Sábado, 12 de septiembre de 2026 Sáb 12/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Óscar Marcenaro: «Repetir curso no mejora el nivel del alumno y sí lo estigmatiza»

Óscar Marcenaro: «Repetir curso no mejora el nivel del alumno y sí lo estigmatiza»
Artículo Completo 1,466 palabras
Catedrático de la Universidad de Málaga y especialista en Economía de la Educación, analiza los resultados de PISA y los factores clave del rendimiento escolar
Óscar Marcenaro: «Repetir curso no mejora el nivel del alumno y sí lo estigmatiza»

Catedrático de la Universidad de Málaga y especialista en Economía de la Educación, analiza los resultados de PISA y los factores clave del rendimiento escolar

Regala esta noticia Añádenos en Google Óscar Marcenaro, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UMA. (Migue Fernández)

Susana Zamora

11/09/2026 a las 23:38h.

España vuelve a darse un batacazo en el Informe PISA, una evaluación internacional que mide las competencias de los alumnos de 15 y 16 años ... de 90 países. En el último de 2025 participaron 760.000 estudiantes, 30.000 de ellos españoles. Los resultados conocidos esta semana reflejan una caída respecto a 2022 en comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Óscar David Marcenaro (La Línea de la Concepción, 1973) conoce bien esta radiografía. Catedrático de Economía Aplicada (Estadística y Econometría) de la Universidad de Málaga (UMA) y especialista en Economía de la Educación, lleva años investigando con los datos de PISA el peso del origen socioeconómico, la familia o el esfuerzo en el rendimiento escolar.

-Es una mezcla de ambas cosas. El rendimiento académico está condicionado por muchos factores. Uno fundamental es el índice de estatus socioeconómico y cultural (ISEC), que refleja el ambiente en el que se desarrolla la vida del niño desde que nace. Ahí pesan especialmente el nivel formativo de los padres y el nivel económico, que además suelen ir de la mano. En determinados entornos se fomenta más la lectura y también existe una mayor atención y seguimiento de los estudios.

-¿Deberían las familias hacer más autocrítica sobre la educación que le dan a sus hijos en casa?

-Sí. Siempre digo que hay dos centros formativos: el colegio y el hogar. Y tienen que complementarse. Tenemos además un problema demográfico: una media de aproximadamente un hijo por pareja. Eso nos hace más sobreprotectores. Al haber un solo hijo para dos adultos, tendemos a protegerlo más y eso puede hacerlo menos resiliente y más frágil mentalmente.

También ha crecido la renta y, al haber menos hijos, aumentan los recursos disponibles para cada uno. Eso, unido al consumismo, nos lleva a creer que proporcionarles más cosas significa automáticamente ofrecerles mayores posibilidades académicas. Y no es así.

Hay otro factor crucial: el uso del tiempo. El que hacen los niños de su tiempo libre y el que hacemos los padres compartiéndolo con ellos. Sentarse a comer o a cenar juntos y hablar de lo que preocupa a unos y a otros es un refuerzo educativo esencial. Eso se está perdiendo porque dedicamos mucho tiempo al trabajo. Padre y madre tenemos más posibilidades laborales, afortunadamente, pero también dobles responsabilidades. Y cuando disponemos de poco tiempo tendemos todavía más a la sobreprotección, como si cantidad y calidad fueran intercambiables. No lo son.

-¿Hasta qué punto un modelo inclusivo como el español, que rebaja el nivel medio y sobreprotege a los alumnos para evitar que queden descolgados del sistema, es un buen plan de futuro frente a otros acostumbrados a trabajar y competir para ser los mejores?

-Ahí hay mucho que analizar. En España, una cuestión clave ha sido reducir la repetición y yo considero que eso es adecuado porque hemos tenido tasas altísimas. ¿Repetir hace a alguien más competente? No. Tiene un efecto estigmatizador: el alumno pasa a estar con compañeros más jóvenes y siente que no progresa. Puede reforzar algunos conocimientos, pero no está demostrado que aumente su nivel competencial.

Ahora bien, rebajar la exigencia para reducir la repetición tiene un efecto asociado: lo que los británicos llaman 'grade inflation' (inflación de las notas). Tanto en la pública como en la concertada existe presión para que los niños obtengan buenas calificaciones. Y hemos cometido un error importante: mezclar demasiado el hogar con el colegio. La presión de los padres sobre los centros ha crecido enormemente. Parece que si el hijo no saca buenas notas eso representa un fracaso de los padres. Es un complejo que tenemos los de determinadas generaciones.

Al mismo tiempo tenemos un currículo muy rígido cuando necesitamos justamente flexibilidad y atención a la diversidad. En Reino Unido las tasas de repetición rondan el 1% o el 2%. No es porque sus niños sean más inteligentes, sino porque se adaptan mucho más los currículos y se potencian las competencias de cada alumno. Cada vez hay más alumnos que requieren atención específica.

Creo además que hemos hecho a los niños más débiles por la sobreprotección. Esto enlaza también con los dispositivos digitales. Cuando se utilizan con fines educativos no hay datos que demuestren que reduzcan el rendimiento. Cuando se usan para TikTok, WhatsApp o contenidos de entretenimiento sí pueden hacerlo porque distraen y dificultan la concentración. El dispositivo no es bueno ni malo por sí mismo, igual que la inteligencia artificial, la televisión o la radio. Depende del uso.

«Necesitamos un currículo flexible que permita trabajar las fortalezas y debilidades de cada alumno»

-Por tanto, el factor cultural pesa…

-Claro. Ese es precisamente el componente cultural del índice socioeconómico. También influye la formación de profesores y padres sobre cómo deben utilizarse estos dispositivos. Prohibirlos en los colegios, como se ha hecho en algunos países, puede ser una medida cortoplacista porque después el niño los usa en casa.

Y los padres nos hemos relajado mucho. El dispositivo sustituye parte del tiempo que pasamos con ellos. Es cómodo darles una tableta o un móvil para que estén entretenidos.

-¿La pérdida de la cultura del esfuerzo puede pasar factura cuando estos jóvenes lleguen al mercado laboral? Antes inculcaban que sin ese esfuerzo no se conseguía nada en la vida. ¿Qué ha cambiado?

-Han cambiado muchas cosas. Antes era habitual tener varios hermanos y eso significaba compartir recursos y competir en cierto modo dentro del hogar. Hoy muchos niños no tienen ese referente. En el centro educativo, además, tus compañeros son tu referencia. Si suspender es cada vez más difícil porque existe inflación de notas, obviamente te relajas. Si puedo aprobar haciendo menos esfuerzo, haré menos esfuerzo. A eso se suma que los padres somos más laxos y protectores. Mezclas todos esos elementos y tienes un efecto importante.

También guarda relación con el abandono escolar. Existe una correlación muy alta entre el nivel educativo de los padres y la probabilidad de que un hijo continúe estudiando. Entre familias con alta formación es mucho menos frecuente abandonar. Volvemos siempre al índice de estatus socioeconómico y cultural. PISA lo construye a partir de variables como la ocupación de los padres, su nivel de estudios, los recursos del hogar y el número de libros.

Eso enlaza también con la brecha de género. La competencia lectora de las niñas es superior a la de los niños y creo que seguirá creciendo. No es porque nazcamos diferentes; nos hacemos diferentes por el camino. ¿Por qué las mujeres tienen una comprensión lectora superior a la de los hombres en el informe PISA? Porque se las educa de forma diferente y con la idea de que el mercado laboral les va a exigir más que a ellos. Eso las hace más resilientes.

«No se puede desacreditar al profesor automáticamente cuando llama la atención a un alumno»

-PISA muestra que Andalucía pasa de 462 a 473 puntos en ciencias cuando se descuenta estadísticamente el nivel socioeconómico. ¿Qué revelan esos once puntos?

-Que el origen social condiciona claramente. La brecha entre los niveles socioeconómicos altos y bajos se ha reducido, entre otras razones porque a mayores recursos puede corresponder un menor nivel de esfuerzo.

Además, entre los niveles socioeconómicos más bajos hay una importante presencia de población migrante. La inmigración ha crecido mucho en España y esa población se concentra especialmente en los estratos inferiores del índice socioeconómico. Quienes llegan y quieren progresar laboralmente pueden mostrar una resiliencia mayor que la población nacional. Creo que eso puede explicar parte del aumento en ciencias o matemáticas cuando se descuenta el efecto socioeconómico.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir