Esta orgullosa mexicana es comisaria de exposiciones de arte, escritora y cazadora incansable de nuevos talentos. “Pasé más de un año intentando comprender cómo funcionan los españoles. No vine a enseñar nada. Vine a aprender”, declara a Magas.
Créditos Texto Raúl Rodríguez Fotografía Esteban Palazuelos Vídeo Eva Calzadilla Estilismo Natalia Bengoechea Maquillaje Rosa Navajas Producción Lola Cuevas Fecha de publicación:10 noviembre 2024, 1:06h
Actualizada:24 noviembre 2024, 21:32h
Sara Galindo (Saltillo, Coahuila, México, 1976) no da la mano al saludar. Tampoco dos besos. Da uno y, cuando crees que vais a separaros, te envuelve en un abrazo que te desmonta entero. No encuentro —quizá porque soy andaluz— una mejor carta de presentación. Ya hemos conectado.
Y no crean que es un gesto delicado y punto. La mexicana —ella y todas—, cuando abraza, lo hace de verdad. Después habla. Y uno comprende que aquella primera impresión no era pose: ¡todo era real!
Escucharla es fascinante. Se expresa con la misma naturalidad de moda que de negocios, de arte que de artesanía, de Marbella y Monterrey; de Menorca y de Ciudad de México. Sus argumentos son profundos, sus análisis brillantes y cada respuesta demuestra por qué está considerada una de las figuras más influyentes de la moda latinoamericana.
Durante 12 años fue editora ejecutiva de ELLE México y desde allí impulsó una revolución cuyo eco hoy llega hasta nuestro país. Galindo descubre y da visibilidad a una generación de diseñadores mexicanos que apenas encuentran espacio en los grandes medios internacionales.
Tras su paso por la dirección editorial, llegaron proyectos como Mexicouture, Diseñando México 32 o KM33, iniciativas con las que conectó a diseñadores, artesanos y creadores con el mercado internacional, convencida de que el verdadero lujo mexicano reside en su historia, su cultura y el talento de su gente.
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Comisaria de exposiciones de arte —vinculada a la Fundación Casa de México en España—, empresaria, escritora, conferenciante, asesora de imagen y cazadora incansable de nuevos talentos, lleva años construyendo puentes entre México y el mundo. Desde hace dos y medio, entre su país natal y España.
Ahora prepara su segundo libro y el lanzamiento de una exclusiva línea de perfumes nicho. Pero, después de compartir unas horas con ella, la sensación es otra: el tiempo fue demasiado corto. Con Sara Galindo, uno siempre se queda con ganas de más.
Top de algodón negro de MARLOTA y pantalones de lino mostaza de MAKSUPara quien aún no lo sepa —si es que acaso hay alguien—, ¿quién es Sara Galindo? Más allá de una excelente profesional con un currículum impecable.
Casi siempre nos definimos por lo que hacemos y no por lo que somos. Me considero una persona valiente y con una necesidad constante de seguir creciendo y reinventándome. Creo que no hay edad para decidir quién quieres ser ni para cambiar de piel tantas veces como sea necesario hasta encontrar tu lugar.
¿Se considera valiente?
Sí, porque tomar la decisión de irme a otro país con dos hijos, dejando atrás toda una vida y sin un plan completamente definido, requería valentía. Aunque siempre he pensado que, cuando sabes trabajar, puedes salir adelante donde estés. Eso sí: debes tener un propósito claro. Soy muy trabajadora, positiva y echada para adelante. Tengo miedo constantemente, pero he aprendido a utilizarlo a mi favor. El miedo no me paraliza: me impulsa.
¿Y a qué le teme?
A equivocarme y a que las cosas no salgan bien. Pero también he comprobado que las veces que más me he equivocado han sido las que más me han hecho crecer y las que me han llevado exactamente al lugar donde tenía que estar para comenzar una nueva etapa.
¿Recuerda algún error que acabara convirtiéndose en una oportunidad?
Recuerdo uno muy concreto, cuando era editora de una revista de moda en México. Íbamos a trabajar con uno de los fotógrafos más importantes del mundo en una producción con Miranda Kerr. Nunca abrí un archivo adjunto de un correo electrónico donde venía el presupuesto de la producción. Respondí que sí, organizamos todo y el trabajo salió adelante. Cuando terminó la sesión recibí la factura. Pensé que mi carrera había terminado.
¿De cuánto dinero hablamos?
Eran unos 150.000 euros de hace 15 años. Hoy equivaldrían fácilmente al doble. En México una producción normal podía costar unos 3.000 euros. Aquella factura era desproporcionada. Pensé que me despedirían inmediatamente. Incluso llegué a pensar que ni con mis ahorros de entonces podía asumir esa cantidad. Lloré muchísimo.
¿Y qué pasó?
Ocurrió algo inesperado. El fotógrafo fue increíblemente generoso. Entendió el error y consiguió redistribuir el coste entre otras ediciones internacionales que participaban en aquella producción. No perdí el trabajo. Y, paradójicamente, aquel desastre abrió la puerta para que grandes fotógrafos internacionales comenzaran a colaborar con nosotros. También ayudó a que el talento mexicano empezara a verse desde otro lugar. Ese error terminó impulsando mi carrera. Por eso siempre digo que equivocarse no siempre significa fracasar.
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¿Era la España que imaginaba?
Yo llevo viniendo a España desde que tenía 12 años. Siempre la vi como un país maravilloso, con una cultura extraordinaria y una creatividad inmensa. Pero el Madrid de hoy no tiene nada que ver con el que conocí hace 30 años. Es una ciudad profundamente internacional. Hay una efervescencia creativa impresionante: gastronomía, arte, diseño, cultura… Hoy Madrid está jugando en la misma liga que ciudades como Londres o Nueva York. Y eso me parece fascinante.
Aunque México y España comparten idioma, muchas veces no hablamos exactamente el mismo lenguaje.
Exactamente. Nos entendemos, pero al mismo tiempo descubrimos continuamente diferencias culturales. Creo que, de todos los países hispanohablantes, México y España mantienen una relación muy especial. Hemos dedicado mucho tiempo a hablar del pasado, pero quizá ha llegado el momento de preguntarnos cómo queremos construir juntos el futuro. Porque el pasado ya ocurrió. La verdadera conversación debería ser cómo hacemos para que México y España crezcan juntos durante los próximos años.
Tengo la sensación de que España, en el plano moda, artesanía... tiene un cierto complejo. Admiramos mucho lo que viene de fuera, pero a veces no somos conscientes del valor de lo que tenemos aquí. ¿Usted también lo percibe?
Sí. Hay algo que me llama mucho la atención desde que vivo aquí: los españoles se quejan mucho de su propio país. Y yo pienso: si supieran la suerte que tienen. Es maravilloso. A veces tengo la sensación de que están tan acostumbrados a vivir rodeados de belleza, de historia, de patrimonio y de creatividad que ya no son conscientes de ello. Miran constantemente hacia París o hacia Milán, especialmente cuando hablan de moda o de lujo. Pero creo que el futuro del lujo está precisamente en la identidad. Si un país no abraza su propia historia, sus artesanos y sus raíces, siempre acabará siendo la sombra de otro.
Esa idea conecta mucho con algo que escribe en sus redes sociales. Dice: "Mi máximo orgullo es ser mexicana. Mi propósito es seguir posicionando a México en lo más alto del mundo a través de sus creativos y de su cultura. Y ahora, desde Europa" ¿Qué le diría a un español que no se siente orgulloso de lo suyo y que no ama a su patria?
Le diría: “Amigo, ponte las pilas. El mundo ha cambiado”. Vivimos en una época en la que todo sucede muy deprisa y en la que todo parece superficial y efímero. Precisamente por eso, lo único verdaderamente sólido que nos queda son nuestras raíces. Nunca deberíamos sentir vergüenza de quiénes somos ni del lugar del que venimos. Todos los países tienen luces y sombras. México las tiene. España también. Lo importante es aprender a convivir con ellas. Pero jamás perder el orgullo de tu identidad.
“Si un país no abraza su propia historia, siempre será la sombra de otro”Top drapeado de Marina Rinaldi y pantalón negro de Lola Casademunt- Sara Galindo
¿Cree que ese orgullo es una ventaja competitiva?
Absolutamente. Nosotros convivimos con Estados Unidos, la mayor potencia del mundo, y sin embargo nunca hemos intentado convertirnos en ellos. Seguimos siendo profundamente mexicanos. Durante muchos años existió cierta vergüenza hacia nuestra propia cultura. Pero el tiempo ha demostrado que nuestra mayor fortaleza era precisamente esa identidad. Hoy el mundo busca autenticidad, historia, tradición. Ahí está el verdadero lujo.
¿España todavía no ha entendido eso?
Creo que empieza a entenderlo. España posee una riqueza cultural extraordinaria. Tiene diseñadores maravillosos, artesanos increíbles y una historia inmensa. Lo que necesita es confiar más en sí misma. Porque el resto del mundo sí la admira. No hace falta salir a buscar fuera aquello que ya tienes dentro.
Usted llegó pensando que iba a abrir puertas para México en Europa. Sin embargo, da la impresión de que el camino ha terminado siendo de ida y vuelta.
Eso ha sido uno de los mayores aprendizajes de estos años. Llegué pensando únicamente en México. Pero poco a poco empecé a descubrir diseñadores españoles extraordinarios, artesanos maravillosos y personas con un talento inmenso. Entonces entendí que mi trabajo ya no podía consistir únicamente en traer México a España. También tenía que llevar España a México.
¿Es usted una especie de puente imaginario?
Ese es mi propósito. Quiero que ambos países dialoguen. Conozco muy bien ambos mundos y creo que puedo ayudar a que ese intercambio ocurra. Porque no se trata de competir, sino de aportar mutuamente.
Ha dicho en varias ocasiones que la moda no es una prioridad, sino un lenguaje. ¿Qué cuenta la manera de vestir de una sociedad?
Históricamente refleja el momento cultural, económico y social que vive un país. Lo dice todo. Cuando llegas a Nueva York hoy, predominan los colores oscuros, la funcionalidad y cierta sobriedad. En España existe un estilo muy reconocible, muy Cayetano, si me permites decir. Las mujeres visten con esas faldas largas…
¿Muy conservadoras?
¡Pero son ideales! Yo creo que tienen referencias portuguesas y con esa elegancia natural… A mí me encanta.
Usted ha descubierto y apoyado a muchos diseñadores antes de que fueran conocidos. ¿Qué ven sus ojos que otros no?
Los tengo muy entrenados. Después de tantos años trabajando en moda, identifico rápidamente cuándo una pieza puede funcionar en un mercado o en otro: ya sea Marbella, Menorca, México, Monterrey o Guadalajara. Pero hay algo que para mí pesa todavía más: la persona.
¿Y qué busca en ella?
Honestidad, generosidad, bondad. No soporto la arrogancia, el maltrato o a las personas que creen que el éxito les da derecho a tratar mal a los demás. Ya no tengo paciencia para eso. En cuanto detecto esa energía, siento que estoy en el lugar equivocado. Y me invento algo, hago una llamada y me voy (ríe).
¿Y qué sucede cuando encuentra a alguien auténtico?
Entonces quiero ayudarle. Da igual que sea un gran diseñador, un artesano de un pequeño pueblo o una persona que empieza. Me interesa la gente que genera valor, que tiene algo bueno que aportar. Que hace crecer a quienes tiene alrededor. Me da igual que sea el rey de España o el presidente de México.
“La ropa es una herramienta, pero la delicia es saber que con una camiseta y unos jeans eres plena y no le debes nada a nadie”- Sara Galindo
¿Valora ahora más los momentos de petit comité o ama las grandes fiestas?
También las grandes fiestas traen grandes cosas. Pero, ¿a quién le voy a dedicar mi tiempo en una conversación y qué quiero recibir a cambio? Yo quiero estar con gente de la que aprender, rodearme de personas más brillantes que yo. Cuando alguien me está contando algo interesante deseo que no acabe ese momento. E insisto: puede ser un artesano o el rey Felipe. El lujo es saber tu lugar y con quién quieres estar. Ser dueña de tu tiempo y tus decisiones. No hay peor prisión que tener que permanecer en un sitio por compromiso, por imagen o por miedo a no pertenecer.
Hablando de talento español, ¿qué diseñadores la inspiran?
Marlota o Carlota Barrera me parece unas diseñadoras extraordinarias. También Juan Vidal. Me fascina su sensibilidad y la manera en que construye sus prendas. Me gusta muchísimo Moisés Nieto por la sencillez y la elegancia de su trabajo. Y hay pequeñas marcas españolas con un potencial enorme que todavía son poco conocidas fuera del país. Cuando las descubro pienso: esto podría triunfar en cualquier parte del mundo.
En su libro Tú, You, Toi: Tú Eres Tu Estilo habla de moda, pero en realidad acaba hablando de autoestima. ¿Vestirse bien es una forma de quererse?
Una persona con una camiseta gris y unos vaqueros, si tiene el estilo para hacerlo, se ama demasiado. El estilo no es ponerse más. La sencillez es mejor. Pero el amor propio y el estilo sí está íntimamente relacionado: cómo cultivan su persona, de lo que hablan, cómo se expresan de los demás… Todo es estilo. La ropa es una herramienta, pero la verdadera delicia es saber que con una camiseta y unos jeans eres plena y no le debes nada a nadie.
Trench de organza beige de Karl LagerfeldSara, usted ha trabajado con mujeres muy poderosas y ha construido su propia carrera en un sector muy competitivo. ¿Siguen las mujeres pidiendo permiso para ocupar espacio de liderazgo?
En España no. Y en México, con una presidenta mujer, pareciera que no. Sí considero que, al menos allí, aunque hay mujeres brillantes y espectacularmente preparadas, el porcentaje más alto de espacios de liderazgo lo ocupan los hombres. La personalidad de la mujer mexicana es mucho más sutil. Esas personas no suelen ser muy bienvenidas en las altas esferas.
¿No se les da acceso?
No, tienes que ser una mujer que vayas on todo y sin miedo a pisar. Y ese no es el perfil de la mujer mexicana en general. En España hay mucha actividad y mucho respeto hacia la mujer empresaria y corporativa. Que en México haya una presidenta mujer es un precioso mensaje para las niñas del mundo. Me encanta que nuestra presidenta sea una mujer.
Agradecimientos especialesHotel Emperador
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