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Sara Blakely, la empresaria que pone faja a las estrellas

Sara Blakely, la empresaria que pone faja a las estrellas
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La emprendedora estadounidense pasó de vender faxes puerta a puerta a invertir sus ahorros en una empresa valorada hoy en 1.200 millones de dólares

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Blakely cuenta con una legión de fans entre las estrellas de Hollywood. R. C. Sara Blakely, la empresaria que pone faja a las estrellas

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La emprendedora estadounidense pasó de vender faxes puerta a puerta a invertir sus ahorros en una empresa valorada hoy en 1.200 millones de dólares

Izaskun Errazti

Sábado, 25 de abril 2026, 00:36

... un filón en una ocurrencia que acabó catapultándola a la lista de multimillonarios de Forbes con sólo 41 años. De aquella extraña mezcla surgió la prenda por la que hoy beben los vientos las estrellas de Hollywood, la faja milagro que lo pone todo en su sitio y les hace lucir esculturales sobre la alfrombra roja. Gwyneth Paltrow, Oprah Winfrey o Madonna son algunas de las celebridades que han confesado vestir habitualmente las prendas moldeadoras Spanx, la marca presente en cerca de 40 países con más de 11.500 puntos de venta que suma unos ingresos anuales de 500 millones de dólares.

El uso diario de uniformes y medias incómodas para patear Florida bajo un sol de justicia pronto le pasó factura: problemas en las piernas y mala circulación. Además, la joven no soportaba que se le marcaran las costuras de su ropa íntima con sus prendas más ajustadas. Un día, por casualidad, dio con la tecla que cambió su vida, cuando se le ocurrió cortar unas medias clásicas, de tejido resistente y delgado, para aprovechar su efecto moldeador bajo un pantalón blanco dejando los pies al descubierto. Así, sin quererlo, había nacido el primer prototipo de Spanx, pero el camino iba a ser largo.

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Sus modelos son ligeros y no tienen costuras. R. C.

Sara sabía que su idea podía tener futuro. Eran legión las mujeres que, como ella, buscaban una faja que no se marcara en la ropa y que fuera cómoda para el día a día. Por eso no dudó en invertir todos sus ahorros, que ascendían a 5.000 dólares, para desarrollarla. Después, con la Spanx en la mano, se lanzó a la búsqueda de un empresario que fabricara su invento. Tras meses de rechazos, hubo uno que, convencido por sus hijas, se decidió a darle una oportunidad.

Con la ayuda de Oprah

Con un presupuesto más que ajustado y sin opciones de contratar publicidad, la emprendedora tuvo que dar cuenta de las virtudes de su producto probándoselo ella misma delante de posibles clientas. Una práctica, dicen, que todavía hoy acostumbra a realizar. Pero en aquel momento, no había tiempo que perder. Así que, tirando de ingenio, se le ocurrió la brillante idea de hacerle llegar la faja, ligera y sin costuras, a la todopoderosa Oprah Winfrey. Y se obró el milagro. Bastó con que la presentadora recomendara la pieza en su programa, con una audiencia media de ocho millones de espectadores, para que todas las estadounidenses quisieran probarla.

«El fracaso no es el resultado de intentarlo y fallar. El fracaso es no intentarlo», sostiene Blakely

Gracias al boca a boca, el éxito llegó pronto para Sara Blakely, que logró ventas por valor de cuatro millones de dólares en su primer año de actividad, y de diez en el segundo. La firma siguió creciendo hasta que en 2012 su fundadora fue incluida en la lista de la revista 'Time' que enumera a las cien personas más influyentes del mundo. Ese mismo año, la empresaria, que sin saber nada de moda construyó un imperio de ropa interior, apareció en la portada de 'Forbes' por ser, con 41 años, la multimillonaria más joven del mundo, sin herencia ni socios.

En octubre de 2021, la creadora de Spanx, casada con el emprendedor Jesse Itzler desde 2008 y madre de cuatro hijos, vendió su negocio, valorado en 1.200 millones de dólares, al fondo Blackstone, en una operación en la que participaron rostros conocidos como la propia Oprah y la actriz Reese Whiterspoon. Para celebrarlo Sara regaló a cada uno de sus 750 empleados dos billetes de avión en primera clase a cualquier desino del mundo y un talón de 10.000 dólares.

Convertida en presidenta ejecutiva de la multinacional que ahora dirige Caroline Whitton, Blakely es hoy una de las emprendedoras más admiradas del mundo tras donar millones para ayudar a otras mujeres a poner en marcha su idea de negocio. Además de sus icónicas fajas, Spanx vende ahora ropa deportiva y ha incorporado prendas para hombre. Hace un par de años, la firma siguió el mismo patrón para lanzar Sneex, una marca de calzado que fusiona la comodidad de las zapatillas deportivas con el estilo de los zapatos de tacón. «Compré unos pantalones que no sabía cómo ponerme… y creé mi propia solución», resume sobre el origen de su primer negocio. «Ahora quería sentir que estoy de pie en una zapatilla, pero con un tacón de tres pulgadas», explica a propósito de su último invento. El resultado es un producto que desafía todas las reglas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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