El exdirector del CNI Félix Sanz Roldán durante la entrevista. David Cuevas C.
PolíticaHABLANDO SOBRE ESPAÑA Sanz Roldán: "Me reuní dos veces con Corinna, fue una misión digna que evitó un problema a los españoles""No podemos dejar a nuestros hijos un mundo en el que estemos pendientes de la corrupción todos los días".
"Desde hace tiempo Rusia desestabiliza a Europa con noticias falsas, claro que entró en Cataluña durante el ‘procés’".
"Al general Manglano, un hombre que hizo tanto por España, hubo que ayudarle a pagar la residencia porque le faltaban 150 o 200 euros al mes".
David Cuevas C. Publicada 7 junio 2026 02:20h Las clavesLas claves Generado con IA
3 de junio de 2026. Son las 10:40 horas de la mañana y el general Félix Sanz Roldán (Uclés, 1945) se encuentra en el fastuoso Hotel Intercontinental de Madrid, en el número 49 del madrileño Paseo de la Castellana.
Acaba de intervenir en un acto en el que también ha participado el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. La figura de Sanz Roldán emerge tras una nube de periodistas, en el vestíbulo del hotel.
El jefe de los espías españoles entre 2009 y 2019 concede a EL ESPAÑOL la "primera y posiblemente última" entrevista sobre su etapa como director del Centro Nacional de Inteligencia. Sanz Roldán dirigió el CNI en algunos de los años más convulsos para la seguridad del Estado.
Durante su mandato, tuvo que gestionar la amenaza del terrorismo yihadista tras el auge de Estado Islámico o el desafío independentista catalán que desembocó en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.
Su nombre también quedó ligado a varias de las mayores controversias que han salpicado a los servicios de inteligencia españoles. Desde las revelaciones sobre las actividades del comisario José Manuel Villarejo hasta las acusaciones de Corinna Larsen sobre presuntas operaciones de seguimiento vinculadas al entorno del rey emérito Juan Carlos I.
Sanz Roldán se ha visto obligado a comparecer ante los tribunales y en el Congreso en distintas ocasiones para defender la actuación del Centro. Esta misma semana lo hizo como testigo en la Audiencia Nacional por la operación Kitchen. Durante años cultivó un perfil hermético, fiel a la cultura de discreción propia de los servicios secretos.
¿Cómo llegó a ser director del Centro Nacional de Inteligencia? Porque usted ya tenía una dilatada carrera militar.
Yo nunca tuve relación con la inteligencia y nunca creí que la fuera a tener. Tenía un desconocimiento absoluto, nunca entró en mis parámetros.
Cuando acabó mi etapa como jefe de Estado Mayor, lo único que me quedaba era irme a casa, pero el presidente de entonces, José Luis Rodríguez Zapatero, me dijo que tenía una misión para mí.
Me pidió que me quedara para trazar la estrategia de la presidencia española de la Unión Europea en materia de Defensa. Me pareció bien, y yo creo que esa fue la razón por la que luego fui director del CNI. Cuando tuvo que pensar en un director, tenía a alguien cerca. Yo tenía despacho en Moncloa y me veía con el presidente con frecuencia.
Me propuso ser director del CNI y, naturalmente, como militar que ha tenido una carrera tan dilatada —47 años de servicio en la milicia— no se nos entrena para decir que no. Nuestra respuesta natural es sí. Yo no hubiera podido decir otra cosa.
¿Llegó a pensar que estaría diez años dirigiendo el CNI?
No. Siempre que se producía un cambio de gobierno, pensaba: "Pues ahora nombran a otro". De hecho, cuando llega el gobierno de Mariano Rajoy, podrían haber dicho: "Mire, le agradecemos mucho los servicios prestados, pero tenemos a otro de nuestra confianza; a usted no lo conocemos". Pero no ocurrió, ni en la primera legislatura de Rajoy, ni en la segunda, ni cuando llegó el actual presidente, Pedro Sánchez.
En la primera minilegislatura de Pedro Sánchez también estuve. Nunca sabré si hubiera tenido un segundo o un tercer mandato. Me alegro de no haberlo tenido porque, cuando el Gobierno me dijo que ya me podía marchar y que no me podía renombrar, yo tenía casi 75 años. Dirigir el CNI hasta los 80 era un poco exagerado.
El exdirector del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sanz Roldán, durante la entrevista. David Cuevas C.
Cuando llega a la dirección del CNI, ¿tuvo alguna relación con Emilio Alonso Manglano, director del CESID entre 1981 y 1995?
Tuve relación con el general Manglano muchísimos años. Cuando yo era capitán, joven, el general Manglano era comandante y llevaba la secretaría de los cursos de Geoestrategia de la Universidad de Verano de Santander, la Menéndez Pelayo.
Pero cuando verdaderamente lo traté con interés fue luego, cuando fue profesor mío en la Escuela de Estado Mayor. Lo admiré toda mi vida.
Luego, cuando fui director del CNI, tuve bastante relación personal con él, porque era un hombre que estaba bastante desasistido: su mujer e hijos vivían fuera de España, venían en contadísimas ocasiones, él estaba enfermo y había que atenderlo.
Recuerdo ayudarle un poco económicamente para pagar la residencia en la que estaba, porque a un hombre como él, que había hecho tanto por España, le faltaban 150 o 200 euros al mes para pagarla. Iba mucho a la residencia a verlo.
Las escuchas ilegales de Manglano fueron el comienzo del fin de su mandato al frente del CESID. ¿Qué opinión le merece este tema?
Entonces no existía la ley que regula las escuchas. Por lo tanto, no era un acto ilegal. Podría serlo por la aplicación general de la ley de España, pero no porque él vulnerara la ley de secretos oficiales o la ley de funcionamiento del CNI, que entonces no existía. No preveía esto. ¿Y por qué no se preveía? Porque tampoco existían los medios.
Aquellas escuchas son de cuando empiezan los teléfonos, los escáneres aquellos que llevaba la gente en el coche, que los llevaban hasta los estudiantes para saber cuándo venía la policía a una manifestación.
Cuando es necesario regular las escuchas es cuando verdaderamente tenemos la posibilidad de hacerlas. Y entonces se regulan en el CNI con absoluto rigor. Cuando se produjeron aquellos hechos cayeron el vicepresidente del Gobierno, el ministro de Defensa y el director del Centro Superior de Información de la Defensa.
Usted declaró hace unos días como testigo en el juicio de la 'operación Kitchen' y calificó lo sucedido de "ilegal". Sin embargo Mariano Rajoy, ha defendido que se trató de una operación policial "legal". ¿Qué pasó ahí realmente?
Lo que dije está dicho y lo sigo diciendo. A mí, ningún gobierno de ningún color me pidió hacer nada ilegal. Puedo añadir, aunque no lo había dicho, que si me lo hubieran pedido tampoco lo habría hecho. Pero eso es una entelequia, porque no me lo pidieron y, por tanto, no me tuve que ver en esa tesitura.
Hacer uso de los medios en beneficio de un partido, o cometer un determinado delito, eso habría sido ilegal, y yo no lo hice. Punto. No lo hice. Yo no sé qué decisiones tomó el presidente del Gobierno, pero sí sé que a mí nunca me ordenó que hiciera nada ilegal. Nunca.
A este respecto, Alberto Saiz, su predecesor, declaró que en el CNI faltaba gestión y sobraba política. Habló también de falta de escrúpulos, de traición, de ambición, y relacionó el centro con cuestiones, decisiones o relaciones políticas. ¿Qué opina al respecto?
Lo único que puedo opinar es que Alberto Saiz salió del CNI cesado, y que él era el responsable. Si verdaderamente esto ocurría, él era el responsable de que estas cosas no ocurrieran.
¿Qué hay de su agria polémica con el comisario Villarejo?
No hay ninguna. Eso de la polémica es falso. Porque, para polemizar, tiene que haber dos, y yo no he polemizado nunca con él, no le he dicho nunca nada, no he hablado jamás con él ni voy a hablar. Por lo tanto, es falso.
¿No lo conoce personalmente?
Cuando digo que no lo conozco, no sería exacto. He ido a dos juicios en los que él estaba allí sentado, así que lo he visto, claro. Pero no he cruzado una palabra con él en mi vida. Vamos a ver, vosotros que estáis en esto, si él hubiera cruzado una sola palabra conmigo, sabiendo que lo grababa todo, ¿cuántas veces habría abierto los telediarios mi conversación con Villarejo? ¿Cuántas? Es de cajón: si ha grabado a toda España y a mí no, qué casualidad que conmigo hablara y fuera el único al que no grababa.
¿Y por qué le cita a usted constantemente?
Porque miente, miente constantemente. Dice que he tenido gente encubierta, y es mentira. El único que puede decir con absoluto convencimiento la verdad sobre todas esas cosas —gente encubierta, que actúa en Afganistán— soy yo. Y, claro, esta es una postura un poco goebbelsiana: vamos a desprestigiar al que puede decir la verdad. Pues a mí qué más me da. Es más, a mí me encanta que Villarejo hable mal de mí. ¿Qué pensarían si hablara bien?
Félix Sanz Roldán, el pasado 3 de junio, en una estancia del Hotel Intercontinental de Madrid. David Cuevas C.
¿Hubo algún tipo de vinculación entre las informaciones sobre Villarejo y su relación con el rey Juan Carlos?
Villarejo no ha visto al rey Juan Carlos más que en el cuadro del despacho de la comisaría. O cuando pasaba al despacho del ministro. A veces cuesta mucho más desmontar una cosa así que mentiras más sofisticadas. Pero es que no lo ha visto en su vida. No sabe absolutamente nada. Todo esto es una ficción, y además, dependiendo del momento, lo dice en un sentido o en otro.
El mejor favor que podríamos hacer a la democracia es no hacerle caso. Todos los ciudadanos están legitimados para decir lo que quieran, pero a todos les exigimos que puedan demostrar lo que dicen. Yo no hablo jamás con él.
Su intención, supongo, fue hablar conmigo para hacer lo que hace con los demás: tener luego una prueba. La estrategia puede ser que, si algún juez reconoce que Villarejo tuvo algo que ver con el CNI, sería muy bueno para él, porque a partir de ese momento puede guardar silencio en muchas cosas. Por eso a mí siempre me preguntan lo mismo. "¿Villarejo trabajó para el CNI?". No, no trabajó jamás.
Pero si algún juez, por cualquier cosa —porque las pruebas se han manipulado, o porque lo considera evidente—, sentencia que Villarejo trabajó para el CNI, al día siguiente, en los juicios que le queden, puede decir: "Señor, lo siento, tengo que guardar silencio porque he sido agente del CNI". Y ya está. Esa puede ser la estrategia. Pero nunca lo ha sido: yo garantizo que en los diez años que he estado allí no ha ido ni a la puerta del CNI.
¿Se reunió usted con Corinna?
Es público y notorio. Me reuní cinco horas en el Hotel Connaught de Londres. Eso lo sabe todo el mundo, lo han dicho ocho millones de veces en el Sálvame. Así de claro.
¿Quién se lo pidió?
Me lo pidieron. Punto.
¿Hubo alguna operación contra ella en Mónaco?
¿Eso de que habíamos contratado a unos mercenarios para que fueran a vaciar un despacho, o algo así, en Mónaco?
Sí, sí, que se la extorsionó...
La demanda que ha interpuesto la señora en Londres la he leído dos o tres veces, y es absolutamente falso: allí no hubo ningún mercenario. Los servicios secretos, si actúan en un país que no es el suyo, hablan con el servicio secreto anfitrión. En este mundo tan global, en el que todos hablamos con todos, todos necesitamos de alguien alguna vez, porque hay un presunto terrorista que está en Polonia, luego pasa por Francia y quiere entrar. Estamos hablando todos los días.
Si yo tengo que hacer algo en Francia, lo primero que hago es ir al servicio secreto francés y decir: "Oye, tengo esta necesidad. ¿Qué hacemos? ¿Lo hacemos juntos o lo haces tú?". Y aquí, igual. Además, un servicio secreto sería muy malo si dejara operar a otro en su país sin su conocimiento. Mientras yo estuve en el CNI, nadie operó en España sin mi consentimiento, porque esa es una de mis obligaciones. Estaría bueno. Y, cuando han venido algunos y han operado sin mi consentimiento, lo hemos parado. Así es como tiene que ser.
¿No se reunió más veces con ella?
No, yo la vi dos veces.
Fernando Rueda, en su libro La Casa II, habla de un par de reuniones concretamente.
Fueron dos. El día que la conocí, en Madrid, y el día que fui a Londres a hablar con ella, en una misión absolutamente digna y razonable, que posiblemente evitó algún problema a los españoles.
¿Ella tenía intención de chantajearle de alguna forma?
No podemos entrar en esos detalles. Tu pregunta es legítima pero disculpa que no te conteste.
Tengo que preguntarle por la situación actual del gobierno de España. Usted ya no está en el CNI, está jubilado, pero como hombre de Estado, como persona que ha luchado por la seguridad del país, ¿cuál es su opinión?
No veo que tenga que existir tanta polarización. No sé por qué tiene que ser así. Y tú has mencionado la palabra "corrupción". Eso tampoco pensé que lo iba a vivir. Y creo, además, que es posible atajarlo. Hay países de nuestro entorno que tienen algún elemento de corrupción, pero enseguida lo atajan.
La gran enseñanza de esto es que la corrupción existe y existirá, porque hay gente que se vende o que se compra; pero hay que ponerle fin. No podemos transmitir a nuestros hijos un mundo en el que estemos pendientes de todo esto todos los días.
Esto tiene que ser la excepción, y resulta que, cada vez que vamos al telediario, no hay otra cosa desde hace meses. El que tiene una responsabilidad política tiene que vivir con dignidad, para eso se le paga, pero no enriquecerse. Así de simple.
En una conferencia suya, cuando surgió el tema de la teórica relación del servicio ruso con el 'procés' de Cataluña, usted sonrió y dijo algo así como "algo hay". ¿Lo confirma?
Eso lo sabe todo el mundo también. Fue la vicepresidenta del Gobierno al Congreso de los Diputados a dar explicaciones. Rusia, su principal herramienta, incluso hoy, es la desestabilización. Ahora ya utiliza otros medios más directos, pero lo que le gustaba era desestabilizar Europa. Hay ejemplos palmarios.
¿Qué problema teníamos nosotros en aquellos momentos? El procés, un gran problema nacional. Y ellos siempre iban a desestabilizar. Claro, si vienen a desestabilizar, no van a venir con tu permiso: es una agresión. Entonces, ¿qué tienes que hacer? Descubrirlos e impedirlo.
Y no siempre tienes éxito, eso también es verdad, porque ningún servicio en todo el mundo tiene 100% de éxitos: tienes el 99, el 98, el 97. Pero claro que lo supimos. Rusia sigue desestabilizando Europa desde hace mucho tiempo con esas noticias falsas. Y aquí claro que entró.
Hablando de Rusia. Se hizo pública una historia, justo al comienzo de su mandato, sobre una presunta traición de un agente del CESID-CNI, relacionada con una supuesta venta de información a los rusos. ¿Cómo abordó usted ese tema?
Cuando llegué, eso ya estaba juzgado, creo, y condenado. En cualquier caso, cuando llegué, creé una sección nueva que se llamaba Sección de Protección del Deber de Reserva. Porque el deber de reserva lo tenemos todos, pero a veces podemos faltar a él incluso de forma inconsciente. Nosotros tenemos que hacer las cosas y callarnos.
Puede haber algo involuntario, pero, aún así, tiene que haber alguien que se ocupe de que esas cosas no ocurran, ya sea porque uno es pardillo o porque uno quiere tirarse el pisto. Así que se creó una división que funcionó bastante bien. Desde luego, durante mi tiempo en el CNI, creo que puedo decir que nadie vulneró el deber de reserva.
Sanz Roldán responde a una pregunta del periodista David Cuevas C.
Otro tema del que se habló largo y tendido es el del imán de Ripoll. Se decía que había sido colaborador del CNI bajo su mandato. Ustedes comentaron que simplemente se habían reunido con él en la cárcel en algún momento.
Lo dije en el Congreso de los Diputados, en la comisión del atentado de las Ramblas, y eso es público. Ahí está. Les dije: "Nosotros, como otros muchos, tuvimos contacto con él, porque una de las cosas que debe hacer un servicio secreto, en su labor de prevención, es saber cómo están las cosas y quién es quién". Pero llega un momento en que dices: "Pero si este tío no...". Además, tenía un informe que no sé si llegué a presentar, en el que los técnicos decían que la información que nos estaba dando era "inservible".
Se llegó a decir incluso que cobraba 500 euros al mes del servicio secreto. ¿En qué quedó todo esto?
Lo que quedó es lo que dije en el Congreso. Hubo un contacto con él hasta que se vio que no servía para nada, y ya está. ¿Para qué vamos a buscarle tres pies al gato? Es así. ¿Y por qué se deja? En Inteligencia se dieron cuenta de que el contacto era bastante inútil y que seguir esa pista, como otras muchas, no servía de mucho.
¿Hay alguna anécdota que recuerde de su etapa en el CNI, que no haya contado y que se pueda contar?
A mí lo que más me impresionó siempre fue la sangre fría que tiene la gente. Corren unos riesgos tremendos y parece que no les pasa nada. Yo me despedía siempre de todos los que salían a una misión compleja en el exterior antes de que se fueran, aunque me ocupara media hora o dos horas de mi tiempo de despacho.
El equipo era lo que daba confianza a todos. Hubo momentos de mucho riesgo, como, por ejemplo, tratando de liberar a tres periodistas [Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre] en Alepo. Había dos chicos del CNI hablando con los malos para ver qué había que hacer para soltarlos. Los malos eran ocho, armados hasta los dientes.
Estos pobrecitos eran dos, sin ningún tipo de armamento. No tenían más arma que su inteligencia. Estuvieron hablando con ellos tres o cuatro horas en un garaje en Alepo. Fíjate: hablar cuatro horas con un tío de esos, malo, malo, para encima decirle que es malo y que te tiene que entregar a los periodistas, cuando en cualquier momento se cabrean y, en vez de tres, tienen cuatro o cinco rehenes. Y aguantaron el tirón y progresaron mucho en la solución. Y nada más salir del garaje de Alepo, la aviación rusa bombardeó la ciudad. Yo decía: "Joder". Afortunadamente, todos volvieron ilesos.
¿Hay algún momento en el que usted se emocionase como director del CNI?
Yo me he emocionado siempre que he visto a las familias de los que han muerto. Pero lo que más me emocionó fue cuando ETA dijo que no mataba más. Entonces reuní a los que habían tenido algo que ver, y había uno que había estado mucho tiempo con ellos —como en el caso de El Lobo, aunque no era El Lobo—, y me dijo: "Yo estuve ocho o diez años sin ver a mis hijos". Entonces piensas: "Madre mía, qué servicio hace esta gente".
Pero lo hacen con una gran actitud y de forma muy proactiva: no son gente que ignore sus riesgos; saben dónde están y lo que hacen. Y la grandeza de ellos es que no esperan nada.
¿Hay algo de lo que se arrepienta durante su mandato?
No. No lo he hecho todo bien, habré hecho algunas cosas mal, pero siempre he puesto todo mi interés y mi saber al servicio del centro. Parecerá presuntuoso, pero no encuentro en este momento nada de lo que arrepentirme. Y, si hay algo, a lo mejor es que he llamado la atención a alguien que no merecía un reproche. A mí también me ocurría cuando era teniente. O tomar una decisión inadecuada. Pero eso no es tan grave como para acordarme ocho años después. A lo mejor a quien le llamó la atención sí se acuerda (risas).
¿Cuál fue el momento más duro al frente del CNI?
Yo tuve muchísima suerte. Llego al CNI y me siento en la mesa de unos señores que tenían como misión evitar que ETA asesinara. Durante la dirección de mis antecesores, asesinaron a cerca de 1.000 españoles. Yo decía: en el año 80, por ejemplo, hubo 100 muertos sólo en ese año. En mi época, durante esos 10 años, 'afortunadamente' sólo asesinaron a dos guardias civiles.
Yo soy hijo de guardia civil, así que no es que no me doliera. Me dolió mucho. Pero, cuando pasaba un año y otro, y todo iba bien, y caía una cúpula tras otra y veíamos que ya no se nos escapaban, pensaba que había tenido muchísima suerte.
¿Nunca bajó a los sótanos a satisfacer alguna curiosidad? ¿Quién mató a Kennedy, por ejemplo?
Una vez, porque el ministro del Interior, ante una publicación, me dijo: "Esto que publica el periódico quiero saber si es cierto".
¿Recuerda qué historia fue?
Perfectamente, pero no la voy a contar. Entonces llamé a la encargada del archivo, que era una mujer que llevaba mucho tiempo allí. "Oye, mira, el ministro pregunta esto". Y me dijo: "Sí, sí, está en tal sitio", y me dio explicaciones. Aproveché para mostrar interés por su trabajo, porque era un trabajo de verdad. Entonces bajé y vi el archivo también, porque eso sí que está dentro de mis obligaciones: ver que las cosas están custodiadas y que están bien. Bajé y lo vi. Pero sólo bajé una vez en los 10 años.
¿Y cómo es el archivo? ¿Es un archivo polvoriento lleno de carpetas, o está todo superinformatizado, con cuatro ordenadores?
Es un archivo magnífico, bien cuidado y bien conservado, como debe ser. Y con gente especialista que lleva mucho tiempo y que conoce su oficio.
Una visita guiada… imposible, ¿no? (risas)
Una recomendación general es posible; pero una visita guiada... De todas formas, si se pudiera pasar a un archivo pero sin permitirte ver el contenido, ¿qué sentido tendría? ¿Qué más da que vayas a la Biblioteca Nacional y pases entre estanterías llenas de documentos? El problema no sería ese, el problema serían las conclusiones que pudieras sacar.