- SERGIO SAIZ Nueva York
En plena fiebre por ser miembro de un club privado en Nueva York, ahora es posible convertirse en dueño de uno de los nombres más codiciados de la Gran Manzana: Grupo San Vicente, que gestiona algunos de los locales privados más exclusivos no solo de Manhattan, sino también de Los Ángeles (California). Ejecutivos de Wall Street y celebridades de Hollywood figuran entre sus clientes habituales en ambas costas de EEUU.
Ahora, el objetivo es dar el salto internacional y seguir expandiendo su exclusivo modelo de clubes privados de ultralujo en Europa y Asia.
La operación, asesorada por Goldman Sachs y la inmobiliaria JLL, es una prueba de fuego para medir el apetito de los fondos por un modelo de negocio que vende exclusividad, un activo intangible cotiza al alza en Wall Street. Fundado por el magnate hotelero Jeff Klein, la marca San Vicente busca nuevos socios, pero no para sus salones, sino para dar nueva forma a su accionariado. Aunque no hay cifras oficiales, las participaciones a la venta rondarían los 15 millones de euros por hasta el 20% del capital, pero su fundador podría estar incluso dispuesto a ceder el control de la compañía a cambio de un cheque de alrededor de 70 millones.
El grupo tiene tres locales. Dos en California (Hollywood y Santa Mónica) y otro en Nueva York, en una de las zonas más exclusivas de Manhattan, cerca de Wall Street. Hospitalidad de lujo, networking de alto nivel y una estricta cultura de privacidad. Esos son los ingredientes de su éxito para colocarse en la cima del sector en poco más de un lustro de vida. Para acceder no basta con pagar: hace falta una invitación personal, superar varios filtros y, en muchos casos, esperar durante varios meses en lista de espera. Una vez dentro, el premio no solo es el acceso a bares privados, restaurantes de alta cocina, conciertos o eventos exclusivos, sino la posibilidad de codearse con personalidades como Jay-Z, Taylor Swift, Jennifer Aniston o el Príncipe Harry.
La privacidad es tan estricta que, al entrar, los empleados colocan pegatinas sobre las cámaras de los móviles para evitar filtraciones. Curiosamente, sus cuotas para ser miembro no figuran entre las más caras del sector. Incluso se podría decir que son low cost para el estándar neoyorquino. La cuota inicial estaría por debajo de los 15.000 euros y el pago anual no superaría los 4.000 euros, muy por debajo de los 200.000 euros que puede llegar a costar inscribirse, por ejemplo, en Aman, el club más caro y exclusivo de Nueva York. Sin embargo, los locales de San Vicente no buscan tanto como clientela a las personas más ricas del mundo como a las más influyentes. Su negocio se enfoca más en garantizar la privacidad de los rostros más conocidos del planeta y en organizar eventos exclusivos para sus socios, que pueden llegar a pagar un extra de hasta un millón de euros por reservar alguno de sus lujosos espacios para recibir a sus invitados, por ejemplo, en una fiesta de cumpleaños fuera de los focos habituales.
Y aunque muchos viven de dejarse ver, la necesidad de anonimato en un entorno de sobreexposición pública ha provocado un auténtico boom de los servicios de ocio prémium sin renunciar al networking presencial. Frente al coworking tradicional o los restaurantes públicos con espacios reservados, estos clubes privados ofrecen mucho más que un carné de miembro a una élite social: son entornos controlados donde lo mismo se puede cerrar un acuerdo multimillonario que organizar una velada de excesos sin dejar rastro en redes sociales. Desde la pandemia, su auge es imparable.
En Manhattan ya operan más de una docena de clubes privados de élite, incluyendo nombres como Casa Cipriani, Zero Bond o ZZ's Club, muchos de ellos con presencia en otras ciudades y locales hermanos no solo en EEUU, sino también a ambos lados del Atlántico y del Pacífico. A nivel internacional, el referente sigue siendo Soho House, con más de 200.000 miembros y 48 ubicaciones. La compañía, valorada en cerca de 2.500 millones de euros, es el mejor ejemplo de las dudas que este negocio genera entre los inversores. Tras debutar en Bolsa en 2021, volvió a manos privadas hace unos meses.
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