Anna Castillo y Sofia Otero en 'Se tiene que morir mucha gente'.
En plan serie En Plan Serie 'Se tiene que morir mucha gente': retrato de una generación (de mierda) en llamasUna comedia deslenguada y mordaz sobre el naufragio emocional de tres treintañeras, sostenida por sus actrices y, en especial, por la química entre Anna Castillo y Sofía Otero.
Más información: Victoria Martín, cómica: "Puedes tener ansiedad y seguir siendo una persona horrible"
Enric Albero Publicada 23 mayo 2026 03:08hLa imagen más potente de Se tiene que morir mucha gente (2026), la breve comedia de seis episodios que firma Victoria Martín, la encontramos en el cuarto capítulo.
En ella, Bárbara (Anna Castillo), guionista de un late night en horas bajas, devorada por los fantasmas de la ansiedad y la autoindulgencia, se solaza bajo una lluvia de ansiolíticos al son del Friday I’m In Love de The Cure, como si la famosa secuencia de American Beauty (Sam Mendes, 1999) la hubiese imaginado Hunter S. Thompson.
Pero Bárbara no está sola. A su lado está la versión infantil de sí misma que encarna con mala hostia de anciana reumática Sofía Otero, materialización espectral de la conciencia de Bárbara, cruel e implacable Pepito Grillo, qué digo Pepito Grillo, la Bette Davis de ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962) embutida en el cuerpo de una colegiala. Una cabrona, vamos.
En ese fragmento lo lúdico se presenta festoneado con ribetes de parodia, sin dejar de mezclar el humor con la gravedad, pues nos estamos riendo de una treintañera que devora lexatines como si fuesen pastillas Juanola.
Es, por resumir, la secuencia que mejor sintetiza el tono de una miniserie en la que la comedia deslenguada y mordaz abraza una muy peculiar reflexión de corte existencial. Hablamos de un nihilismo sostenido que no vaticina un final apocalíptico, sino una continuidad enfermiza y asfixiante.
La vida es una mierda pero sigamos adelante, de fracaso en fracaso hasta la derrota final. Y es que los dictámenes del buen marxismo rara vez se equivocan: partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de miseria. Miren, si no, a Bárbara.
Pero Bárbara es solo uno de los tres pilares que sostienen este ruinoso monumento que Martín levanta para conmemorar el derrumbe de la generación milenial. Los otros dos son Macarena (Laura Weissmahr), una aspirante actriz que sirve copas en un bar, y Elena (Macarena García), casada con un señor al que le sobran el dinero y los años y que, además, será el padre de la hija que espera.
Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta estrenan 'Ravalear': David contra Goliat en la Barcelona de los fondos buitreUn trío de tenues hilos narrativos amarra la continuidad: la crisis preparto de Elena y su huida del hogar para refugiarse en el diminuto piso de sus dos amigas (Bárbara y Macarena viven juntas); el romance entre Macarena y Fabiola (Alba Galocha), una influencer a la que conoce en el bar en el que trabaja y que le echa un cable en su carrera artística, y las cuitas de Bárbara por mejorar su posición dentro de la mesa de guionistas de un programa de televisión.
No es tan importante aquí la robustez del armazón dramático como observar las derivas de tres mujeres desnortadas, afectadas de un narcisismo atroz, apenadas porque el egoísmo no cotiza en bolsa (“podéis dejar de ser unas narcisistas de mierda y daros cuenta de que hoy la protagonista aquí soy yo” le oímos decir a Elena). Bárbara es manipuladora, mentirosa e inteligente, sólo hace falta ver cómo retuerce determinadas proclamas (y a determinados iconos) feministas.
El gran acierto de Victoria Martín radica en la exteriorización de su conciencia, lo que nos permite ver que trata a los demás como se trata a sí misma. De otro modo, nos parecería una estúpida redomada; así, se abre un pequeño resquicio para que se filtre la luz de la empatía.
Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr en 'Se tiene que morir mucha gente'.
Su Bárbara, que contiene trazas de la trayectoria de la propia creadora – basta ver sus intervenciones en los podcasts ‘Estirando el chicle’ o ‘Malas personas’ -, se empareja con la Martha Scott (Jessica Gunning) de Mi reno de peluche(Richard Gadd, 2024), pues su probada fragilidad no anula su perfidia. Son malas personas. Y eso las hace complejas e incómodas. También porque no buscan aleccionar a nadie.
La única lectura que uno puede extraer de Se tiene que morir mucha gente es que hacemos lo que podemos, casi siempre mal, y que, al final, habrá gente, muy poca, que aguantará nuestras miserias, lo que comprende a su vez, cierta desmitificación de la amistad. O al menos de la amistad sin fisuras.
En realidad es como si Mr. Wonderful hubiese contratado a Mourinho para escribir los mensajes motivadores en sus tazas. “No eres especial. La vida es así. Te jodes”. Una orgía de positivismo.
Sus dos compañeras de viaje no le van a la zaga. Elena sabe que parir a la hija de un señor que hizo la comunión en el jurásico es como aceptar que la paraplejia está bien si la silla de ruedas es de oro macizo. Es probable que termine comprando pañales de dos tamaños, pero goza de una comodidad con la que sus amigas no aciertan a soñar ni en sus mejores noches.
'The White Lotus' recreará el Festival de Cannes, con las estrellas Laura Dern, Ben Kingsley y Vincent CasselA Elena le quedan sus pequeñas huidas, solo que cuando llega a destino no tiene tarjetas de crédito sin límite, chacha y piscina climatizada. Elena puede escaparse, pero poquito. Y engañarse y maldecir durante un par de semanas con sus amigas, antes de concluir que “mi vida es una mierda, pero la vuestra es peor”.
Macarena es la más noble. Más insegura, retraída, la concejal de cultura que lleva el cirio en las procesiones que van por dentro, engulléndose respuestas subidas de tono para poder convivir con Bárbara. Su carrera interpretativa no despega, y su amorío con Fabiola despierta los celos de su compañera de piso. Hay un cisma, ella estalla. No es tan diferente de sus amigas. Son el trío de portavoces de una generación ensimismada.
La cuestión está, pues, en cómo aguantará el espectador a tres tipas (más la versión femenina de Damien) que son inaguantables. En primer lugar, porque Victoria Martín domina el arte del humor, asumiendo que la comicidad (y su recepción) es personal e intransferible y que es muy probable que haya un público que no conecte con bromas generacionales.
Anna Castillo y Macarena García en 'Se tiene que morir mucha gente'.
Dicho esto, los chistes, la mayoría verbales, funcionan; aunque también hay flirteos con el vodevil (todo el pasaje discotequero del segundo episodio) y algún que otro guiño al slapstick (la pelea entre Bárbara y su conciencia en el capítulo final, o el atropello inicial). “No mercy” parece ser el lema de este Mortal Kombat de la comedia.
Ejemplos: “Se piensa que soy Hitler o Ana Rosa”, “es como Jeffrey Dahmer vestido de Purificación García”, “he tenido que hacer cosas horribles, que he tenido que presentar los Goya, por el amor de Dios, que he hecho una puta portada de Men’s Health”.
Dejando a un lado las citas directas, ahí están las bromas con el tapón mucoso, el masturbador que acude al teatro, la (falsa y oportunista) deconstrucción de la masculinidad aplicada a los presentadores de programas televisivos...
Es probable que el retrato del tiránico presentador que encarna con su habitual solvencia Óscar de la Fuente esté extraído de la propia experiencia de Victoria Martín, pero eso no evita que lo percibamos como alguien estereotipado. En su conducta no existen los grises. Actúa por interés, es torpe y se le ve venir a la legua.
‘Leyendas’ o cómo luchar contra el imperio de la droga con pistolas de agua (y ganar)En Girls (2012-2017), Lena Dunham nos presentaba a un escritor con comportamientos mucho peores que los de este presentador y, sin embargo, era capaz de exponer razonamientos que nos hacían dudar. Era un cabrón inteligente. Acuérdense del Chuck Palmer (Matthew Rhys) que aparecía en aquella pequeña obra maestra que es American Bitch.
Y si citamos Girls es porque no es difícil rastrear similitudes con la serie que nos ocupa. Otro tanto sucede con la representación del ecosistema pijo en el que se desenvuelve Elena, carente de todo matiz, poblado por una fauna tan vistosa como exenta de capacidad de seducción, al contrario de lo que sucede, por ejemplo, enAltas capacidades (Víctor García León, 2026).
Si Se tiene que morir mucha gente funciona, además de por las risas, es por sus actrices (y ahí también tiene su parte de mérito la directora Sandra Romero, al frente de cuatro de los seis episodios).
Anna Castillo y Sofia Otero en 'Se tiene que morir mucha gente'.
Por la adecuación del físico al carácter, incluso cuando se trata de revertirlo (la belleza de Macarena García alterada por el embarazo y el juego cómico que eso ofrece). Por las dinámicas que se establecen entre las tres, que exigen un alto nivel de compenetración para que el velocísimo intercambio de pullas surta efecto y no parezca impostado.
Los insultos cruzados recuerdan aquellas andanadas de improperios que C.W. Briggs (Woody Allen) y Betty Ann (Helen Hunt) se lanzaban en La maldición del escorpión de jade (Woody Allen, 2001). Y es que si hablamos de tradiciones, la nueva producción de Movistar Plus+ está más cerca de la screwball comedy de los años 40 que de los modelos nacionales.
Las series que vienen en mayo: Filmin recupera 'Hannibal', una de las obras cumbre del siglo XXITambién es fácil encontrar paralelismos con la comedia enfadada que practica Larry David, si bien no se alcanza la perspicacia sociológica del cocreador de Seinfeld (Jerry Seinfeld & Larry David, 1989-1998).
Dejemos para el final la química entre Anna Castillo y Sofía Otero, algo así como poner a Phoebe Waller-Bridge a traducir a Freud. El Yo contra el Superyó -en este caso Miniyó- enfrentados en una lucha sin cuartel. Ese es, para quien esto firma, el signo distintivo de la serie.
Primero porque las dos actrices lo bordan, pero después, y sobre todo, porque dejar que una niña abrace la monstruosidad sin complejos es una pirueta que conviene aplaudir. Habrá que ver qué les parece a los de Hazte Oír.
Leyendas
Creadora: Victoria Martín
Directores: Sandra Romero, Victoria Martín, Nacho Pardo
Guionista: Victoria Martín
Intérpretes: Anna Castillo, Macarena García, Laura Weissmahr, Sofía Otero, Alba Galocha, Óscar de la Fuente, Ramón Rados, Arantxa Aranguren
Productora:Corte y Confección de Películas, Movistar Plus+
País:España
Año: 2026
Plataforma:Movistar Plus+
Fecha de estreno: 21 de mayo