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Semana Santa en tres palabras: Amor, Cruz y VidaJOSÉ ANTONIO SATUÉ HUERTO. OBISPO DE MÁLAGA
Jueves, 2 de abril 2026, 02:00
... belleza, de la pasión y muerte de Cristo, un hombre singular que ha dividido la historia en un antes y después; y a entrar en nuestro interior en un ejercicio de reflexión sobre los valores que mueven mi vida. La Semana Santa atrae la mirada de muchos: creyentes y devotos, turistas y curiosos. Todos son bienvenidos. En este tiempo especial nuestras ciudades y pueblos ensanchan la hospitalidad.La Semana Santa llega a su cumbre en el Triduo Pascual. Los cristianos recibimos, y ofrecemos a todos, la densidad de un mensaje que se puede describir en tres palabras: 'amor', 'cruz' y 'vida'.
'Amor'. El Jueves Santo nos hace revivir el amor en su forma más pura y desbordante. Jesús, el Maestro y Señor, se ciñe una toalla y se arrodilla delante de cada discípulo para lavarle los pies. Con este gesto, nos da a entender que el amor no es un sentimiento pasajero, sino un estilo de vida que se concreta en hechos de humilde servicio. En la Última Cena se entregó a sus discípulos como alimento, y en cada Eucaristía sigue entregándonos su Cuerpo y su Sangre, como el alimento y la bebida que sostienen y fortalecen nuestro espíritu para ser capaces de amar como Él y con Él.
La Eucaristía que celebramos este día y el gesto del lavatorio de los pies, trasmiten un mensaje claro: el amor de Dios que se desborda en la Eucaristía se hace concreto en el servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados. Eucaristía y caridad son las dos caras de la moneda del amor.
'Cruz'. En el Viernes Santo contemplamos a Cristo abrazando el sufrimiento y la muerte por amor al Padre y a la humanidad. La Cruz no es el símbolo de una vida derrotada, sino de una fidelidad llevada hasta el extremo. En la Cruz, Jesús carga con el dolor de los seres humanos, nos abre un camino hacia la esperanza e instaura el reinado de Dios: el sueño del Padre de una fraternidad efectiva entre todos sus hijos e hijas. Abrazar la cruz como Jesús y con Jesús implica asumir nuestras heridas y limitaciones. Significa también aceptar el sufrimiento que comporta el compromiso de vivir con los que sufren, de defender la verdad y de construir un mundo más justo y en paz.
Si la cruz es la señal de los cristianos, necesitamos no solo mostrarla sobre nuestro pecho o pasearla en nuestras calles, sino convertirla en un estilo de vida que se convierta en testimonio para quienes buscan respuesta al gran interrogante sobre la muerte: la cruz no es un signo de muerte, es la antesala de vida plena y eterna.
'Vida'. La noche de Pascua, Vigilia de Resurrección, es un canto a la Vida. La Iglesia y el mundo entero recibe la mejor noticia: Jesús, el Señor, ¡ha resucitado! El 'amor' entregado hasta el extremo, y la 'cruz' que se abraza como él la abrazó no se encierran en la oscuridad de un sepulcro. La Resurrección de Jesús no es sólo un hecho que tuvo lugar en un momento preciso de la historia humana, sino que también es fuerza transformadora, luz que ilumina el presente. San Pablo gritará: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe». La noticia de la Resurrección invita a vivir como hombres y mujeres nuevos, testigos de 'la esperanza que no defrauda', portadores de la alegría que produce el encuentro con el Resucitado, constructores de fraternidad y paz en un mundo atemorizado por las guerras.
Amar y morir con Cristo para resucitar con Él es el dinamismo de la Semana Santa y de la vida cristiana. Dejemos que el ritmo de la liturgia, de las procesiones y de la oración personal, vivido con devoción, abrase nuestro corazón, sane nuestras heridas y renueve nuestra vida con el amor, la cruz y la vida que nos ofrece el Resucitado.
Santa Semana y Feliz Pascua a todos.
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