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Internacional

Señorías, no se metan en política: Sánchez, de fiesta en un Parlamento amordazado

Señorías, no se metan en política: Sánchez, de fiesta en un Parlamento amordazado
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Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles. Efe

Política SESIÓN DE (DES)CONTROL Señorías, no se metan en política: Sánchez, de fiesta en un Parlamento amordazado Publicada 17 junio 2026 11:34h Las claves

Las claves Generado con IA

Francina Armengol le ha puesto una soga al Congreso de los Diputados y Sánchez ha comparecido sin corbata. El gremio de fabricantes de cuerdas agradecerá en unos minutos, espero, la magnanimidad del presidente, después de que Leire haya agotado las cuerdas en las ferreterías de toda España.

Con todas las cosas que ha hecho Sánchez y nos sigue regalando la emoción de las primeras veces. Esta mañana acudíamos al Parlamento otra vez desvirgados: el poder ejecutivo acababa de amordazar al poder legislativo para que el poder legislativo no pueda reflejar que el presidente no tiene la confianza de la Cámara.

En días como hoy, nos damos cuenta del simbolismo del Parlamento. Recuerdo cuando llegué a San Jerónimo por primera vez. Nos íbamos a la cafetería cada vez que se debatía algo “sin efecto vinculante”.

–¿Tiene efecto vinculante?

–No.

–¡Una de rabas!

Hasta esta mañana.

PP, Vox, Junts, el PNV y no sé cuántos más querían votar una enmienda para instar al presidente del Gobierno a que convocara elecciones. No era la primera vez. Ya registró una moción así Puigdemont, aunque al final Sánchez se dejó comprar y Puigdemont la retiró.

La diferencia es que esta vez la votación iba a prosperar. Se le iba a poner números a la inexistencia de la “mayoría parlamentaria” de Sánchez. Una llamada a Armengol y sancheacabó. No hay votación.

Ha hecho bien el padre Feijóo en centrar ahí su debate con Sánchez. Si el Congreso no puede votar lo que el Congreso quiere votar, alcanzamos una fase inédita del tardosanchismo que debería ser penalizada con la Ley de Memoria Democrática.

“¡Cobarde! No nos deja votar ni en la urna ni en el Congreso. Usted no es un demócrata. Tenemos derecho a votar aquí sobre la continuidad de la legislatura”, le ha dicho Feijóo.

El argumento que se trasladó anoche a los periodistas que preguntaron fue: “Esa votación no tiene sentido porque el único que tiene la potestad para convocar elecciones es Sánchez”.

Con esa premisa, deberían abolirse todas las votaciones sin efecto vinculante. Con Sánchez, ahí fallamos, había que estar atentos hasta a lo no vinculante. Porque dejas de mirar lo que no vincula… y te enculan.

Lo sorprendente es que, igual que hizo el otro día con las acusaciones de corrupción, Sánchez ni siquiera ha tratado de explicar ese argumento, por malo que fuera.

Ha pasado por encima de la pregunta de Feijóo, lo ha llamado “Torquemada”, lo ha definido como un candidato puesto por poderes ocultos para “tapar la corrupción de Ayuso” y ha dado una exclusiva.

“¡Las elecciones se van a celebrar en 2027!”. Pues menos mal. “Ahí veremos qué país se va a presentar. Si es un país mejor o peor [que el de antes de gobernarlo él]”, ha rematado.

En la ovación cerrada que le ha seguido, se ha visto quienes se han atado la corrupción del PSOE a los tobillos: Yolanda Díaz y los ministros de Sumar. Todavía impresiona ver aplaudir a Sánchez, en distintos sitios, a gente como Carlos Cuerpo o Margarita Robles. ¿Cómo se lo explicarán dentro de veinte años a sus familias?

Bolaños ha dado un triple salto mortal diciendo que la cloaca no ha funcionado gracias al Gobierno. Si es que al final Leire era del PP y la ha frenado Sánchez. P.S, nuestro Pete Sampras. Lo raro es que, siendo así, el PSOE no se haya querellado todavía contra ninguno de los villanos.

Hasta hace sólo unos meses, una alocución como la del padre Feijóo esta mañana era cosa de fascistas, pero algo se ha movido. Algo se ha roto. Alguna joya se ha rayado.

Maribel Vaquero, la portavoz del PNV, le ha dicho a Sánchez: “Usted ha perdido la mayoría de la investidura”. Le ha añadido al eslogan un tanto de beatería, para que quede claro que siguen siendo el PNV: “Santo Tomás, ver para creer. Ha acabado con la fe de este grupo”.

Desde luego, hay que reconocer a los de Sabino Arana como el partido más religioso de la Cámara. Lo que han tardado. Hasta le han dicho a Sánchez hoy que, con las prórrogas presupuestarias, lo que ha hecho ha sido “construir un presupuesto paralelo”.

Ione Belarra, que formó parte de este Gobierno, ha pisado el acelerador. Han olido la sangre. Saben que no pueden concurrir a las elecciones como cómplices de los corruptos.

Fíjense la frase: “Zapatero, Leire, Ábalos… Les abrían la puerta porque tenían acceso a usted. Le están dando gasolina a la derecha (…) Estas son las movilizaciones de la primavera más caliente”.

Este es el Congreso que nos queda de aquí al final de la legislatura: un Parlamento donde Sánchez no puede aprobar nada, un Parlamento donde no se podrán votar mociones que le insten a convocar elecciones a Sánchez.

Votaciones deseadas por Sánchez va a haber muchas y nos las ha anunciado: las pensiones, el salario mínimo, reales decretos, la “protección del tejido productivo”.

Con la escenografía propia del muro, el presidente ha concluido señalando con las manos: “Los que defendemos los derechos de la gente, aquí”. El resto, allí. Barrio Sésamo. Aquí, demócratas. Allí, fascistas.

En la oposición son muy duros de sesera. Señorías, hagan el favor: no se metan en política.

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