en septiembre nos marchamos para abrir el Restaurante Octavio".
P.– ¿Cuántas horas trabajaba Santiaga en la cocina de la finca?
R.– Hay que tener en cuenta que nosotros vivíamos allí, en la misma finca, junto a otras ocho familias.
De manera que ella trabajaba todo el día porque siempre había algo que hacer.
Se levantaba a las 5 de la mañana para preparar las migas, pasaba toda la jornada entre los fogones y por la noche siempre quedaba alguna cosa que hacer.
Así nos inculcó su disciplina, lealtad al trabajo y orden que hoy seguimos aplicando en el Restaurante Octavio.
Todas estas cualidades no son mera propaganda, ya que este restaurante de Ciudad Real ha recibido un Sol Repsol y aparece en la Guía Michelín, entre un sinfín de condecoraciones que premian su cocina tradicional y de calidad.
Algunos de los premios y reconocimientos que ha recibido el Restaurante Octavio. Jesús Monroy EL ESPAÑOL
Los platos son los mismos que Santiaga ha cocinado toda su vida, con un toque de creatividad que ha hecho las delicias de los críticos.
Todo en el restaurante evoca a la familia García Castro. Desde el cuadro de don Octavio, difunto esposo de Santiaga; hasta el decorado, del mismo estilo que el que se veía en Quintos de Mora.
"Mi madre, dada su edad, ya no cocina ni trabaja con la misma intensidad que antes", reconoce su hija Belén.
"Pero sigue viniendo al restaurante cada día, y se pasea entre las mesas comprobando que la cubertería esté en su sitio, que los manteles estén perfectamente extendidos y sin manchas... Es un gran apoyo en los fogones".
Santiaga sigue viendo pasar cada jornada desde el marco de la puerta que separa la cocina del comedor.
De vez en cuando sale, caminando muy despacio, cuidadosamente, y se detiene junto a las mesas. Utiliza sus manos como referencia para medir la correcta disposición de los cubiertos y el decorado.
No hay un solo detalle que se le escape.
Antes de despedir al periodista, se acerca a la entrada y muestra la fotografía que Felipe González pidió tomarse con sus hijas, para apoyarla durante la enfermedad de su marido.
La enseña a la cámara, y como son casi las 13 horas, pide regresar al servicio antes de que lleguen los primeros clientes.
Santiaga Castro, en el Restaurante Octavio. Jesús Monroy EL ESPAÑOL
Ayudándose de sus hijos, regresa con su paso lento y seguro a los fogones. Se sienta en una silla de anea y empieza a apoyar el servicio, iniciando una vez más una liturgia que cumple medio siglo.
Son 89 años de experiencia en la vida, más de 50 en la profesión, y aun así, todavía le queda energía para continuar al pie del cañón.
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