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Una de las grandes tragedias del sanchismo radica en haber sustituido el debate por la descalificación

LA TRIBUNA

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Una de las grandes tragedias del sanchismo radica en haber sustituido el debate por la descalificación

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JOSÉ LUIS RAYA

PROFESOR JUBILADO Y ESCRITOR

25/08/2026 a las 02:00h.

Durante muchos años voté al PSOE con la tranquilidad de quien cree estar apoyando un proyecto de justicia social, igualdad de oportunidades y respeto a ... las instituciones. Nunca me he considerado una persona de derechas y mucho menos de extrema derecha. Precisamente por eso escribo estas líneas. No desde el resentimiento, sino desde la decepción. Me niego a aceptar que toda crítica al Gobierno de Pedro Sánchez deba ser etiquetada automáticamente como reaccionaria. Esa es, quizá, una de las grandes tragedias del sanchismo: haber sustituido el debate por la descalificación. Desde que el presidente habló de levantar un «muro», tengo la sensación de que ese muro no separa a la derecha de la izquierda, sino a los españoles entre buenos y malos, entre fieles y sospechosos. Yo, que sigo sintiéndome socialdemócrata, he acabado siendo considerado un «facha» por el simple hecho de discrepar. No he cambiado de principios; han cambiado las reglas del juego. Un gobierno democrático no debería pedir adhesión incondicional, sino aceptar el escrutinio permanente de los ciudadanos. Y cuando ese escrutinio se responde con propaganda, victimismo o polarización, algo empieza a romperse.

No escribo estas líneas para convencer a nadie de que vote al Partido Popular, a Vox o a cualquier otra formación política. Cada ciudadano debe decidir libremente. Mi preocupación es otra. Creo que el sanchismo ha terminado haciendo un enorme daño al propio socialismo español porque ha confundido la lealtad con el silencio y la crítica con la traición. No sostengo que el crecimiento de la derecha o de la extrema derecha tenga una única explicación; la realidad nunca es tan simple. Pero sí creo que una parte importante del descontento nace de la acumulación de errores, de la ausencia de responsabilidades políticas y de una forma de gobernar que parece más orientada a resistir que a rectificar. Cuando nadie dimite, cuando casi nunca se reconoce un error y cuando quien discrepa pasa a ser tratado como un enemigo, la democracia pierde calidad. Yo sigo creyendo en los valores del socialismo democrático que conocí. Precisamente por eso no puedo mirar hacia otro lado. No me ha llevado la derecha. No me ha seducido la extrema derecha. Me ha expulsado una manera de entender el poder que ya no reconozco como propia. Y sospecho que, en silencio, somos muchos más de los que algunos imaginan.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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