"¿Cuánto tiempo más piensan callar la verdad?". El clamor de Homero Gómez Junior, el pasado martes, trae al presente a su padre, justo seis años después de su muerte, y es la exigencia de justicia para un hombre que, tras 16 días desaparecido, fue localizado en un pozo que había sido revisado. Uno de los asombros y vergüenzas de la investigación de un caso que la fiscalía del Estado mexicano de Michoacán cerró como una muerte accidental pero que las incongruencias, las conexiones probadas, incluso un documental de Netflix, han certificado extraoficialmente como un crimen.
"Homero fue asesinado", no se cansa de repetir su hijo sobre el líder de toda una comunidad, como protector de la mariposa monarca, esa que cada año hace un viaje de 4.500 kilómetros de Canadá a los terrenos de la reserva mundial de la biosfera en México. En 2022, la monarca fue declarada en riesgo de extinción. Habían pasado sólo dos años desde la muerte de Homero, un ingeniero que había levantado una trinchera contra la tala ilegal que, seguida de la quema del monte y el cambio de uso, deriva en plantaciones intensivas de aguacate. Los cárteles de la droga han devenido en exportadores de esa fruta, el oro verde, moda creciente en el paladar del mundo desarrollado.
"¿Sabremos la verdad? Pasó tanto tiempo que es difícil, aunque parece obvio que el crimen organizado estuvo involucrado", responde Szymon Opryszek, autor de Agua. Historia de un secuestro, libro recién publicado en España por Itineraria. El periodista polaco (Cracovia, 1987), partiendo de Homero, retrata nuestra civilización: "El agua que fluye en los epitafios".
Ha pateado durante años América Latina. En enero de 2020, estaba en Panamá documentándose sobre la tribu Naso, la última monarquía del continente, y su lucha contra las centrales hidroeléctricas. "Al salir de la selva, donde no tenía señal, descubrí que se había desatado una pandemia mundial. Antes del cierre de fronteras, logré viajar a México. Y me topé con la historia de Homero".
Ya desde Polonia, mantuvo la comunicación con la familia del ambientalista y, en septiembre de 2020, volvió a Ocampo para investigar. Visitaría una tercera vez Michoacán. En esos viajes se vio con Elizabeth Guzmán. "El último mensaje que me envió fue en 2022. Decía: Sin novedades sobre el caso". Efectivamente, el caso cumplió un lustro sin novedades, hasta el pasado abril, cuando fue detenida la propia Elizabeth. Oficialmente por su conexión con tres cárteles, aunque la detención se vinculó pronto al caso de Homero. Porque en su última imagen con vida, el líder comunitario posaba junto a ella. Y porque fue ella quien le insistió para que acudiese a una feria en El Soldado.
Allí Homero se fotografió con ella y con el diputado local Octavio Ocampo, que colgó en Facebook la imagen. En los 16 días de búsqueda, este cargo del PRD dejó 47 mensajes de Facebook. Sin mención a la desaparición, hasta que el 30 de enero lamentó: "Con profunda tristeza me uno a la pena que embarga a familiares y amigos del Defensor de los bosques de Michoacán". Esa desidia choca con la celeridad que se tomó para pedir amparo ante la fiscalía, un blindaje para cargos públicos ante intentos de interrogatorio. Ese mismo atajo tomó Erika Karina Alvarado, regidora local, también presente en la feria de carreras de caballos. Ambos, ante el estreno del documental de Netflix, denunciaron acoso. Pero mayor queja tiene la familia de Homero al recordar que el móvil del fallecido apareció en manos de un asistente de la propia Erika, Jorge Arroyo. "Se lo olvidó", justificó el hombre, asesinado poco después.
Repasemos la última foto: por la izquierda, Homero y Jorge, fallecidos; Octavio Ocampo, político en ascenso, y Elizabeth, encarcelada en abril. Por corrupta, para unos; para silenciarla, según otros. Ella, a diferencia de sus acompañantes aquel 13 de enero de 2020, siempre quiso investigar.
"Creí que la historia de las mariposas me ayudaría a dar voz al agua", cuenta Opryszek, que con Agua. Historia de un secuestro honra a Homero y a tantas víctimas de las guerras hídricas, que siguió cinco años sobre el terreno. En el libro que publica Itineraria se viaja del Día Cero en Ciudad del Cabo a las minas de carbón en Colombia; conocemos esos centros que agotan embalses -próxima estación, Groenlandia- y la privatización del agua en Chile, desde Pinochet. Allí, los derechos sobre el agua se subastan y Opryszek pujó. Sí, en este mundo, se puede comprar un río.
Y como en ese Babel del mexicano González Iñárritu, lo que empieza en el secuestro de Homero acaba, como prueba de "las interdependencias del mundo", en la frontera Este de Europa. Opryszek presenta a los migrantes sedientos del Tigris y el Éufrates, la tierra del principio de todo. "Turquía e Irán están cortando el agua con presas, provocando crisis en Irak y el Kurdistán iraquí". La población huye y "Putin-Lukashenko lo explotan, como armas de guerra híbrida contra Europa". La cadena sigue: "Esto lleva al aumento de actitudes antimigrantes, el auge de los populistas y del negacionismo climático, lo que beneficia enormemente a Rusia".
La geopolítica está a nuestra escala en la mesa, con el aguacate. Los propios productores celebran como un logro que para producir un kilo ya sólo se necesitan 700-800 litros de agua. "Detrás de los aguacates de México está la extracción masiva de agua, la deforestación y también el crimen organizado. El aguacate es un símbolo de las conexiones entre economía, agricultura, clima, moda y delincuencia", detalla Opryszek. "Cuando los lectores me preguntan, les digo que los como y los disfruto, pero este reportaje [341 páginas de libro] es una llamada a la moderación". En el nombre de Homero. Teclea su hijo: "Seis años de coraje, indignación y una deuda que el Estado no ha querido saldar. La memoria vive. La lucha sigue".